Ante el nuevo Código Europeo Contra el Cáncer (ECAC5): la prevención como contrato social

Conviene decirlo con claridad: prevención no compite con investigación ni con tratamientos cada vez más precisos; los complementa posibilitando un todo coherente a favor de la salud

El cáncer no irrumpe como una catástrofe súbita: se instala. Avanza sin estruendo y, cuando queremos darnos cuenta, ocupa consultas, salas de espera y sobremesas familiares. Europa sigue pagando un peaje enorme: en 2022 se estimaron 4.471.422 nuevos casos en el continente. En la Unión Europea, las estimaciones más recientes sitúan la cifra en unos 2,7 millones de diagnósticos en 2024. Y en España, SEOM y REDECAN prevén 301.884 nuevos casos en 2026. No son solo estadísticas: son personas, familias y un sistema sanitario al que exigimos respuestas eficaces y humanas.

José Mª Martin-Moreno, Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, Director de la Cátedra de Gestión Innovadora para la Salud, FES & Coordinador de Políticas Sanitarias Europeas y Globales de la Fundación ECO

Por eso es oportuno celebrar y, sobre todo, usar la 5ª edición del Código Europeo Contra el Cáncer (ECAC5), cuya elaboración ha sido coordinada por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), y de cuyo comité científico tengo el honor de formar parte. El ECAC lleva décadas ofreciendo recomendaciones claras y basadas en evidencia para reducir el riesgo de cáncer. La novedad de esta edición es que convierte esas recomendaciones en algo más que un “consejo al individuo”: incorpora, de forma explícita, orientaciones para responsables políticos. Reconoce lo que en salud pública sabemos de sobra: las elecciones personales importan, pero el entorno las facilita o las sabotea.

No es una cuestión ideológica, sino práctica. Pedir “estilo de vida saludable” mientras normalizamos la publicidad de alcohol, toleramos la captación de menores por nuevos productos de nicotina o diseñamos ciudades hostiles para caminar es pedirle a la gente que nade contracorriente de todos los riesgos a los que se expone. El ECAC5 propone lo contrario: que las instituciones faciliten que la opción saludable sea la opción fácil. Ese es el corazón del “contrato social” que plantea el Código.

Prevención en el centro, sin competir con la innovación

Conviene decirlo con claridad: prevención no compite con investigación ni con tratamientos cada vez más precisos; los complementa, posibilitando un todo coherente a favor de la salud. La experiencia española lo demuestra: hoy se vive más y mejor tras un diagnóstico gracias a la innovación tecnológica y terapéutica, pero la prevención y el diagnóstico precoz siguen siendo las palancas más humanizadoras para reducir sufrimiento y mortalidad.

El ECAC5 resume 14 acciones para la ciudadanía y, en paralelo, medidas poblacionales. Su implementación efectiva podría evitar más del 40% de los nuevos cánceres en la Unión Europea. El mensaje es conocido, pero hoy adquiere urgencia por el envejecimiento y por los determinantes comerciales de la salud. Los grandes factores modificables siguen siendo el tabaco (y la nicotina en sus nuevas formas), el alcohol, la alimentación no saludable, el exceso de peso y el sedentarismo. A ellos se suman exposiciones a menudo invisibles: radiación ultravioleta, radón residencial, carcinógenos laborales, determinadas infecciones y la contaminación del aire.

Dos actualizaciones merecen particular atención. La primera es la incorporación más explícita de la contaminación del aire como riesgo prevenible que no depende solo del individuo y que, además, ofrece co-beneficios claros en salud cardiovascular y respiratoria. La segunda es el enfoque sobre cribado: junto a los programas organizados de mama, cérvix y colon, el ECAC5 impulsa avanzar en el screening de cáncer de pulmón con TAC de baja dosis en población de alto riesgo, con estándares de calidad, evaluación continua, equidad y siempre integrado con la cesación tabáquica.

La lección del cáncer de pulmón en mujeres

Hay ejemplos que deberían vacunarnos contra la complacencia. El incremento del cáncer de pulmón en mujeres no ha sido un rayo inesperado: es la consecuencia previsible de una incorporación más tardía al tabaquismo, con una latencia de décadas. Los datos epidemiológicos señalan que la incidencia femenina sigue aumentando y que el cáncer de pulmón ya ha superado al de mama como principal causa de muerte por cáncer en mujeres en España. Lo que toleramos hoy en captación de adolescentes y en normalización del consumo se traduce mañana en enfermedad.

Esta evolución nos recuerda tres cosas. Primera: la prevención funciona, pero exige continuidad; no da rédito en un telediario, sino en una generación. Segunda: lo que se decide en regulación, fiscalidad, publicidad o urbanismo condiciona más salud que muchas campañas puntuales. Y tercera: la desigualdad importa: cuando fallan la alfabetización en salud, la cobertura de programas organizados y el acceso oportuno, la mortalidad se dispara.

De la tribuna a los entregables

Si queremos que el ECAC5 no sea un documento excelente que se quede meramente en manos de especialistas, necesitamos compromisos verificables. No una lista interminable, sino pocos objetivos que cualquier gestor, clínico o ciudadano pueda reconocer y exigir.

El primero es blindar a los menores frente al tabaco y la nicotina: regulación eficaz del vapeo, control del marketing, espacios coherentes sin humo ni aerosoles, y acceso simple a ayuda para dejar de fumar desde atención primaria y servicios comunitarios.

El segundo es abordar el alcohol con el rigor que exige la evidencia en cáncer: se asocia a un riesgo carcinógeno. Esto requiere información clara, políticas que reduzcan su disponibilidad y su normalización, y una protección efectiva de la infancia y la adolescencia.

El tercero es hacer que moverse y comer mejor no sea un lujo. Aquí la prevención es urbanismo, fiscalidad, compra pública, escuela y trabajo: menos alimento ultraprocesado “por defecto”, más oportunidades para actividad física cotidiana y barrios que favorezcan salud y seguridad.

El cuarto es tomarnos en serio la prevención ambiental y laboral: aire más limpio, control de carcinógenos en el trabajo y un plan decidido frente al radón residencial, empezando por medición y mitigación en zonas de mayor riesgo.

Y el quinto es reforzar vacunación y cribados “sin brechas”: cobertura alta en VPH y hepatitis B, programas organizados con invitación activa y trazabilidad, garantías de calidad y tiempos de respuesta razonables; incorporando pilotos bien evaluados cuando el balance beneficio-riesgo lo aconseje, como el cribado de pulmón en alto riesgo.

El ECAC5 nos ofrece una brújula. La pregunta es si, como sistema, preferimos seguir reaccionando al cáncer cuando ya ha llegado, o empezar a evitarlo antes. La prevención es, en el fondo, la forma más humana de hacer medicina: la que evita el dolor que nunca debería haber ocurrido.

*José Mª Martin-Moreno es Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, Director de la Cátedra de Gestión Innovadora para la Salud, FES & Coordinador de Políticas Sanitarias Europeas y Globales de la Fundación ECO,


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