El Observatorio de Salud y Cambio Climático, organización impulsada de forma conjunta por los ministerios de Ciencia, Sanidad e Innovación ha presentado la nueva ‘Guía práctica de comunicación: salud y calor‘. Este documento nace con el propósito de ofrecer herramientas claras y útiles para mejorar la comunicación sobre los efectos del calor en la salud pública, especialmente en un contexto de cambio climático en el que los riesgos se intensifican.
Según Nicolás López Torres, representante del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), durante demasiado tiempo el calor se ha tratado únicamente como un «fenómeno vinculado al verano y al turismo». Sin embargo, la evidencia demuestra que se trata de un riesgo sanitario que deja cada año miles de muertes evitables. López ha señalado que «esta guía pretende convertirse en un documento ‘vivo’, en constante actualización, que ayude a informar mejor y proteger a la población, situando la salud pública como eje central».
El representante de MITECO ha asegurado que esta guía tiene una base «científica sólida y una orientación claramente práctica«. No se limita a exponer datos, sino que busca transformar la manera en que se comunica el riesgo asociado al calor. Asimismo, ha señalado que desde el Observatorio se insiste en que «una sociedad bien informada es también una sociedad más preparada».
«Comunicar bien sobre el calor extremo puede salvar vidas»
En este sentido, ha afirmado que el calor extremo no es solo una molestia estacional, sino una amenaza real que empeora enfermedades preexistentes, agrava situaciones de vulnerabilidad y puede incluso causar la muerte: «Comunicar bien sobre ello puede salvar vidas«. Sin embargo, López ha asegurado que hacerlo no es sencillo, ya que el calor continua asociado a emociones positivas, a momentos de ocio y disfrute.
«Los mensajes deben ser claros, creíbles y útiles, evitando el alarmismo pero transmitiendo la urgencia del problema», ha incidido el experto. También ha asegurado que es crucial elegir bien el tono, las imágenes y el momento en que se lanza la información. La guía se dirige a un amplio abanico de profesionales clave para esta tarea: medios de comunicación, portavoces institucionales, personal sanitario y técnico, divulgadores científicos y meteorólogos, todos ellos con un papel relevante en la protección de la salud pública. «Todos tenemos una responsabilidad», subrayan desde el Observatorio.
Contenido de la guía
Durante la presentación, Héctor Tejero, representante del Ministerio de Sanidad, ha explicado el contenido de la guía. En primer lugar, Tejero ha explicado se ofrece una visión técnica de cómo el calor afecta a la salud: «No todas las personas lo sufren igual, ya que hay múltiples factores de vulnerabilidad, desde condiciones personales o laborales hasta factores ambientales».
En segundo lugar, se detallan las claves para una comunicación eficaz que promueva comportamientos protectores. Por último, se expone con claridad que la adaptación al calor funciona. «No es una resignación, sino un conjunto de políticas públicas y acciones individuales que pueden reducir significativamente los impactos negativos. La evidencia científica en este ámbito es amplia y consistente, con numerosos estudios que respaldan la eficacia de estas medidas», ha señalado el experto.
Además, la guía reconoce que no todas las regiones experimentan el calor de la misma forma. Afirma que la adaptación debe ser local y tener en cuenta la cultura climática de cada territorio. La percepción de riesgo varía en función de la experiencia y del entorno, por lo que los mensajes deben ajustarse a esa realidad.
«No todas las personas sufren igual el calor extremo, ya que hay múltiples factores de vulnerabilidad, desde condiciones personales o laborales hasta factores ambientales»
En el ámbito psicológico, Tejero ha incidido en que comunicar el riesgo sin ofrecer soluciones puede ser contraproducente: «La ciudadanía tiende a desentenderse o minimizar el problema si no percibe que hay algo que pueda hacer al respecto». Por eso, el experto ha explicado que los mensajes más efectivos son aquellos que combinan la exposición al riesgo con la eficacia y la facilidad de las conductas de autoprotección propuestas.
Otro elemento clave es la dimensión social de la comunicación. Mostrar que la adaptación al calor es una norma social extendida refuerza su aceptación. En cambio, visibilizar comportamientos de riesgo puede acabar normalizándolos. También se destaca el papel de las emociones. Asociar el calor extremo a emociones negativas puede aumentar la percepción de peligro, mientras que el uso de imágenes coherentes con los mensajes verbales potencia su efectividad.
«Los referentes utilizados para transmitir los mensajes deben ser figuras creíbles, como profesionales sanitarios, meteorólogos o divulgadores científicos«, ha afirmado Tejero. Asimismo, ha señalado que el estilo de comunicación debe ser claro, directo y, cuando sea necesario, con un tono imperativo moderado, que transmita urgencia sin generar rechazo.