Ola de calor: por qué nuestra Sanidad «no está preparada» si es una amenaza cada vez más grave

El presidente de Sespas, Eduardo Satué, desgrana en Gaceta Médica las carencias de nuestros sistemas de salud para combatir las cada vez más habituales olas de calor

El calor excesivo sigue siendo una grave amenaza para la salud pública en España. Cada año, alrededor de 8.000 personas mueren en nuestro país, debido a fenómenos meteorológicos extremos, siendo las olas de calor uno de los principales factores detrás de estas muertes. Aunque las altas temperaturas son un fenómeno común en el verano español, la creciente frecuencia y duración de estos episodios están provocando un impacto significativo en la salud de los ciudadanos. Expertos como Eduardo Satué, presidente de Sespas, advierten que, aunque «se están empezando a tomar algunas medidas», el sistema sanitario aún no está adecuadamente preparado para enfrentarse a estos eventos climáticos cada vez más recurrentes.

En sus declaraciones para Gaceta Médica, Satué destacó que, a pesar de la experiencia acumulada en el país con las olas de calor, no estamos listos para mitigar sus efectos. «No, la verdad es que no estamos preparados. La realidad es que las medidas que se tienen que tomar, se están empezando a tomar algunas, pero todavía estamos lejos de estar bien preparados». A su vez, señaló que, «de las medidas que se tienen que tomar, se están empezando a tomar algunas, pero todavía estamos lejos de estar bien preparados».

El presidente de Sespas subraya que las olas de calor en España, especialmente en ciertas regiones, han sido una constante, pero ahora la situación se complica debido al aumento en su frecuencia y duración. Satué explicó que «estamos empezando a ver que el calor ya no solo afecta a las zonas tradicionales de olas de calor, sino que se está extendiendo y durando más tiempo». A pesar de que los recursos tradicionales, como las recomendaciones sobre cuidados personales, están bien asentados en el imaginario colectivo, Satué advierte que no basta con estos enfoques.

Una de las principales preocupaciones del experto es el fenómeno de las islas climáticas, que son áreas urbanas donde el calor se concentra debido a la falta de vegetación y la alta densidad de edificios. Este fenómeno afecta principalmente a las ciudades, donde las personas sin acceso a aire acondicionado sufren más intensamente las altas temperaturas. Satué comentó que «las ciudades, concentradas de cemento y tráfico, son más vulnerables a este tipo de situaciones. Las instalaciones urbanas deben adaptarse para mitigar este impacto».

Satué también criticó la falta de políticas eficaces para abordar este problema a nivel estatal. También, señaló que, a su juicio, una es necesaria una estrategia más robusta para proteger a los grupos más vulnerables, como son las personas mayores y los pacientes con enfermedades crónicas.

En cuanto a la gestión del impacto del calor en la salud, Satué hizo hincapié en la importancia de una gestión eficiente de los recursos hídricos. «Tenemos que cambiar nuestra forma de gestionar el agua, tanto a nivel personal como industrial y agrícola, donde se concentra el mayor consumo de agua dulce», indicó. Además, enfatizó la necesidad de coordinar mejor las agencias meteorológicas con los sistemas de salud pública para anticiparse a las olas de calor, especialmente en lo que respecta a la atención a los pacientes más frágiles, como los de enfermedades crónicas.

Una medida esencial, según Satué, es la creación de un sistema de alerta sanitaria más efectivo. «Las olas de calor no solo afectan a las personas directamente, sino que agravan patologías crónicas. Es crucial que los sistemas de salud estén preparados para atender a las personas más vulnerables durante estos períodos extremos», concluyó. La falta de un entorno adecuado para muchas personas mayores y frágiles, que a menudo viven solas y sin aire acondicionado, agrava la situación, por lo que los servicios sociales y asistenciales deben involucrarse de manera más activa.

Finalmente, Satué destacó ejemplos innovadores que ya se están implementando en algunas ciudades, como las superislas en Barcelona, diseñadas para reducir el tráfico y aumentar las zonas verdes. Estas iniciativas pueden ayudar a reducir las temperaturas urbanas, pero el presidente de Sespas insiste en que se necesita un cambio más profundo en la forma en que gestionamos las ciudades y la salud pública para enfrentar eficazmente las olas de calor, que cada vez son más frecuentes debido al cambio climático.


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