Europa afronta un desafío urgente de salud pública: la combinación del rápido envejecimiento poblacional y el deterioro natural del sistema inmunitario, la inmunosenescencia, está aumentando la vulnerabilidad de los adultos mayores frente a enfermedades como la gripe, la COVID-19, el herpes zóster, la enfermedad neumocócica o el virus respiratorio sincitial (VRS).
Ante esta realidad, un grupo de eurodiputados, expertos en salud pública, geriatras, inmunólogos y responsables institucionales ha lanzado un llamamiento conjunto para que los gobiernos europeos refuercen de manera inmediata sus programas de inmunización. El documento se denomina Call to Action: Ensuring Effective Immunisation Programmes for an Ageing Europe.
Aunque el envejecimiento es un proceso natural, el documento advierte de que la inmunosenescencia comienza mucho antes de lo que se suele pensar, con un declive progresivo del sistema inmunitario desde los 20 años y una aceleración notable a partir de los 50. Esta disminución provoca una doble problemática: más riesgo de infección y menor respuesta a las vacunas tradicionales.
Europa envejece: el 30% de la población tendrá 65 años o más en 2050
Las consecuencias, recuerdan los expertos, son tanto sanitarias como económicas. Por ejemplo, el 62% de las personas mayores de 50 años tienen al menos un factor de riesgo para complicaciones graves por gripe, y las tasas de enfermedad neumocócica invasiva en adultos mayores son más de diez veces superiores a las de los jóvenes. En el caso del herpes zóster, dos de cada tres casos se dan en mayores de 50.
La región europea experimenta uno de los progresos demográficos más veloces del mundo. Para 2050, casi un tercio de la población superará los 65 años. En este contexto, el informe subraya que invertir en prevención es clave para reducir hospitalizaciones, complicaciones, mortalidad y costes sanitarios. También destaca el impacto económico del absentismo causado por enfermedades prevenibles: solo la gripe generó en 2019 pérdidas equivalentes a 34.000 millones de euros en adultos de 50 a 64 años.
Sin embargo, la mayoría de los países europeos aún está lejos del objetivo de la OMS de alcanzar una cobertura del 75% en la vacunación antigripal de mayores. Y a ello se suma que las vacunas estándar, debido a la inmunosenescencia, no siempre logran inducir la protección adecuada en los grupos de más edad.
Vacunas mejoradas, más acceso y comunicación clara
El documento propone una estrategia integral basada en cuatro grandes acciones:
1. Incluir vacunas mejoradas en las recomendaciones para adultos mayores
Las vacunas adyuvadas o de alta dosis, diseñadas específicamente para generar una respuesta más robusta en personas mayores, han demostrado entre un 20% y un 59% más de efectividad frente a hospitalizaciones por gripe. Pese a ello, su disponibilidad y uso varían significativamente entre países por falta de financiación o decisiones políticas desactualizadas.
2. Adaptar el umbral de edad para el uso de estas vacunas
Algunos países europeos, como Alemania, Austria o los Países Bajos, ya recomiendan la vacunación con estas vacunas mejoradas desde los 60 años. Otros han actualizado también las edades recomendadas para vacunas neumocócicas y de herpes zóster a la luz de nuevas evidencias. El texto insta a más gobiernos a seguir este camino y ajustar sus calendarios vacunales.
3. Impulsar campañas de información claras, veraces y accesibles
Una comunicación transparente y coherente es esencial para que los adultos conozcan sus opciones y puedan solicitar la vacuna más adecuada. El documento subraya que la alineación de recomendaciones entre países europeos también contribuiría a reforzar la confianza.
4. Garantizar equidad en el acceso para los más vulnerables
El llamamiento pone especial énfasis en evitar que las desigualdades socioeconómicas o geográficas limiten la protección de los grupos de mayor riesgo. Entre las medidas propuestas figuran aumentar la oferta en entornos accesibles, reforzar la financiación pública y eliminar barreras estructurales.
Actuar ahora
Más de una treintena de firmantes —entre ellos eurodiputados, especialistas en vacunación, responsables de salud pública y asociaciones de personas mayores— apoyan este llamamiento. Consideran que actuar ahora permitirá evitar una presión adicional sobre unos sistemas sanitarios ya tensionados, especialmente en temporadas de virus respiratorios.
El documento concluye con un mensaje contundente: garantizar que cada persona mayor pueda acceder a una vacunación más eficaz no es solo una cuestión de salud pública, sino también de justicia social. Invertir en vacunas mejoradas, educación sanitaria y políticas equitativas significará menos ingresos hospitalarios, menos complicaciones y una mejor calidad de vida para millones de europeos.