Acabar con las vacunas obligatorias en niños, todo un retroceso para la salud pública

Florida está en camino de ser el primer estado de los EEUU en acabar por completo con los requisitos obligatorios de vacunación

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Tras conocerse que el estado de Florida (EEUU) está en proceso de ser el primero en acabar por completo con los requisitos obligatorios de vacunación, incluso para los niños en edad escolar, los expertos en salud pública no han tardado en llevarse las manos a la cabeza. La posibilidad de que se deje de exigir inmunizaciones históricas como la del sarampión, la rubéola, las paperas, la varicela o la hepatitis B preocupa, más aún en un momento en el que la salud pública parece estar alcanzando el posicionamiento prioritario que siempre debería haber tenido.

Este horizonte no vislumbra otra cosa que un retroceso para todos los avances que se han logrado en materia de salud pública en los últimos tiempos. Cabe mencionar, que actualmente, la vacunación infantil es una de las estrategias más eficaces y coste-eficientes de los sistemas sanitarios globales. No obstante, lamentablemente, aún hay graves desigualdades en coberturas y acceso a las mismas que se podrían incrementar fruto de este tipo de decisiones políticas.

La pandemia marcó un antes y un después en el campo de la inmunización global. Antes de producirse, existían brechas alarmantes en la población infantil. De hecho, según los datos que maneja Unicef, entre 2019 y 2021, 48 millones de niños en el mundo no recibieron ninguna vacuna. En este sentido, hay que poner sobre la mesa que, pese a que las tasas de vacunación en esta franja de población y a nivel global se incrementaron tímidamente en 2024, todavía no se han recuperado los niveles pre-pandemia. De este modo, poner fin al componente obligatorio también añade una capa de riesgo adicional a la situación presente, dado que, como bien se ha aprendido con la COVID-19: cuando las coberturas disminuyen, los brotes reaparecen y el riesgo de potenciales pandemias aumenta exponencialmente.

El objetivo de la comunidad internacional debe ser claro: recuperar la confianza en las vacunas y no minimizar la protección de la sociedad. La hoja de ruta debe ir orientada a avanzar en salud pública, no a retroceder, y para ello contar con una estrategia robusta en materia de inmunización se postula como todo un caballo de Troya. Sólo contando con las vacunas se podrán garantizar poblaciones sanas y si no se empieza desde los más pequeños todo apunta a que el futuro de la salud global no será fructífero. Invertir en vacunas es invertir en salud y qué hay más importante que la salud de los niños.


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