La Comisión de Salud Pública del Parlamento Europeo (SANT) reabrió este martes el debate sobre el futuro del Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer con un mensaje compartido por buena parte de los grupos: la estrategia comunitaria ha supuesto avances reales, pero no basta y necesita una segunda fase con más ambición política, mejor evaluación de resultados, refuerzo presupuestario y nuevas decisiones en prevención. La discusión se produjo en torno al informe de procedimiento del eurodiputado de Renew Europe, Vlad Vasile-Voiculescu, que dibujó un panorama de máxima urgencia: «Cada dos minutos un europeo muere de cáncer», recordó al abrir el expediente, con 1,3 millones de familias destrozadas cada año.
El ponente defendió que el plan europeo ha dado por primera vez a la UE un marco integral para actuar en prevención, cribados, tratamiento, calidad de vida, investigación y desigualdad, además de movilizar financiación y generar progreso. Sin embargo, advirtió de que Europa sigue sin poder demostrar con claridad qué resultados concretos ha tenido ese despliegue sobre la supervivencia o el acceso real a pruebas y terapias en los distintos países. «El plan no se ha creado para medir resultados», lamentó, antes de reclamar una nueva fase basada en financiación ligada a resultados, incentivos para cribados y vacunas, vías más rápidas para incorporar innovación útil (especialmente la apoyada en inteligencia artificial) y un diálogo estructurado anual con la propia comisión parlamentaria SANT.
Uno de los ejes más duros del debate fue la prevención. Vasile-Voiculescu sostuvo que el 40% de los cánceres se pueden prevenir, lo que equivale a más de un millón de casos al año evitables, y denunció que las instituciones europeas han ido retrasando decisiones que ya no deberían aplazarse. Citó expresamente la falta de revisión de la directiva del tabaco y la ausencia de advertencias obligatorias sobre el alcohol, algo que calificó como un «fracaso estratégico, político y moral». También alertó sobre el crecimiento del uso de cigarrillos electrónicos entre adolescentes y sobre la presión de los lobbies en este terreno.
A su vez, el informe puso el foco en la pérdida de soberanía europea en innovación oncológica. El eurodiputado rumano destacó que Europa ha sido capaz de desarrollar aplicaciones de IA para detectar cáncer de próstata y mama con fondos comunitarios, pero denunció que varias de esas herramientas han acabado absorbidas por empresas estadounidenses. «Hemos exportado la investigación y ahora importamos el producto», resumió, en una de las frases que mejor condensó la preocupación por la debilidad del ecosistema europeo en el salto del laboratorio al uso clínico.
Desde el Partido Popular Europeo, Bartosz Arłukowicz asumió parte del diagnóstico crítico y sostuvo que, pese a los años de debate y a la existencia del plan, la valoración de su aplicación es «claramente negativa». A su juicio, la gran fractura sigue intacta: una misma mujer con cáncer de mama recibe en Europa cuidados y tratamientos muy distintos según el país donde viva. Reclamó igualdad real en acceso, rapidez diagnóstica, tratamiento, seguimiento posterapéutico y medicamentos, y denunció que la UE sigue sin una política común efectiva en precios y acceso a tecnologías innovadoras. También, criticó la ausencia de un control eficaz sobre la inversión de recursos y reprochó a la Comisión no haber definido una financiación específicamente asignada a la lucha contra el cáncer.
Más matizada fue Alessandra Moretti, del grupo socialista, que consideró el texto una buena base de partida y defendió el Plan Europeo contra el Cáncer como la primera estrategia sistémica comunitaria para abordar la enfermedad en todos los niveles. Aun así, lamentó que, tras la pandemia, el cáncer haya perdido centralidad política y presupuestaria, tanto en el debate sanitario como en el de competitividad. La eurodiputada italiana reclamó una respuesta «clara y decisiva» del Parlamento frente a la Comisión y los Estados miembros, con más financiación específica, más peso de la prevención y especial atención a las desigualdades sociales y económicas que condicionan el riesgo, el diagnóstico y la supervivencia. También, pidió una mirada reforzada hacia grupos especialmente vulnerables, como pacientes pediátricos, mujeres y mayores.
Desde Patriotas por Europa, Valérie Deloge trasladó una posición favorable al expediente, aunque con propuestas para reforzar el deporte como herramienta de prevención, orientar mejor la inversión hacia programas con eficacia probada y garantizar igualdad de acceso en zonas rurales y ultraperiféricas. Defendió, además, un enfoque «pragmático» en tabaco, alcohol y alimentación. Sin embargo, el debate se tensionó más tarde con la intervención de otro eurodiputado de ese grupo, Gerald Hauser, que vinculó el aumento de casos de cáncer a las vacunas de ARN mensajero contra la COVID-19. Sus afirmaciones fueron duramente contestadas por varios grupos.
Ignazio Marino, de los Verdes, insistió en tres líneas de trabajo: detección temprana en fumadores mediante pruebas sencillas y baratas, prevención medioambiental frente a la contaminación y mejor seguimiento tras las intervenciones quirúrgicas, con especial atención al cáncer de mama. Sebastian Everding, de La Izquierda, criticó que el texto mencione reiteradamente la competitividad en un asunto que afecta a millones de vidas y defendió medidas más firmes en prevención, alimentación saludable, reducción del tabaquismo juvenil, mejor información al consumidor y acceso universal a revisiones y cribados.
Entre los ponentes en la sombra, la española Elena Nevado del Campo, del PPE, defendió que el plan «ha funcionado» y ha generado avances tangibles, aunque advirtió de que el gran interrogante político es si existe ahora suficiente ambición para aprovechar todo su potencial. Recordó que la salud sigue siendo una competencia nacional, por lo que parte de la responsabilidad recae en los Estados miembros y en su nivel de inversión en sistemas sanitarios, prevención, tratamiento y seguimiento. Pero lanzó también una advertencia nítida sobre el próximo marco financiero plurianual: sin una financiación estable y sin un programa sanitario robusto y autónomo, no habrá continuidad ni resultados.
En la misma línea, Vytenis Andriukaitis, también socialista, cargó contra la reducción de 1.000 millones de financiación para el plan europeo contra el cáncer y calificó ese recorte de «imperdonable». Pidió devolver la Unión Europea de la Salud al centro de la agenda y subrayó que sin instrumentos financieros sólidos muchos proyectos quedarán congelados. Christophe Clergeau, igualmente del grupo S&D, reclamó un programa EU4Health dotado con 10.000 millones de euros y sostuvo que el fracaso en prevención es no solo médico, sino también político y moral.
El debate sobre prevención y desigualdad volvió a emerger con fuerza en varias intervenciones. Peter Agius, del PPE, defendió que el plan europeo ha sido un gran éxito porque ha mostrado el potencial de lo que Europa puede hacer junta, pero señaló que las grandes diferencias entre países exigen más cohesión sanitaria. Puso como ejemplo a Malta, con buenos resultados en cáncer de mama pero peores cifras en tumores raros, para evidenciar que incluso sistemas pequeños y eficaces necesitan apoyos comunes. Nicolás González Casares, del grupo socialista, reclamó legislación europea inmediata contra el tabaco y advirtió de que no basta con «reflejar los datos» cuando el consumo crece entre los jóvenes.
La Comisión Europea, representada por Philippe Roux, jefe de la Unidad de Cáncer y Salud en todas las Políticas, acogió favorablemente el tono del informe y reconoció que el Plan Europeo contra el Cáncer sigue siendo una iniciativa sin precedentes en salud. Recordó, además, que el Tribunal de Cuentas Europeo ya ha recomendado reforzar y alinear capacidades en los Estados miembros y mejorar el seguimiento, recomendaciones que Bruselas asegura aceptar y sobre las que ya está preparando acciones. Roux evitó cerrar el debate presupuestario, todavía ligado a la negociación del próximo marco financiero plurianual, pero tomó nota explícita de la demanda de impacto a largo plazo y de financiación estable.
En su réplica final, Vasile-Voiculescu insistió en que Europa vive una situación de cierta autocomplacencia frente al cáncer y reiteró que se siguen aplazando decisiones políticas esenciales. Defendió sin matices las vacunas frente al VPH como instrumento probado para erradicar cánceres como el de cérvix, rechazó frontalmente las referencias a una supuesta relación entre vacunas COVID y cáncer, y denunció nuevamente la presión de la industria del tabaco y de los cigarrillos electrónicos. También, reclamó un enfoque europeo más fuerte para enfermedades raras y lamentó que parte de la investigación financiada en la UE no se traduzca ni en resultados comerciales europeos ni en beneficios tangibles para la ciudadanía.
La tramitación del expediente seguirá ahora con la fase de enmiendas. El plazo máximo para presentarlas concluirá el 20 de abril a las 11:00, una fecha que marcará el siguiente paso en un debate que ha dejado dos ideas centrales: que el Plan Europeo contra el Cáncer ya no se discute como un proyecto simbólico, sino como una política cuya eficacia real debe poder medirse; y que la gran batalla política de los próximos meses estará en decidir si Europa refuerza esa estrategia con nuevas medidas y más dinero, o si se conforma con defender los logros ya alcanzados mientras persisten las desigualdades que separan a unos pacientes de otros según el país en el que enfermen.