Es preocupante ver cómo una, otra y otra vez los temas sanitarios quedan relegados a un plano secundario en la política española. Es una tendencia a la que llevamos meses, quizá años, asistiendo a cómo se desarrolla. Pero el punto al que ha llegado actualmente empieza a ser irrespirable.
El sistema sanitario español tiene por delante un buen puñado de reformas que acometer para responder a los problemas que padece y, a la vez, prepararse para los retos que vendrán. Sin embargo, y pese al empeño de los principales actores implicados, ya sean las sociedades científicas, las compañías innovadoras, los consejos profesionales, las consejerías o el Ministerio, las cosas no se mueven. Y cuando se mueven, lo hacen a una velocidad muy lenta e insuficiente.
La falta de profesionales en la Sanidad, los problemas en la Atención Primaria, el largo camino que queda por recorrer en materia de prevención y Salud Pública, las reclamaciones del sector farmacéutico -desde las compañías hasta las oficinas de farmacia- o la financiación son solo algunos de los hitos que necesitan una respuesta y que reclaman una solución con premura.
Sin embargo, en los órdenes del día de los parlamentos, los temas sanitarios se van cayendo dejando su hueco a las polémicas políticas, a la corrupción y a las cuitas entre partidos, que se comen el grueso de la actividad legislativa. En este marco, los acuerdos son prácticamente inexistentes, situación que resiente los proyectos normativos que necesita el sector sanitario.
Lo pueden comprobar ustedes mismos. Acudan, por favor, a un orden del día cualquier del Pleno del Congreso de los Diputados y revisen a ver si encuentran algún tema sanitario. En el caso de que lo hallen, podrán ver que está enclavado en la última parte del listado en el que se recogen las preguntas, mociones y proposiciones parlamentarias. Esto no es casual y deja claras dos cosas.
«Esta situación debe cambiar. No pueden quedar por el camino proyectos fundamentales para el sector sanitario»
Por un lado, desde el mundo político no se le está entregando la consideración que tiene a la Sanidad. No está considerada como un tema tan importante como para ser debatido al principio de la sesión, cuando todos los ojos están puestos en el Parlamento. Y en segundo lugar, ocurre como en la clasificación de la Liga: los temas que aparecen al final del orden del día son los susceptibles de ser amortizados o afrontados en esos minutos de descuento en los que apenas quedan unos pocos diputados en sus escaños.
Esta situación debe cambiar. No pueden quedar por el camino proyectos fundamentales para el sector sanitario. Y, en el mejor de los casos, estos proyectos no deberían avanzar a velocidad de tortuga, porque la salud, señorías, es un tema con el que no hay que jugar y que, sobre todo, no espera.
Todos los problemas que hoy no se solucionen y no se afronten, pasarán a engordar una enorme bola de problemas que nos vendrá de vuelta en unos años. Ustedes deciden. No dejen que la Sanidad, un tema capital para todos, sufra los rigores de la crispación política.