Entre ayer y hoy se han reunido los miembros del Comité SANT del Parlamento Europeo para debatir cuestiones clave de salud pública, incluyendo vacunación e inmunización. También abordaron la desfinanciación en la preparación para pandemias, un asunto con implicaciones directas sobre la seguridad sanitaria europea.
La agenda de ayer incluyó un intercambio conjunto SANT-DEVE sobre el impacto de los recortes de USAID en la preparación frente a pandemias y la mortalidad global. El debate puso sobre la mesa evidencias científicas recientes y divergencias políticas sobre causas, consecuencias y vías de mitigación efectivas.
USAID, recortes y mortalidad: ciencia frente a batalla política
Leire Pajín, en nombre de DEVE, subrayó que "durante décadas, Estados Unidos ha sido un gran donante" y advirtió del deterioro derivado. Citó el estudio en The Lancet sobre "prospecciones" de mortalidad por los recortes, y reclamó evaluar impactos "con datos reales" para orientar la respuesta europea.
El director general de ISGlobal, Quique Bassat, defendió que los avances logrados "están amenazados", porque los países de renta baja concentran enfermedad, fragilidad y dependencia de la ayuda sanitaria. Alertó de efectos prácticos: menos capacidad de laboratorio, respuestas más lentas y detecciones tardías que elevan el riesgo transfronterizo.
El investigador ICREA Davide Rasella presentó estimaciones: décadas de inversión habrían reducido mortalidad general un 15% y la infantil un 32% en países beneficiarios. Proyectó que la desfinanciación puede provocar millones de muertes anuales adicionales, con particular severidad en VIH, tuberculosis, malaria y enfermedades prevenibles.
El profesor de Política Internacional en Materia de Salud de la Universidad de Stanford, Gorik Ooms, pidió cambiar el paradigma, enfatizando beneficios mutuos y gobernanza más inclusiva para sostener partenariados reales. Varios eurodiputados confrontaron narrativas sobre USAID, mientras otros recordaron que los recortes "causan muertos" y pidieron mantener el foco en resultados verificables.
GAVI detalla la brecha financiera y pide estabilidad
Esta mañana, Sebastian Meaney, director de relaciones con donantes de la Alianza para las vacunas (GAVI), defendió 25 años de resultados acumulados. Explicó el modelo de demanda agregada, logística y fortalecimiento de sistemas, y la transición de países hacia la autofinanciación para asegurar sostenibilidad futura.
Meaney confirmó que, pese a los 9.000 millones asegurados en la cumbre global sobre la salud y la prosperidad, organizada por la Unión Europea en junio, "sigue existiendo una brecha de 3.000 millones de dólares" para 2026-2030. Señaló objetivos inmediatos: acelerar la introducción de la vacuna antimalárica, ampliar la vacunación frente al VPH y mantener reservas para amenazas epidémicas.
Preguntado por COVID-19, precisó que el programa específico concluye este año a petición de los países, tras cumplir su función. Sobre seguridad y compensación, remarcó el rol de la OMS y la existencia de un mecanismo para eventos adversos en marcos de emergencia.
Desde la Comisión Europea, Cécile Billaux, jefa de unidad de la Dirección General de Asociaciones Internacionales (DG INTPA), recordó que la Unión y sus Estados miembros son actualmente "los principales donantes" de GAVI. "Estamos orgullosos", afirmó, destacando que se han adelantado "los fondos para que puedan continuar sus actividades". Ello, para así evitar interrupciones operativas y apuntalar fabricación local, especialmente mediante iniciativas enfocadas en África.