La reciente celebración del II Foro de Universidad, Administración y Salud Pública, bajo el título “Salud Pública: la información como herramienta clave para la prevención”, puso de relieve la relevancia estratégica de la salud pública en España, especialmente en un contexto marcado por el envejecimiento poblacional, la globalización y las crecientes amenazas epidemiológicas. Más allá de la atención sanitaria individual, la salud pública se revela como un elemento central para la sostenibilidad del sistema y la mejora de la calidad de vida de la población.
En los debates y ponencias, quedó claro que la salud pública no se limita a controlar enfermedades, sino que abarca prevención, promoción de la salud, educación sanitaria y coordinación intersectorial. Como destacó Concepción Saavedra Rielo, consejera de Sanidad del Principado de Asturias, «las herramientas son para utilizarlas, pero no podemos perder de vista que estamos tratando a personas». Esta visión, que combina tecnología con proximidad a la ciudadanía, refleja un principio esencial: la prevención efectiva depende tanto de sistemas avanzados como de la relación directa con la población, especialmente en zonas rurales y en personas mayores.
La información y los datos se consolidan como los cimientos de la salud pública moderna. Los directores generales de salud pública de diversas comunidades autónomas, como Elena Andradas (Comunidad de Madrid), Nuria Gayán (Aragón) y José Jesús Guillén (Región de Murcia), subrayaron que la recopilación, el análisis y la gobernanza de la información son indispensables para la toma de decisiones basadas en evidencia. La experiencia demuestra que inversiones estratégicas en sistemas de información, desde registros de mortalidad hasta aplicaciones de vacunación y seguimiento de brotes, permiten diseñar políticas efectivas y evaluar su impacto.
Sin embargo, el fortalecimiento de la salud pública no se limita a la tecnología. La crisis de la COVID-19 evidenció la necesidad de contar con profesionales altamente cualificados y especializados. La rotación, la escasez de especialistas y la falta de reconocimiento profesional constituyen desafíos que limitan la capacidad de respuesta ante emergencias. Como enfatizó Javier Castrodeza, ex secretario general del Ministerio de Sanidad y catedrático de Medicina Preventiva, «la salud pública es patrimonio de toda la sociedad. Cualquier intervención, desde una carretera hasta una fábrica, forma parte de la estrategia de salud pública».
Otro punto crucial es la integración intersectorial. María Neira, exdirectora de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la OMS, insistió en que la salud pública trasciende el ámbito sanitario: desde la energía hasta el urbanismo, todas las decisiones políticas y económicas impactan en la salud de la población. En la misma línea, los expertos resaltaron la importancia de vincular investigación universitaria con la gestión pública, promoviendo la estrategia One Health, que reconoce la interdependencia entre salud humana, animal y ambiental.
El retorno de la inversión en SP es tangible. Las décadas de vacunación han erradicado enfermedades graves y reducido drásticamente ingresos hospitalarios y demandas en atención primaria. En adultos, cada euro invertido en vacunas como la gripe o la COVID-19 genera un ahorro estimado de 19 euros en costes sanitarios, lo que evidencia que la prevención es una estrategia eficiente y sostenible. No obstante, los presupuestos siguen siendo insuficientes, y la digitalización, aunque avanzada en algunas comunidades, presenta aún desigualdades territoriales que requieren atención urgente.
Finalmente, se subrayó la necesidad de comunicar eficazmente los riesgos y beneficios a la ciudadanía. La información científica debe ser accesible, comprensible y veraz, y al mismo tiempo generar cambios de comportamiento que refuercen la prevención. La percepción social de los riesgos de salud, como ilustró Neira con el ejemplo de las vacunas y el autismo, requiere empatía y estrategias de comunicación adaptadas a distintos públicos.