Vacunar al paciente con EPOC: una oportunidad aún desaprovechada

La evidencia sobre el beneficio de la inmunización es contundente. En pacientes con EPOC no vacunados, casi un 9% requiere hospitalización por exacerbación durante el invierno, frente a solo el 3% de los vacunados

El invierno representa una época de máxima vulnerabilidad para los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Con el descenso de las temperaturas y la mayor circulación de virus respiratorios, se produce un aumento significativo en la frecuencia y gravedad de las exacerbaciones. De hecho, más del 36% de estos episodios se concentran en la estación fría, en contraste con el 12,9% registrado en verano. La causa predominante de estas agudizaciones (50-70%) es la infección del árbol traqueobronquial, un evento que no solo desestabiliza al paciente crónico, sino que repercute en el pronóstico a largo plazo de la enfermedad.

Antonia Ocaña Padilla, miembro del Grupo de Vacunas de la SEMG

En este escenario, los virus son responsables del 45% de los casos, siendo el virus de la gripe el agente más frecuentemente implicado (presente en el 30% de los episodios). Por otro lado, las bacterias están detrás de la gran mayoría de las infecciones respiratorias globales (75%). El verdadero peligro clínico reside en la sinergia entre ambos: las coinfecciones vírico-bacterianas se asocian con exacerbaciones más graves, mayor consumo de recursos sanitarios y una elevada mortalidad. La infección viral altera los mecanismos de defensa pulmonar y facilita la sobreinfección bacteriana —con Streptococcus pneumoniae a la cabeza—, lo que puede incrementar el riesgo de desarrollar neumonía hasta en un 50%, con todas sus consecuencias como hospitalización, disminución de la calidad de vida y aumento del riesgo de mortalidad.

La evidencia sobre el beneficio de la inmunización es contundente. En pacientes con EPOC no vacunados, casi un 9% requiere hospitalización por exacerbación durante el invierno, frente a solo el 3% de los vacunados. La vacuna antigripal no solo reduce las exacerbaciones y muertes, sino que disminuye drásticamente el riesgo de ingreso hospitalario (hasta en un 90,8%). Además, aporta un beneficio mitigador clave: incluso si no evita la infección por completo, reduce su gravedad clínica (ingresos hospitalarios y complicaciones).

Pese a ello, nos enfrentamos a una paradoja preocupante. Aunque la vacuna está fuertemente recomendada, las coberturas son subóptimas y no alcanzan los objetivos de la OMS ni de las autoridades españolas. En nuestro país, menos del 60% de los mayores de 65 años con EPOC se vacunan. Resulta incomprensible esta baja adherencia ante un fármaco con un perfil de seguridad excelente, donde las complicaciones graves son anecdóticas (<1 caso por millón). No vacunarse desencadena una cadena de riesgos prevenibles que comienza con la gripe, avanza hacia la sobreinfección y puede culminar en eventos cardiovasculares, renales o neurológicos irreversibles.

*Antonia Ocaña Padilla es miembro del Grupo de Vacunas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG)


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