El Grupo Técnico Asesor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la Composición de la Vacuna contra la COVID-19 (TAG-CO-VAC) ha actualizado sus recomendaciones para los fabricantes de vacunas y autoridades sanitarias, instando a mantener el uso de formulaciones monovalentes basadas en los linajes JN.1 o KP.2 como antígenos vacunales apropiados, al tiempo que reconoce al antígeno LP.8.1 como una alternativa adecuada. Esta decisión se produce tras la evaluación más reciente del comportamiento genético, antigénico y epidemiológico del SARS-CoV-2, en un contexto de persistente circulación global del virus.
Desde su aparición, el SARS-CoV-2 ha seguido evolucionando de manera sostenida, con mutaciones significativas en la proteína de pico, principal diana inmunológica. A partir de mayo de 2025, todas las variantes circulantes derivan del linaje JN.1. Entre ellas, la Variante Bajo Monitoreo LP.8.1 ha mostrado un crecimiento sostenido en prevalencia, mientras que otras, como KP.3, XEC o LB.1, tienden a disminuir.
De acuerdo con este grupo, el análisis de inmunogenicidad en modelos animales y en humanos ha demostrado que las vacunas monovalentes JN.1 o KP.2 generan respuestas robustas de anticuerpos neutralizantes con reactividad cruzada frente a la mayoría de los linajes descendientes del JN.1, incluyendo KP.3.1.1, XEC, LP.8.1 y LF.7.2.
No obstante, se han observado títulos de neutralización modestamente inferiores frente a LP.8.1 en comparación con los antígenos homólogos. Por su parte, la formulación basada directamente en LP.8.1 ha mostrado igual o mayor amplitud de respuesta cruzada frente a variantes derivadas de JN.1, tanto en animales como en humanos.
La OMS subraya que las vacunas basadas en antígenos JN.1 o KP.2 continúan siendo adecuadas para su uso en campañas de vacunación, y alerta que no debe retrasarse la inmunización a la espera de vacunas con composiciones actualizadas. Asimismo, destaca que las actuales estimaciones de efectividad vacunal (rVE) se basan en la protección relativa adicional en personas previamente inmunizadas o infectadas. De hecho, estudios preliminares apuntan a una protección mejorada durante los primeros tres a cuatro meses posteriores a la vacunación con estas formulaciones.
Las vacunas son clave ante la disminución de datos
A pesar de los avances, el TAG-CO-VAC reconoce varias limitaciones. La notificación de casos, hospitalizaciones y muertes ha disminuido significativamente en muchos países, lo que limita la capacidad para inferir tendencias epidemiológicas precisas. A ello se suman deficiencias en la vigilancia genómica, con escaso número de secuencias disponibles y limitada diversidad geográfica. La organización reafirma el papel clave de redes colaborativas como CoViNet y el SMVGI para fortalecer la vigilancia global.
Además, aunque los títulos de anticuerpos neutralizantes son considerados buenos correlatos de protección, los datos sobre otras facetas del sistema inmunitario, como la inmunidad celular, siguen siendo escasos. También es limitada la información sobre inmunogenicidad y rVE para todas las plataformas vacunales disponibles y frente a todas las variantes circulantes.
En términos clínicos, la COVID-19 continúa siendo una amenaza significativa para la salud pública mundial. En lo que llevamos de 2025 el virus ha seguido causando enfermedad grave y fallecimientos, especialmente entre personas mayores de 65 años y aquellas con comorbilidades. Algunos países han reportado un incremento proporcional de hospitalizaciones y muertes en menores de un año, aunque siguen representando una fracción minoritaria del total.
En este contexto, el TAG-CO-VAC mantiene su compromiso de seguimiento constante de la evolución genética y antigénica del SARS-CoV-2, así como del rendimiento de las vacunas. La organización continúa evaluando datos de efectividad, inmunogenicidad y vigilancia para asesorar sobre futuras modificaciones en la composición antigénica de las vacunas contra la COVID-19.