“Cada año mueren 60.000 personas en malas condiciones por falta de paliativos”

<p>Jacinto Bátiz, miembro del Grupo de Trabajo Atención Médica al Final de la Vida de la Organización Médica Colegial, explicó a GM que en España hay 284 recursos asistenciales específicos de cuidados paliativos, pero con una distribución desigual entre regiones.</p>

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Almudena Fernández Madrid | viernes, 11 de noviembre de 2016 h |

Jacinto Bátiz, miembro del Grupo de Trabajo Atención Médica al Final de la Vida de la Organización Médica Colegial, explicó a GM que en España hay 284 recursos asistenciales específicos de cuidados paliativos, pero con una distribución desigual entre regiones.

Pregunta. Los cuidados paliativos en España son claramente insuficientes, ¿podría cuantificar este déficit?

Respuesta. En nuestro país, cada año, mueren 380.000 personas, de las que 225.000 necesitan cuidados paliativos básicos y 125.000 precisan cuidados paliativos especializados. Más de 60.000 personas no pueden acceder a estos cuidados paliativos y mueren en malas condiciones. El sufrimiento al final de la vida de estas personas es evitable. Después de cuantificar el déficit de los cuidados paliativos en nuestros país podemos afirmar que más de 20.000 personas necesitan sedación paliativa.

P. ¿Cómo se solucionaría el problema?

R. Desde mi punto de vista, hay tres condiciones fundamentales para abordarlo con eficacia: la inversión en recursos, la formación de los profesionales y sobre todo, la voluntad política.

P. Precisamente, muchos de los casos son seguidos desde atención primaria, ¿deberían recibir los médicos de familia más formación en este sentido?

R. No hay que olvidar que es fundamental acercar los cuidados paliativos allí donde el paciente se encuentre, que suele ser el entorno domiciliario y el núcleo familiar donde interviene AP. También hay que recordar que la responsabilidad de la AP en la atención paliativa a enfermos terminales se refleja en el RD 1030/2006,, por el que se establece la cartera de servicios comunes del SNS, que incluye un apartado especifico tanto en primaria como especializada. En el apartado de AP se incluye “la identificación de enfermos en fase terminal; la valoración integral de las necesidades de pacientes y cuidadores y el establecimiento de un plan de cuidados; el control de los síntomas físicos y psíquicos; la información, asesoramiento y apoyo al paciente y a los cuidadores y, en las situaciones que lo precisen, la facilitación de la atención por estructuras de apoyo sanitario y/o social por servicios especializados”.

P. ¿Qué obstáculos pueden encontrar el profesional sanitario y el paciente?

R. Para poder realizar todas estas tareas que ordena el RD a los profesionales de primaria es preciso que reciban una formación específica para evitar las tres actitudes que suelen ser consecuencia de la falta de formación en cuidados paliativos: los que consideran que se encuentran ante una situación compleja y deciden evitarla (actitud de abandono) y dejan a la persona enferma y a su familia a la libre evolución de su proceso, entendiendo además que los cuidados paliativos sólo deben ser aplicados en las fases agónica; los que consideran una situación nimia (actitud de autosuficiencia) y de escasa complejidad que puede ser fácilmente manejada con unos mínimos conocimientos técnicos y la atención de los síntomas físicos; y los que ante el miedo y las reticencias a aceptar la situación, emprenden actitudes más intervencionistas (actitud de miedo) y evitan la comunicación y los encuentros incómodos con el enfermo y su familia. Estas tres actitudes pueden provocar que la persona al final de la vida y su familia sufran la falta de atención integral del proceso, la falta de apoyo domiciliario, la escasez de cuidados continuados. Por todo esto, creo que es necesario invertir en formación para poder cuidar mejor.

P. ¿Qué diferencias hay entre comunidades en este sentido?

R. Según el reciente directorio de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos recoge un total de 284 recursos asistenciales específicos de cuidados paliativos en España con una distribución heterogénea: Cataluña (60), Madrid (39), Andalucía (35), Valencia (34), País Vasco (20), Castilla y León (16), Galicia (10), Asturias y Castilla-La Mancha (9), Aragón, Extremadura e Islas Baleares (8), Canarias y Cantabria (5), Murcia y Navarra (3), La Rioja, Ceuta y Melilla (1). Las diferencias tienen que ver bastante con la voluntad política de las consejería de sanidad de las distintas comunidad. Todo va a depender del interés que tengan quienes pueden gestionar la atención al final de la vida de sus ciudadanos.

P. ¿Cuál es la diferencia entre sedación paliativa y eutanasia?

R. Existe una clara y relevante diferencia entre ambas desde la ética y la deontología. La frontera entre ambas se encuentra en la intención, en el procedimiento empleado, y en el resultado. En la sedación paliativa se busca disminuir el nivel de consciencia con la dosis mínima necesaria de fármacos para evitar que el paciente perciba el síntoma refractario. En la eutanasia se busca deliberadamente la muerte anticipada tras la administración de fármacos a dosis letales para terminar con el sufrimiento del paciente.

P. Desde el punto de vista legal, ¿cabe la objeción de conciencia del médico en la sedación paliativa?

R. La sedación paliativa se ha de considerar actualmente como un tratamiento adecuado para aquellos enfermos que son presa de sufrimientos intolerables y no han respondido a los tratamientos adecuados. Cuando está indicada y existe consentimiento, el médico tiene la obligación de aplicarla. Si un médico se negara a realizarla, el paciente o en su defecto, la familia, la podría exigir como un derecho, que se corresponde con el deber profesional del médico. En este caso, la objeción de conciencia no tiene cabida, como tampoco sería posible objetar ante cualquier otro tratamiento correctamente indicado.

P. ¿Cuál es la línea principal de la declaración ‘Atención al final de la vida’?

R. Trasformar la necesidad de la atención médica al final de la vida en un verdadero derecho porque todas las personas merecen una asistencia sanitaria de calidad, científica y humana. Por tanto, recibir una adecuada atención médica al final de la vida no debe considerarse un privilegio, sino un auténtico derecho.