Ha pasado más de un mes desde aquel 24 de enero en el que miles de médicos se enfrentaron al examen más decisivo de sus carreras. Sin embargo, lo que debería ser un periodo de descanso y planificación se ha convertido en un laberinto de incertidumbre y desánimo debido a la incapacidad del Ministerio de Sanidad para cumplir con los plazos habituales en la publicación de las notas provisionales.
La situación actual es, cuanto menos, anómala si atendemos al histórico reciente, ya que en la convocatoria de 2025, los resultados se publicaron apenas 11 días después del examen; en 2024, el proceso tomó 18 días. Este año, el equipo de Mónica García ha agotado el plazo de un mes. Sanidad, en un ejercicio de equilibrismo administrativo, sostiene que el BOE le otorga hasta el último día de febrero para liberar las listas. Mientras desde el Ministerio se escudan en un aluvión de alegaciones y en problemas técnicos.
Las consecuencias de este retraso no son meramente burocráticas. Detrás de cada número de orden hay una persona que denuncian lo que consideran una falta de respeto hacia meses de estudio y sacrificio, generando una ansiedad innecesaria en un colectivo que ya llega exhausto a la prueba. No es de extrañar que la Asociación MIR España haya exigido ya una auditoría «independiente y pública» de todo el proceso de 2026.
El calendario sigue avanzando y la demora (actual) comprime los pasos restantes: la reclamación de cuatro días tras las notas provisionales, las jornadas de puertas abiertas en los hospitales, previstas para mediados de marzo, y la publicación de los resultados definitivos a finales del próximo mes. Si el Ministerio no agiliza la resolución de incidencias, el proceso de asignación de plazas en primavera y la incorporación en junio podrían verse también comprometidos.
La excelencia de nuestro sistema sanitario empieza por el trato que se da a sus futuros especialistas. No se puede pedir vocación y entrega a quienes, antes incluso de ponerse la bata de residente reciben esta bienvenida.