La presentación en el Parlamento Europeo del informe “Call to Action: Ensuring Effective Immunisation Programmes for an Ageing Europe”, elaborado por el International Longevity Centre UK (ILC-UK), reunió a responsables políticos, investigadores y expertos en salud pública para abordar un desafío creciente: cómo proteger eficazmente a la población europea que envejece frente a las enfermedades infecciosas.
El documento, respaldado por eurodiputados y académicos de varios países, reclama a los gobiernos europeos reforzar sus programas de vacunación en adultos mayores, adaptándolos a los efectos de la inmunosenescencia —la progresiva pérdida de eficacia del sistema inmunitario con la edad—. Entre sus principales medidas propone incluir vacunas mejoradas en las recomendaciones nacionales, revisar los umbrales de edad, promover campañas de comunicación basadas en evidencia y garantizar la equidad en el acceso.
“No podemos depender de una estrategia única para todos”
El eurodiputado András Kulja, anfitrión del encuentro, abrió la sesión subrayando la urgencia de adaptar las políticas públicas a la realidad demográfica y científica. «Europa está envejeciendo: para 2050, casi el 30% de nuestros ciudadanos tendrá más de 65 años», advirtió.
Kulja insistió en que las estrategias de inmunización deben evolucionar: «No podemos depender de una estrategia única para todos. Debemos garantizar que los europeos mayores tengan acceso a las vacunas que mejor funcionan para ellos, ya sean de alta dosis, adyuvadas o con sistemas de administración mejorados».
El eurodiputado también defendió la importancia de la confianza y la participación voluntaria, alertando sobre los discursos populistas que socavan las políticas de salud pública: «Nuestro objetivo es fortalecer la inmunización, pero también construir confianza, ofrecer información clara y empoderar a los ciudadanos para que tomen decisiones informadas».
La biología del envejecimiento y la necesidad de vacunas reforzadas
Por otra parte, el profesor Paolo Bonanni, copresidente del Adult Immunization Board y catedrático de la Universidad de Florencia, ofreció una exposición detallada sobre los mecanismos del deterioro inmunitario. «En las personas mayores se combinan dos fenómenos: la inmunosenescencia, que reduce la capacidad del sistema inmunitario para responder a las infecciones, y un estado de inflamación crónica de bajo grado que aumenta la susceptibilidad a enfermedades degenerativas», explicó.
Bonanni recordó que esta doble alteración no solo eleva el riesgo de infección, sino que también reduce la eficacia de las vacunas convencionales. «Cuando comparamos la efectividad de las vacunas entre personas de 15 a 64 años y las mayores de 65, observamos una diferencia de hasta un 20% a favor de los más jóvenes», señaló.
Por ello, defendió la incorporación de vacunas mejoradas o reforzadas en los programas nacionales: «Cada vez más países europeos recomiendan de forma anual las vacunas antigripales mejoradas. Debemos avanzar también en bajar la edad umbral y comunicar con claridad a la población los beneficios de estas vacunas».
Pasar de pagar por vacunas a pagar por vacunación
Desde una perspectiva económica, Carlos Martín Saborido, director de la Agencia Española de Evaluación de Tecnologías Sanitarias del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), recordó que la vacunación preventiva suele estar infravalorada en las evaluaciones de coste-efectividad. «Las intervenciones que previenen enfermedades futuras tienden a considerarse menos rentables que los tratamientos curativos, cuando en realidad sus beneficios se manifiestan a largo plazo», explicó.
Martín Saborido señaló tres obstáculos principales para la toma de decisiones: la limitación temporal de los análisis económicos (centrados en tres o cinco años), la falta de una perspectiva social en las evaluaciones y los problemas estructurales de financiación. «En muchos países, la salud pública tiene un presupuesto escaso y la vacunación compite con otras prioridades. Mientras tanto, la atención hospitalaria reconoce los ahorros derivados de las vacunas, pero no contribuye a financiarlas. Es el llamado ‘problema de los silos'», destacó.
Su mensaje fue claro: «Debemos pasar de pagar por vacunas a pagar por vacunación. No basta con reconocer el valor económico de un producto; hay que valorar toda la estrategia preventiva y sus beneficios sociales y sanitarios».
Vacunar para frenar la resistencia antimicrobiana
Por su parte, Ece Özçelik, analista de políticas sanitarias de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), vinculó la vacunación con otro desafío global: la resistencia antimicrobiana (RAM). «Ya una de cada cinco infecciones bacterianas en Europa presenta resistencia a los antibióticos, y más del 65% de las muertes relacionadas con esta resistencia ocurre en personas de 65 años o más», advirtió.
La experta explicó que las vacunas pueden reducir significativamente la carga de infecciones resistentes, al evitar que se produzcan y disminuyendo el uso innecesario de antibióticos. «En nuestros estudios hemos comprobado que las vacunas son una de las intervenciones más costo-efectivas para combatir la resistencia antimicrobiana. Sin embargo, sus beneficios en este ámbito rara vez se contabilizan en la literatura económica», señaló.
Özçelik subrayó el potencial de ampliar los programas de inmunización: «Si extendemos la cobertura a los adultos mayores, los beneficios sanitarios y económicos serían aún mayores. Vacunar más y mejor no solo salva vidas, sino que también preserva la eficacia de los tratamientos del futuro».
El envejecimiento saludable es esencial para el crecimiento económico europeo
El director ejecutivo del ILC-UK, David Sinclair, aportó una perspectiva macroeconómica: «Europa necesita crecimiento, y el envejecimiento saludable es absolutamente esencial para la productividad y el desarrollo económico». Según explicó, su investigación demuestra que la vacunación es una inversión con retornos múltiples: «Cuando las personas se vacunan, no solo están más sanas; también trabajan más tiempo, hacen voluntariado, cuidan de otros y gastan más. La salud impulsa la economía».
Sinclair destacó la paradoja de que los mayores europeos poseen gran parte de la riqueza privada, pero consumen menos por razones de salud o inactividad. «Si logramos mantenerlos sanos, contribuiremos al dinamismo económico», señaló. También hizo hincapié en que las políticas deben centrarse no solo en las recomendaciones, sino en asegurar el acceso real: «No sirve de nada tener una recomendación si la cobertura es baja. Europa lo hace muy bien en vacunación infantil, pero muy mal en vacunación adulta».
Para el experto, hay 3 condiciones son clave: mejorar la tasa de administración, garantizar el reembolso económico y empezar antes. «Las vacunas funcionan mejor cuando somos algo más jóvenes; por eso debemos incorporarlas en etapas previas de la vida adulta», subrayó.
Sinclair advirtió además que Europa ha envejecido tan lentamente que ha perdido el sentido de urgencia: «Nos ha llevado 300 años pasar de una esperanza de vida de 50 a 80 años, y eso ha frenado la acción política. Pero ya no tenemos tiempo. Debemos actuar ahora». También alertó de las desigualdades entre regiones, especialmente en Europa Central y del Este, donde la cobertura vacunal es baja y los desafíos sanitarios son mayores.
Finalmente, defendió que los gobiernos deberán destinar una mayor proporción de sus presupuestos sanitarios a la prevención: «Será difícil, pero invertir en vacunación significa ahorrar en hospitalizaciones y garantizar un envejecimiento más saludable. La innovación en vacunas está transformando nuestra capacidad de respuesta y debe ir acompañada de una inversión decidida en equidad y acceso».
Por otro lado, John-Kenneth Billingsley, director de Asuntos Gubernamentales Internacionales, Política y Defensa de CSL Seqirus, destacó que: «La inmunosenescencia es algo que nos afecta a todos a medida que envejecemos, y los responsables políticos nacionales y de la UE deben invertir en vacunación y estrategias de salud preventiva para garantizar que logremos un envejecimiento saludable en toda Europa».
Del mismo modo, añadió que «si tomamos medidas ahora para proteger y promover la salud de nuestras poblaciones que envejecen, podemos frenar el impacto que supone el deterioro de la función inmunológica y permitir que las personas vivan vidas más largas y saludables».
Invertir en inmunización
El Call to Action del ILC-UK concluye que invertir en inmunización es invertir en resiliencia social y económica. Las medidas propuestas —desde ampliar las recomendaciones de vacunas mejoradas hasta reforzar la comunicación pública y garantizar la equidad— apuntan a construir sistemas de salud más sólidos frente al envejecimiento. Asimismo, en el encuentro se mencionó que el Parlamento Europeo debería crear una nueva Subcomisión sobre Envejecimiento Saludable para liderar un enfoque europeo coordinado.
«Las personas mayores merecen la mejor oportunidad para mantenerse sanas», se lee en el documento. «Eso significa tener acceso oportuno a la protección más eficaz disponible: la vacuna que mejor funcione para ellas». Como resumió el eurodiputado Kulja, «a inmunización es una inversión en las personas y en el futuro de Europa». Y esa inversión, coincidieron los expertos, debe empezar cuanto antes.