Son los mejores hospitales, servicios y unidades de España y así volvió a quedar patente en la ceremonia de entrega de los Premios Best in Class (BiC) 2025. Este año, el auditorio de la Mutua Madrileña se convirtió en el punto de encuentro de la élite sanitaria nacional para celebrar una edición muy especial: la vigésima. Veinte años en los que estos galardones, impulsados por Gaceta Médica y la Cátedra de Innovación y Gestión Sanitaria de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), se han consolidado como un referente indiscutible.
Los Premios BiC son una radiografía fiable de quién está haciendo las cosas bien en el Sistema Nacional de Salud y de cómo la innovación, la organización y el liderazgo profesional pueden traducirse en una mejor atención para los ciudadanos, que al fin y al cabo es lo más importante.
Uno a uno, los premiados subieron al escenario para recoger unos galardones que reconocen la excelencia, en una noche arropada por cuatro consejeros de Sanidad —Fátima Matute (Comunidad de Madrid), Antonio Gómez Caamaño (Galicia), César Pascual (Cantabria) y María Martín (La Rioja).
Pero quizá el mensaje más revelador volvió a llegar desde los propios protagonistas. La humildad con la que los primeras espadas del país en sus respectivas especialidades recogieron sus reconocimientos es, en sí misma, una lección. No buscan focos ni titulares; buscan resultados, mejoras, procesos más eficaces, equipos cohesionados. En una sociedad en la que el mérito, la profesionalidad y el esfuerzo no siempre reciben el espacio que merecen, este ejemplo debería invitarnos a una reflexión.
Los BiC nacieron para poner la excelencia asistencial en el centro. Veinte años después, ese propósito sigue vigente y es más necesario que nunca. Por eso, reconocer a los mejores no es solo una celebración: es una responsabilidad y, sobre todo, una obligación con los pacientes.