Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad, ha dibujado su hoja de ruta inmediata para los próximos meses con un cambio de tono y de formato. Tras dos años con un resumen semanal, anuncia que pasa a «un formato quincenal con menor limitación de espacio». El mensaje concentra cuatro líneas: cerrar normas clave para el SNS, ajustar piezas en la formación especializada, reivindicar la participación útil en los textos y leer el impacto internacional en farmacia. Padilla presenta el momento como «recta final» de proyectos o «avance decisivo» en otros, con la idea de consolidar cambios y evitar que se queden en titulares.
Universalidad, pacientes, farmacia y gestión pública
El primer bloque pone el foco en rematar el real decreto de acceso al Sistema Nacional de Salud, con el que pretende que el «espíritu universalista del RD-l 7/2018 se materialice». Su objetivo explícito es «eliminando barreras al acceso del sistema sanitario» y reduciendo «a su mínima expresión la diferencia entre el derecho y el acceso». Lo encuadra como un gran objetivo político: «Universalidad efectiva como uno de los grandes hitos de legislatura».
En paralelo, señala que «el anteproyecto de ley de organizaciones de pacientes verá la luz durante este trimestre», tras un trabajo con múltiples entidades. La promesa es doble: que el texto nazca con base participada y que, mientras se tramita, permita avanzar «de manera concreta» en mejoras de participación en órganos del SNS. También avisa de un trimestre «clave» en política farmacéutica, con la expectativa de aprobar «el Real Decreto de Evaluación de Tecnologías Sanitarias» y con una ley que, según afirma, entra en «sus últimos pasos».
Padilla añade dos señales más: nuevos datos sobre financiación de innovaciones para demostrar que la reducción de tiempos y el aumento de medicamentos financiados «se han estructuralizado», y un anteproyecto de «ley de gestión pública» para «poner coto al lucro dentro del sistema sanitario público». En recursos humanos, promete avances del Estatuto Marco y abre la modificación del Real Decreto 1146 para reformar la jornada de residentes y asegurar “de manera más férrea” el cumplimiento de la directiva europea.
Especialidades, participación y una advertencia internacional
El segundo bloque se centra en la Formación Sanitaria Especializada, tras los exámenes, y en un cambio de orientación del modelo. Padilla apunta que se intenta que las pruebas sean «menos dependientes del modelo de examen (menos test-ología) y más pegados al ámbito clínico-sanitario». En enfermería, marca distancia con la traslación automática del MIR y destaca la necesidad de ordenar ámbitos, desde especialidades hasta «Enfermería de Práctica Avanzada», con definiciones, formación homogénea y reconocimiento contractual.
En ese marco, recuerda que en 2024 se creó el Comité de Cuidados en Salud para «poner algo de orden y criterio» en la especialización enfermera. Y subraya un problema práctico: que «es clave que las enfermeras con especialidad puedan trabajar en la especialidad en la que se han formado», con mención expresa a las especialistas en familiar y comunitaria. Además, anuncia que se pondrá en marcha la reasignación temprana de plazas vacantes tras renuncias, como ajuste del proceso.
El tercer eje es una defensa directa de la participación ciudadana y sectorial en la elaboración normativa. Padilla explica que hay consulta previa y audiencia pública, y sostiene que las aportaciones no se pierden: «todas esas aportaciones no solamente son leídas e incorporadas» en la memoria de impacto, sino que pueden ser «sustantivas y determinantes» si están bien trabajadas. Y lanza un aviso contra la presión masiva, porque el «mail-bombing o similares» puede generar «anticuerpos» y tener «muy baja capacidad de generar un efecto».
El cuarto punto mira fuera: Trump y la cláusula de ‘Nación Más Favorecida’ en medicamentos, y la lectura política que Padilla hace de ese debate. Frente a la idea de que Europa se aprovecha, señala la desregulación estadounidense y defiende que Europa sostiene evaluación, financiación vinculada a evaluación y mayor cobertura sanitaria. Su conclusión es un aviso de método: «La esperanza no es una estrategia», y plantea que Europa debe anticipar respuestas propias en política farmacéutica.