El grave problema que esconden las palabras de la ex directora de Salud Pública de Castilla y León

Comentarios como el de la ex directora de Salud Pública de CyL, así como la falta de planes contra futuras emergencias sanitarias, dejan entrever que tan solo cinco años después del golpe de la Covid-19, estamos minimizando el peligro que suponen las pandemias

La ex directora de Salud Pública de CyL, Sonia Tamames
La ex directora de Salud Pública de CyL, Sonia Tamames.

«La pandemia por Covid-19 no fue una pandemia de gran gravedad«. Estas fueron, concretamente, las palabras que esta semana le han costado el puesto a la ex directora general de Salud Pública de Castilla y León, Sonia Tamames. Apenas unas horas después de que se desatara la polémica, Tamames dimitió.

Lo anunció el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, quien pidió disculpas en nombre de su ex alto cargo a todos los ciudadanos de su región, una de las más golpeadas por la pandemia y dejó una frase muy significativa: «Ante un error, se toman decisiones».

Y efectivamente. Las declaraciones de Tamames restando importancia a la pandemia fueron un error. Además, este caso tiene un trasfondo muy preocupante: apenas han pasado cinco años desde que la Covid-19 sembró España de muertes, pero comentarios así dejan entrever que tan solo cinco años después estamos minimizando la magnitud de aquella emergencia sanitaria que desembocó en una tragedia humanitaria.

«Este caso tiene un trasfondo preocupante: tan solo cinco años después de la pandemia estamos minimizando su magnitud»

En aquel 2020, cuando explotó la pandemia, los hospitales colapsaron, no había equipos de protección suficientes para los sanitarios y mucho menos vacunas. España no estaba preparada para una pandemia que, solo unos meses antes, no imaginaba casi nadie que pudiera ocurrir. Y todo estalló por los aires. No obstante, han pasado cinco años en los que hemos escuchado que se iban a poner en marcha medidas muy oportunas para protegernos si algo similar volvía a ocurrir y la realidad es que los pasos que había que dar no se han dado.

A día de hoy, la Agencia de Salud Pública que tanto consenso generó entre nuestros políticos, y que podría ser una herramienta clave para estar preparados, todavía queda lejos. Aunque es cierto que se intuye el avance de su tramitación en el Parlamento, queda mucho desarrollo para que sea operativa. Tampoco tenemos en vigor un plan para responder a emergencias sanitarias y las coberturas vacunales, fundamental para determinar desde quién debe tomar el mando en un caso similar hasta para definir qué es una emergencia. El Ministerio ultima un RD en esa línea, pero todavía está en el debe. Todo ello por no hablar de cómo, año tras año, las coberturas vacunales contra Covid-19 se están despeñando.

No podemos olvidar todo el daño que hizo la Covid-19 y tampoco los errores que cometimos entonces. Debemos ser conscientes de la verdadera magnitud de aquella emergencia sanitaria global y prepararnos ante futuras emergencias sanitarias. Tenemos que hacer todavía unos deberes que llevamos cinco años postergando, en gran parte, porque la lucha partidista y política impide avanzar en las cosas realmente importantes, como la salud.

Nadie unos meses antes de que estallara la pandemia de Covid-19 esperaba que el virus provocase los confinamientos o que llevara a las economías de medio mundo al abismo, mucho menos que provocara miles de muertes, especialmente entre nuestros ancianos. Sin embargo, a día de hoy, les desafiamos a buscar en los órdenes del día de los plenos del Congreso de los Diputados, Senado y parlamentos autonómicos dónde están y qué peso tienen los asuntos sanitarios. Les avanzamos la respuesta: se les reserva un espacio residual en el mejor de los casos.

Políticos de todo signo se han rasgado las vestiduras, y con razón, al escuchar las palabras de Tamames. No obstante, esa indignación no debería quedar para beneficio de inventario. Desde aquí, animamos a los decisores y a las autoridades de todo signo que no olviden la pandemia de hace cinco años. Debemos recordar todo lo que hicimos mal para aprender y ponerle solución. Ya vamos tarde.

Han pasado cinco años y quedan muchos deberes todavía. No hay tiempo que perder porque las amenazas, como ahora podría ser la gripe aviar, nunca sabemos cuándo pueden explotar. Lo que sí está en nuestra mano es estar preparados para cuando eso ocurra.


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