Nuria Ruiz Hombrebueno es directora general de Salud Digital de la Comunidad de Madrid, dentro de la Consejería de Digitalización. Médica de familia formada en el Hospital Clínico San Carlos, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en Atención Primaria, donde ejerció durante cerca de dos décadas como médica asistencial, tutora de residentes y responsable de distintos centros de salud. Su trayectoria combina experiencia clínica, docente e investigadora con gestión sanitaria y proyectos de innovación, especialmente desde su paso por la Gerencia Asistencial de Atención Primaria y posteriormente por la Dirección General de Sistemas de Información y Salud Digital del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS), donde ha participado en el despliegue de iniciativas estratégicas de transformación digital.
En esta entrevista analiza el nuevo Plan Estratégico de Salud Digital de la Comunidad de Madrid para el periodo 2026-2028, dotado con más de 336 millones de euros, y detalla sus principales líneas de actuación. La conversación aborda cuestiones clave como el desarrollo de la Historia Clínica Electrónica Unificada, la interoperabilidad entre niveles asistenciales, la simplificación del ecosistema tecnológico sanitario, el gobierno del dato, el uso de inteligencia artificial en la práctica clínica o la evolución de herramientas como la Tarjeta Sanitaria Virtual y el Portal del Paciente. También profundiza en cómo se medirá el impacto del plan para ciudadanos y profesionales y en los retos de seguridad, innovación y cambio cultural asociados a la transformación digital del sistema sanitario madrileño.
P. De los 336 millones de euros, ¿qué cantidad se asigna a las diferentes partes que componen el plan?
R. La dotación total para el Plan Estratégico de Salud Digital es de 336,4 millones de euros para el periodo 2026–2028, siendo el eje de Salud conectada e inteligente, el de mayor dotación, con 165,7 millones de euros. Este punto se centra en la Historia Clínica Única, la interoperabilidad y la integración asistencial.
Por su parte, al eje de resiliencia y confianza digital, que incluye ciberseguridad y protección de sistemas, se destinan 55,8 millones de euros; al de Atención sanitaria digital (Tarjeta Sanitaria Virtual, Portal del Paciente y nuevos servicios digitales al ciudadano) 30,6 millones de euros; al de Dato como activo estratégico, 23,7 millones; al de Vanguardia tecnológica, 27,9 millones; al eje Referente en innovación, 16 millones; al de Fomento de la investigación, 6,3 millones; y al de Transformación cultural, 10,4 millones.
El objetivo es priorizar la integración clínica y la conectividad del sistema, reforzar la seguridad y garantizar que la transformación digital sea sostenible, innovadora y adoptada por los profesionales.
P. En la Historia Clínica Electrónica Unificada (HCU), ¿qué plazo manejan para que esté disponible en los 35 hospitales y en Atención Primaria? ¿En qué se prevé que contribuya realmente esta mejora a tiempo real?
R. En Atención Primaria, la información clínica ya está integrada en el repositorio de la Historia Clínica Unificada, incluyendo tanto datos históricos como información en tiempo real. En este momento estamos trabajando en la incorporación progresiva de la información procedente de los hospitales, con el objetivo de extender plenamente el modelo a los 35 centros hospitalarios de la red pública.
Disponer de la información en tiempo real permite al profesional disponer de una visión única, completa y actualizada del paciente, independientemente del nivel asistencial en el que haya sido atendido. Cada nuevo resultado, informe o anotación clínica pasa a estar disponible de forma inmediata para los profesionales implicados en la atención, lo que se traduce en una mejor la coordinación, reduce duplicidades, facilita la toma de decisiones clínicas y refuerza la seguridad del paciente, especialmente en procesos complejos y en entornos multidisciplinares.
P. Dado que hoy conviven más de 400 aplicaciones sanitarias, ¿cuántas se van a retirar, consolidar o migrar? ¿cuáles se consideran críticas? ¿cómo pretendéis llevar a cabo la unificación para que se haga de la manera más eficaz posible?
R. El objetivo no es hacer una reducción numérica indiscriminada, sino evolucionar hacia un ecosistema más ordenado, interoperable y sostenible. Estamos realizando un análisis funcional y técnico para identificar duplicidades, aplicaciones con funcionalidades solapadas y soluciones que puedan integrarse en plataformas corporativas comunes.
La unificación se llevará a cabo de forma progresiva, priorizando la integración frente a la sustitución abrupta. El objetivo es simplificar y consolidar capacidades sin generar riesgos ni disrupciones en la atención sanitaria.
P. ¿Qué estándares de interoperabilidad van a adoptar y qué obligaciones impondrán a proveedores para garantizar intercambio de datos real entre niveles asistenciales y centros adscritos?
R. En materia de interoperabilidad hemos adoptado estándares internacionales consolidados para garantizar un intercambio de información real, estructurado y clínicamente interpretable.
En el plano sintáctico trabajamos con el estándar FHIR (Fast Healthcare Interoperability Resources), desarrollado por HL7 International, que permite el intercambio estructurado de información clínica mediante arquitecturas modernas basadas en servicios web. Mientras que en el plano semántico utilizamos SNOMED CT para el registro de alergias y condiciones clínicas, o LOINC para la codificación de resultados de laboratorio, entre otros.
Además, hemos desarrollado una guía de integración de cumplimiento obligatorio para todos los proveedores tecnológicos, que define los casos de uso, los perfiles FHIR requeridos, las operaciones soportadas, los mecanismos de autenticación, los requisitos de seguridad y las reglas de diseño de las interacciones.
De esta forma, no solo exigimos el estándar, sino cómo debe implementarse. Así evitamos interpretaciones heterogéneas y garantizamos la homogeneidad, coherencia y calidad del dato, independientemente del proveedor que lo origine.
P. La Oficina de Gobierno del Dato: ¿Cómo van a definir la estructura, autoridad y responsabilidades que tendrá (calidad, trazabilidad, acceso, auditoría)?
R. La Oficina de Gobierno del Dato (OGD) define las políticas, procesos y controles necesarios para gestionar los datos sanitarios de forma segura como un activo estratégico, siguiendo los marcos de referencia, estándares y buenas prácticas internacionales, alineándose con el Espacio Europeo de Datos de Salud.
Su estructura se divide en tres niveles: un Comité de Gobierno del Dato, que define la estrategia; una Oficina de Gobierno del Dato, que coordina y aplica las decisiones y un último nivel con distintos roles operativos —como responsables y gestores del dato— encargados del trabajo diario.
Desde esta oficina se establecen las normas de calidad del dato, la gestión de metadatos y la trazabilidad de la información, así como los controles de acceso según el perfil profesional, garantizando la seguridad y el cumplimiento de la normativa. Además, se impulsa la reutilización segura de los datos para investigación e innovación, con sistemas de auditoría y supervisión que aseguran una gestión transparente y fiable de la información sanitaria.
P. Con un repositorio de más de 16.000 millones de registros, ¿qué política de calidad del dato aplicarán y qué indicadores públicos mostrarán para demostrar que el dato no es solo volumen?
R. El volumen de información no es un fin en sí mismo, por eso hemos incorporado una política formal de gobierno del dato, que establece estándares de calidad, normalización semántica, trazabilidad y control continuo. El dato debe ser completo, estructurado, interoperable y clínicamente interpretable, no solo masivo.
Aplicamos mecanismos de validación, reglas de consistencia y procesos de depuración, además de estándares internacionales que garantizan homogeneidad en el significado clínico de la información. Esto permite que el dato sea reutilizable y fiable para la asistencia, la planificación y la evaluación.
P. El plan insiste en «digitalizar siempre que sea posible, sin sustituir a los profesionales»: ¿qué límites fijarán a la automatización y quién firma la responsabilidad cuando una herramienta de apoyo influye en una decisión clínica?
R. La decisión clínica corresponde siempre al profesional sanitario, que es quien ejerce el juicio clínico y asume la responsabilidad asistencial. Por eso, cuando hablamos de automatización o de herramientas basadas en inteligencia artificial, nos referimos a sistemas de ayuda a la decisión o de mejora de eficiencia, pero nunca a sistemas que tomen decisiones de manera autónoma.
Y, en este sentido, la responsabilidad sigue correspondiendo al profesional que atiende al paciente, porque las herramientas digitales son elementos de apoyo, igual que lo son hoy otros sistemas de información clínica o pruebas diagnósticas.
En cuanto a los límites, están definidos por el propio marco normativo vigente, por la regulación europea en materia de inteligencia artificial y productos sanitarios, por la legislación sanitaria y por los protocolos internos de uso. Además, todas las herramientas se someten a procesos de validación técnica, evaluación clínica y supervisión antes de su despliegue.
P. Cuando habláis de «anticiparse» con IA, ¿qué vais a hacer primero, con qué datos lo haréis y cómo comprobaréis que es seguro y no discrimina?
R. En una primera fase, queremos utilizar la IA para mejorar la planificación y detectar antes posibles riesgos en determinados pacientes, siempre como herramienta de apoyo a los profesionales.
Para ello, trabajaremos con datos clínicos ya existentes en el sistema sanitario, debidamente protegidos y tratados conforme a la normativa vigente. Todas las herramientas se validan antes de su uso, se supervisan de forma continua y nunca sustituyen el criterio del profesional.
P. ¿Qué métricas de impacto usarán para la ciudadanía y para profesionales? ¿qué objetivos numéricos se comprometen a alcanzar en 2026, 2027 y 2028?
R. El Plan incorpora un modelo formal de seguimiento.
Para la ciudadanía, mediremos principalmente ámbitos como accesibilidad, tiempos, participación y experiencia basándonos, por ejemplo, en el incremento anual de usuarios activos en la Tarjeta Sanitaria Virtual y el Portal del Paciente, la tasa de participación en programas de cribado digitalizados, la reducción de tiempos de espera en los ámbitos donde se apliquen modelos predictivos o los niveles de satisfacción ciudadana mediante indicadores PREMs y PROMs.
Para los profesionales, los indicadores estarán vinculados a integración, eficiencia y seguridad clínica, a través del número de centros integrados en la Historia Clínica Unificada, los tipos de información clínica ya interoperables, el despliegue de escritorios clínicos por procesos y especialidades o el número de pacientes incluidos en programas de monitorización domiciliaria, entre otros datos.
P. La Tarjeta Sanitaria Virtual como ‘superapp’: ¿Qué nuevos servicios entran primero? ¿qué quedará para después? ¿cómo garantizarán que la expansión no genere una brecha digital?
R. La Tarjeta Sanitaria Virtual está evolucionando de forma progresiva. En el primer cuatrimestre tenemos previsto incorporar funcionalidades muy orientadas a afianzar la mejora de la información y la autonomía del ciudadano y en el segundo cuatrimestre avanzaremos hacia servicios de acompañamiento (un asistente virtual o un programas de seguimiento domiciliario).
Para evitar la brecha digital, cada nueva funcionalidad pasa por un análisis previo de accesibilidad y usabilidad. Además, la aplicación no sustituye los canales tradicionales, es un complemento. Mantenemos la atención presencial y telefónica para garantizar que ningún ciudadano quede excluido.
P. Se menciona Portal del Paciente web: ¿Qué funciones tendrá cada canal? ¿cómo será la autenticación? ¿qué estrategia habrá para notificaciones ‘inteligentes’ sin caer en alertas irrelevantes?
R. El Portal del Paciente web ofrecerá las mismas funcionalidades y servicios que la TSV, pero adaptados al contexto de uso. El objetivo es que el ciudadano elija cómo y desde qué dispositivo quiere relacionarse con el sistema sanitario.
El acceso al Portal se podrá realizar mediante sistemas de seguridad habituales: usuario y contraseña de la Tarjeta Sanitaria Virtual, el sistema Identifica, el certificado digital, el DNI electrónico y Cl@ve permanente.
Respecto a las notificaciones, queremos solo comunicar información relevante relacionada con su proceso asistencia, como la disponibilidad de nuevos resultados de pruebas o recordatorios de cita. Y siempre con el consentimiento expreso del ciudadano.
P. En la monitorización domiciliaria, ¿qué dispositivos y flujos se usarán? ¿quién revisa los datos? ¿qué capacidad real existe para responder sin saturar a los equipos?
R. La monitorización domiciliaria, los dispositivos que se integren dependerán del perfil clínico del paciente (medidores de glucosa, tensiómetros, pulsioxímetros). Los datos que vayan enviando de forma automática quedan registrados en la plataforma de monitorización y se integran en la historia clínica del paciente para ser analizados por el sistema bajo reglas clínicas previamente definidas.
Cada programa establece sus protocolos para que cuando se detecta una anomalía relevante, el sistema genere una alerta que revisa el equipo responsable del seguimiento, permitiendo una intervención temprana si es necesario. Este modelo está orientado para evitar la saturación, porque se escalan aquellas situaciones que requieren actuación clínica.
P. Los escritorios clínicos personalizados: ¿A qué os referís con “personalizado” en la práctica y cómo evitarán que sean otra capa más de pantalla y clics?
R. Cuando hablamos de «escritorios clínicos personalizados» nos referimos a que no todos los profesionales necesitan ver lo mismo ni en el mismo orden cuando atienden a un paciente.
Por ejemplo, para un alergólogo puede ser prioritario que lo primero que aparezca sean las alergias y antecedentes inmunológicos; para un oncólogo, los tratamientos activos y las pruebas de imagen; y para un médico de familia, la visión completa y longitudinal del paciente.
Precisamente, se trata de reducir pantallas y clics y, en consecuencia, reducir el tiempo de los profesionales en la búsqueda de información que podrán dedicar a la atención directa al paciente.