Esta semana se ha puesto el broche final al proceso de adjudicación de plazas MIR 2025, y no podía haberlo hecho de una manera más sorprendente: con las 11.943 plazas ofertadas cubiertas en su totalidad. Este dato, aunque no debería sorprender, es la primera convocatoria desde la pandemia de la Covid-19 en la que se consigue.
En una época donde la escasez de médicos es cada vez más agobiante y las jubilaciones acechan a la vuelta de la esquina, este resultado es un logro para celebrar. Sin embargo, hay que entrecerrar los ojos y analizarlo con cuidado, porque aunque este año supone una buena inyección de profesionales al Sistema Nacional de Salud (SNS), no va a suplir todas sus carencias, que continúan aumentando.
La especialidad que está en boca de todos es Medicina de Familia y Comunitaria, famosa porque, aunque es la que más plazas MIR oferta —2.508 en esta convocatoria—, ha sido la que más vacantes ha dejado sin cubrir en los últimos años. Según datos del Ministerio de Sanidad, en la convocatoria de 2023 quedaron sin cubrir 131 plazas, cifra que aumentó a 246 en el proceso de 2024.
Sanidad atribuye este resultado al impacto de las «mejoras implementadas» en la planificación formativa y las políticas de incentivo para atraer a nuevos profesionales a una especialidad clave en el sistema sanitario público, «consolidando así un avance significativo en la cobertura de la atención primaria en todo el territorio».
Aunque este año aumentaron las plazas, no se han solucionado los problemas que explican por qué los futuros residentes no quieren ir a Atención Primaria. La respuesta no tiene misterio: sus condiciones laborales no son famosas por ser las mejores. Por eso, la primera especialidad en agotarse es Dermatología, un servicio sin guardias.
Desde la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) consideran que ha influido «positivamente» el nuevo sistema de elección presencial, que aporta más transparencia y permite a los aspirantes tomar decisiones con más libertad y mejor información. Sin embargo, reconocen que su especialidad no está bien «vendida».
Señalan que, además de que la Administración debe mejorar las condiciones laborales de Atención Primaria, es importante que esta especialidad se lleve a las aulas: «Si los estudiantes no conocen en qué consiste realmente la Medicina Familiar, es difícil que la elijan«. Por eso, creen que una buena forma de atraer a los futuros aspirantes es que estudien Medicina de Familia en la universidad, que asomen un poco la cabeza a esta especialidad.
El pleno de plazas cubiertas en esta convocatoria es una buena noticia, pero no es suficiente, el reto continúa siendo mejorar las condiciones laborales de todo el sistema sanitario y garantizar que Atención Primaria sea elegida por los aspirantes, una especialidad clave para el SNS.