En el marco del ‘XIV Foro ECO 2026. Horizonte Europa 2030: competitividad, calidad e innovación’, celebrado en el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM), se ha debatido sobre los estándares de calidad en Oncología.
Durante la segunda mesa del encuentro, moderada por Ruth Vera, patrono ECO y jefa de Servicio de Oncología Médica en el Hospital de Navarra, y Pedro Pérez Segura, secretario ECO y jefe de Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínico San Carlos de Madrid; temas como el impacto de los programas de calidad en España, la situación actual y los retos futuros del programa de Comprehensive Cancer Center en España, la formación y el uso de las herramientas digitales en este ámbito fueron los ejes en torno a los cuales giró el debate.
Pérez Segura abrió este debate subrayando que este acto de reflexión ha sido muy positivo. "La presentación de la situación ha estado estupenda y refleja una realidad que todos asumimos. El problema es que muchas de las decisiones están en manos de responsables políticos sobre los que no tenemos capacidad de control". Además, el experto afirmó que, respecto a la toma de decisiones y los plazos que conllevan, "me encantaría que estos grupos estuvieran formados por profesionales que viven el día a día de los pacientes y de la investigación, pero lo veo difícil mientras sigamos con un perfil de toma de decisiones tan partidista y, en muchos casos, sin visión de futuro".
"Europa acabará actuando, como suele ocurrir, cuando ya tengamos el problema encima. Y seguramente habrá una solución, pero será una pena porque habremos perdido mucho tiempo. Y en oncología lo tenemos muy claro: cuando perdemos tiempo, perdemos vidas. Si se tarda dos años en aprobar un medicamento, se pierden vidas durante esos dos años. Y esto no es baladí, porque al final todos somos pacientes", sentenció Pérez Segura antes de dar paso a la ponencia inicial.
Programa QOPI de ASCO: acreditación en calidad
La mesa comenzó con la ponencia de Walter Birch, chief practice certification officer, American Society of Clinical Oncology (ASCO), quien expuso sobre la certificación QOPI de ASCO y la importancia de la certificación en sí mismo para mejorar la calidad. "En ASCO, nuestra misión se basa en la investigación, la educación y la calidad, con el objetivo de conquistar el cáncer promoviendo la atención de la más alta calidad".

El experto comenzó dejando claro que cuando se habla de mejorar la calidad en la atención oncológica, hay tres pilares: medición, mejora y certificación. "Primero medimos la calidad con indicadores clínicos basados en la evidencia; después impulsamos la mejora continua; y finalmente certificamos para demostrar que esa calidad es real", explicó.
Respecto al certificado QOPI señaló que "contamos con registros que utilizan una metodología estandarizada y más de 50 medidas de calidad. Los datos son seguros y están anonimizados. Cada institución recibe informes detallados para compararse consigo misma a lo largo del tiempo y con otros centros, lo que permite identificar brechas y poner en marcha iniciativas de mejora". Cabe destacar que trabajan con datos reales extraídos de las historias clínicas. "Es una evaluación de la calidad asistencial basada en la evidencia, que promueve una auténtica cultura de calidad", incidió.
Birch aseguró que las instituciones que participan afirman que todo el personal acaba adoptando esa cultura de calidad, lo cual genera una mentalidad de mejora continua que va más allá incluso de los requisitos del programa de certificación. "Hemos tenido mucho éxito tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. En 2025 contamos con más de 35 centros internacionales participantes y más de 170 expertos implicados en esos centros",
El programa ofrece herramientas prácticas para facilitar decisiones más seguras y basadas en la evidencia, centradas en resultados clínicamente relevantes, lo que mejora directamente la seguridad del paciente y su experiencia. No obstante, "para los centros que no están preparados para el programa completo, ofrecemos una vía adaptada a entornos con recursos limitados, con menos medidas, para que puedan iniciar el camino hacia la mejora de la calidad", puntualizó.
"La certificación QOPI tiene una validez de tres años y reconoce la alta calidad en consultas externas de hematología y oncología. Se centra especialmente en la seguridad del paciente y del personal en las áreas de infusión", explicó Birch y añadió que "para obtenerla, el centro debe cumplir 25 medidas específicas con una puntuación elevada y demostrar que ya practica una atención de alta calidad. También debe cumplir 22 estándares desarrollados junto a la Oncology Nursing Society sobre la administración segura de terapias antineoplásicas, demostrando su aplicación mediante documentación y una auditoría presencial".
Certificado QOPI en España
El experto afirmó que "este programa está disponible para todos los centros en España, independientemente de su tamaño, y cuenta con el apoyo de la Fundación ECO para acompañar el proceso".
En Estados Unidos existen 57 centros oncológicos integrales designados por el National Cancer Institute. En este sentido, Birch aseguró que "nuestro programa es diferente: no evalúa todo el espectro desde la investigación básica hasta la asistencia, sino que se centra en la seguridad del paciente y su experiencia, especialmente en los centros de infusión". De hecho, 16 de esos 57 centros integrales están certificados por QOPI y otros cuatro participan en un nuevo programa piloto, indicó el experto. "Actualmente tenemos más de 250 centros certificados en Estados Unidos, con más de 4.600 médicos. Aproximadamente el 25% de los oncólogos estadounidenses trabajan en centros certificados. A nivel internacional, el programa sigue creciendo rápidamente", determinó.
En el caso de España, nuestro país cuenta con 19 centros certificados y seis más que se encuentran en proceso, "lo que demuestra la excelente acogida del programa", señaló Birch que también aclaró que "la certificación no es solo para grandes centros académicos. El centro más pequeño que tenemos cuenta con cuatro oncólogos. Por lo que está dirigida a cualquier práctica que quiera demostrar calidad, desde pequeñas consultas hasta grandes instituciones internacionales".
El especialista también destacó que actualmente están desarrollando un nuevo programa centrado en la atención integral al paciente, que abarca desde la educación y el tratamiento hasta la medicina basada en la evidencia, el trabajo en equipo, los cuidados paliativos y la planificación al final de la vida: "Esperamos convertirlo en un programa global completo este año". "Cuando internacionalizamos nuestros programas, no pretendemos decirle al mundo cómo debe practicar. Contamos con un cuerpo internacional de voluntarios que revisa los estándares para adaptarlos a los distintos contextos culturales y sistemas sanitarios", concluyó.
Cultura de trabajo basada en la mejora continua
Posteriormente, el debate se amplió con la participación de Carlos Martínez Díaz-Cacho, gerente adjunto de la Dirección General Asistencial de la Consejería Sanidad de la Comunidad de Madrid; Ana Blasco, auditora Calidad ECO y oncóloga en el servicio de Oncología Médica del Hospital ASCIRES en Valencia; Enrique Gonzalez-Billalabeitia del Servicio de Oncología Médica del Hospital 12 Octubre de Madrid y Bibiana Navarro, directora de Calidad del Hospital Fundación Jiménez Díaz de Madrid.
En España, el debate sobre la calidad asistencial en oncología vive un momento de especial intensidad. Tal y como puso de manifiesto durante el encuentro Ruth Vera, el sistema sanitario se encuentra inmerso en "dos movimientos alrededor de la calidad": por un lado, la certificación QOPI impulsada por la American Society of Clinical Oncology (ASCO) y, por otro, el avance hacia modelos de acreditación de centros oncológicos integrales. La conversación arrancó poniendo el foco en la experiencia acumulada en torno a la certificación QOPI. La experta subrayó que la calidad "ya no es solamente una necesidad, sino un imperativo asistencial". Más allá del "papel de la certificación", el verdadero reto está en consolidar una cultura de trabajo basada en la mejora continua.
En los procesos de recertificación, explicó Ana Blasco, se está evidenciando que no se puede avanzar si no se integra de manera estructural la formación en calidad. "No vamos a poder avanzar si no entramos dentro de la formación en calidad", afirmó, insistiendo en la necesidad de que todo el servicio asuma la recogida estandarizada y homogénea de datos. No se trata de que exista una única persona responsable, sino de que todo el equipo trabaje bajo los mismos estándares.
Muchos hospitales se lanzaron a la certificación como vía para ordenar sus procesos. Sin embargo, la sensación actual es que el esfuerzo inicial no siempre logra calar en todo el servicio. "No somos capaces de trascender a todos los servicios que es necesario trabajar de esta manera", reconoció Blasco, alertando de que la calidad no puede depender únicamente del entusiasmo de unos pocos.
El programa QOPI se articula en tres grandes procesos: la estandarización, la formación y, finalmente, la certificación. La estandarización permite comparar resultados entre hospitales grandes y pequeños. Pero el siguiente paso imprescindible es la formación estructurada en calidad, especialmente dirigida a residentes y adjuntos jóvenes. De lo contrario, cuando las personas formadas abandonan el servicio, los proyectos quedan debilitados.
Bibiana Navarro, por su parte, aseguró que "la participación en procesos como la acreditación de ASCO o la certificación como centro de cáncer no puede ser algo que se prepare exclusivamente para una auditoría; si no existe una forma real de trabajo detrás, no aporta un beneficio verdadero a la organización. Estas certificaciones son complementarias y están totalmente alineadas con nuestra estrategia: se trata de mejorar la seguridad del paciente, potenciar la medición de datos y establecer estándares y vías clínicas que nos permitan trabajar de forma homogénea y excelente".
Asimismo la experta recalcó que "esta es la manera en la que debemos funcionar", independientemente de si se busca un sello o no. "Sin embargo, soy consciente de que la mayor dificultad es la continuidad y la implicación del profesional. En el día a día asistencial es muy difícil sacar tiempo para estas tareas, por lo que la clave del éxito reside en que el equipo no vea la acreditación como una carga extra, sino como su propia metodología de trabajo. El objetivo final, a pesar de las barreras, es integrar estos estándares de tal forma que se mantengan en el tiempo por el bien del servicio".
Desde la experiencia de coordinación de un proceso de acreditación integral en un gran hospital como el Hospital Universitario 12 de Octubre, Enrique Gonzalez-Billalabeitia insistió en la importancia de la dirección. "Que la dirección entienda que esto es esencial para poder generar cambio es la clave", afirmó. "Sin liderazgo institucional, resulta difícil normalizar procesos y establecer mínimos comunes".
El especialista puntualizó que el médico quiere hacerlo mejor y desea conocer sus resultados, pero "el problema surge cuando se le exige que se mida a sí mismo sin apoyo estructural". "Necesitamos que el sistema nos ayude y nos diga: estas cosas tienes que mejorar tú, estas otras otro", explicó. Los sistemas de información deben estar al servicio del clínico y del paciente, no al revés.
Fomentar la transparencia y la honestidad
En este punto emergió una cuestión cultural: la resistencia a ser medidos y comparados. En el contexto anglosajón, la comparación se percibe como oportunidad de mejora; en España, todavía genera reticencias coincidieron los expertos. "Cada punto negativo no es un punto negativo, es un área crítica donde puedes mejorar", defendió Blasco, apelando a un cambio de mentalidad basado en transparencia y honestidad.
La centralización de patologías complejas fue otro ejemplo de cómo los datos pueden transformar la práctica. Gonzalez-Billalabeitia recordó que concentrar determinados procesos puede tener un impacto en supervivencia superior al de algunas terapias complementarias. Pero para ello es imprescindible compartir información y abandonar lógicas individualistas.
Desde la administración sanitaria, Martínez Díaz-Cacho planteó la acreditación como una oportunidad para orientar el sistema en su conjunto. En la Comunidad de Madrid, explicó, se está trabajando para que la estandarización y los resultados formen parte de la gobernanza del sistema, garantizando equidad independientemente del código postal del paciente. "Todo lo que no se mide no se gestiona", subrayó, defendiendo la incorporación de indicadores de resultados en salud más allá de la mera actividad asistencial.
En el plano internacional, se defendió la coexistencia natural entre certificaciones amplias para grandes centros —como las impulsadas en Europa por la Organisation of European Cancer Institutes— y modelos como QOPI, accesibles a hospitales de distinto tamaño. "No lo veo como algo excluyente", afirmó Walter Dirch, subrayando que ambos modelos pueden afectar positivamente a un gran número de pacientes.
El papel del paciente
El papel del paciente adquirió especial protagonismo. Más allá del discurso, se reconoció la necesidad de incorporarlo de forma real en comisiones y procesos decisorios. "Muchas veces trabajamos para los pacientes, pero sin los pacientes", afirmó Martínez Díaz-Cacho . En este sentido, en la planificación estratégica del modelo oncológico 2030 de la Comunidad de Madrid, aseguró que la intención de que la voz del paciente sea un elemento activo y no meramente institucional.
Finalmente, el debate se centró en la digitalización y el acceso al dato. Se reclamó una transformación profunda de los sistemas de información para que faciliten la explotación de datos fiables y útiles. En Madrid, recordó Martínez Díaz-Cacho, la existencia de una consejería específica de digitalización es una muestra de la prioridad estratégica otorgada al dato.
La reflexión fue unánime: antes de acumular información, es necesario definir bien qué indicadores aportan calidad y diseñar la recogida de datos en función de ellos. La historia clínica estructurada, apoyada en nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, puede aliviar la carga documental y mejorar la calidad del registro.
El cierre resumió el espíritu del encuentro: si se logra cerrar el círculo —generar datos en la asistencia, garantizar su calidad, utilizarlos para tomar decisiones y comunicar resultados con transparencia— los programas de calidad serán un éxito para todos. “Primero para los pacientes, pero también para los profesionales”, se concluyó, recordando que en el centro de todo deben estar los resultados reales en salud.