Pocas veces hay unanimidad en el hemiciclo y este jueves tuvimos un ejemplo con la aprobación de la Ley ELA. Pero a pesar del momento histórico, cabe recordar que esta iniciativa ha pasado por un lento proceso de tres años, dos legislaturas y muchos retrasos antes de convertirse en una realidad.
En este punto, y en unas fechas en las que la labor de los parlamentarios está bajo lupa, es pertinente abordar si es eficiente -y hasta coherente- que los políticos tarden años en elaborar, ponerse de acuerdo y dar luz verde a las normativas que atañen a un sector fundamental, como es de la salud, y que afecta directamente a la ciudadanía. Huelga subrayar la importancia y potencial que tiene esta industria y el peso de los agentes implicados en el sector.
De hecho, los legisladores y políticos tienen por delante varios retos en Salud Pública. Un buen diagnóstico lo realizó el CES, que se lo entregó a la propia ministra, Mónica García. Al poner negro sobre blanco algunos de estos desafíos, debemos empezar por un aspecto fundamental, como es la financiación del Sistema Nacional de Salud, pendiente de los Presupuestos Generales del Estado. O temas mucho más candentes y recurrentes, que venimos subrayando en Gaceta Médica desde hace meses, como pueden ser la falta de recursos humanos entre los médicos y las enfermeras. Las cifras son alarmantes. Según el Informe de Necesidad de médicos especialistas en España 2023-2035, se estima que faltan 5.874 médicos en 2023, un 76 por ciento de ellos en la Atención Primaria. Las cifras no son más halagüeñas para 2025, cuando se espera la jubilación de 12.316 médicos frente a la titulación de 9.940 facultativos nuevos.
El problema de la falta de personal es un asunto que atañe a las CCAA en particular, que se extiende a nivel nacional en general y que trasciende a lo internacional. Tal y como ha recalcado la OMS, en 2030 habrá un déficit de 10 millones de trabajadores de la salud en el mundo. Una solución, en parte, podría pasar por un consenso entre las fuerzas políticas que mejorara las condiciones de los profesionales. El tan traído y llevado lema de "cuidar a los que nos cuidan".
Otra de las cuestiones principales a enfrentar es el encaje de las innovaciones, como la Inteligencia Artificial (IA), en el ámbito sanitario, así como otras propuestas que ya han avanzado y se están implementando. Es el caso de la telemedicina o la interoperabilidad de lo datos sanitarios. En cuanto a la IA, los expertos aseguran que ya está transformando la medicina de familia, por ejemplo, automatizando procesos que facilitan el que los médicos de familia puedan dedicar más tiempo a los pacientes, mejorando su calidad de vida y por supuesto su salud.
Al margen de estos retos, somos conscientes de que el poder Ejecutivo y Legislativo ya tienen el foco puesto en algunos asuntos que ocupan portadas, que recuerdan mucho más cuando se celebra su día mundial, o internacional, pero sobre los que hay que seguir dando pasos certeros y con celeridad. Por ejemplo, el Plan Integral de Salud Mental y el Plan de Prevención del Suicidio, iniciativas ambas anunciadas desde el Ministerio, y cuya importancia recordaba esta misma semana la comisionada de Salud Mental, Belén González durante su participación en el evento “Mujeres en la Sanidad”. La comisionada anunciaba su puesta en marcha para el 2025, que está a la vuelta de la esquina.
Otro de los temas principales en la agenda política relacionado con la sanidad es el cáncer, patología cuyos diagnósticos ha aumentado este año cerca de un 3 por ciento. Este plan está en pleno proceso de desarrollo en implementación de las diferentes líneas estratégicas, entre las que se encuentra la detección precoz que aborda los cribados poblaciones en cáncer. La Estrategia del Ejecutivo en esta línea recoge entre sus acciones mantener una línea de evaluación periódica de la evidencia del cribado de diferentes tipos de cáncer para conocer si cuentan con eficacia y efectividad en términos de impacto de salud.
Los logros conseguidos hasta ahora en este ámbito pasan por la aprobación el pasado año del derecho al olvido oncológico y la aprobación por unanimidad en la Comisión Interministerial de Precios (CIPM) la financiación de dos medicamentos clave para luchar contra el cáncer de mama metastásico. Avances que aún no son suficientes en la lucha contra una enfermedad que este año ha enfermado a casi 290.000 personas en nuestro país.
Por otro lado, hay que recordar a nuestros políticos que hay que prestar especial atención, mediante la creación de un marco legislativo que nos proteja, a posibles pandemias nuevas. El coronavirus lo dejó muy claro y, cuando llega el invierno, las nuevas variantes, como ahora la XEC, nos ponen en alerta. ¿Pero estamos preparados para una nueva pandemia? Quizá necesitemos algo más por parte de nuestros políticos; un respaldo legislativo que nos ayude a respirar tranquilos cuando las noticias de nuevos virus y variantes llenan las noticias.
Una nueva sensibilidad hacia los problemas de salud es lo que necesitan los diputados y senadores cuando se sientan en la cámara a debatir estos asuntos. Poner en sus agendas y en sus cabezas la idea de que “solo estaremos a salvo si todos estamos a salvo”. Porque hay cosas que no pueden esperar. Y la salud es una de las más importantes.
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