La oncología reclama que los 4.000 millones del Plan Europeo contra el Cáncer se traduzcan en resultados clínicos

Expertos de la SEOM y la Fundación ECO respaldan el aviso del organismo fiscalizador y urgen a definir metas clínicas antes de 2027 para evitar que la falta de métricas diluya el impacto real de la inversión en los pacientes

El Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer (EBCP) nació con la ambición de ser el punto de inflexión definitivo en la salud pública del continente. Sin embargo, un demoledor informe del Tribunal de Cuentas Europeo (TCE) ha puesto de manifiesto una fragilidad estructural que pone en riesgo su eficacia: la falta de indicadores cuantificables. Con una inversión prevista de 4.000 millones de euros, el organismo fiscalizador advierte de que el plan se enfrenta a un «futuro incierto» si no se establece, antes de 2027, un marco sólido de evaluación que permita medir el impacto real en los pacientes.

Ante este escenario, la comunidad oncológica española ha reaccionado con firmeza. Voces como las de Javier de Castro, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), y Jesús García Foncillas, presidente de la Fundación ECO, coinciden en declaraciones a Gaceta Médica en que la ambición política debe aterrizar en datos tangibles para evitar que el plan se convierta en un mero ejercicio administrativo.

¿A dónde van los fondos?

El informe del TCE destaca que, de los 17 subobjetivos que componen el plan, solo seis cuentan con metas cuantificables, como la reducción del consumo de alcohol en un 10% para 2025 o alcanzar una «Generación sin Tabaco» en 2040. Para el resto, el vacío métrico es absoluto.

Desde la Fundación ECO, Foncillas subraya la gravedad científica de esta carencia. «La preocupación es científicamente fundamentada. La literatura en servicios de salud es inequívoca: lo que no se mide, no se puede mejorar. El marco conceptual de Donabedian (estructura → proceso → resultado) sigue siendo el estándar de referencia en oncología, y la ausencia de indicadores de resultado rompe esta cadena causal», afirma con contundencia.

Foncillas advierte que «cuando los financiadores no pueden atribuir resultados clínicos a inversiones específicas… los recursos fluyen hacia actividades visibles (infraestructuras, equipamiento) en detrimento de intervenciones de mayor impacto clínico pero menor visibilidad política, como el soporte psicooncológico, la continuidad asistencial o la medicina de precisión en segunda línea».

Los datos como «herramienta clínica», no solo administrativa

Javier de Castro, presidente de la SEOM, coincide en la necesidad de transformar la percepción de la recogida de datos. Para él, no se trata de un control burocrático, sino de una necesidad asistencial. «El aporte de datos no solo es algo que a lo mejor se mira a veces, como un ejercicio administrativo, como un ejercicio puramente de control, sino que hay que verlo más como una herramienta clínica. Lo que no medimos, no lo podemos mejorar», explica.

De Castro señala áreas críticas donde la falta de información es especialmente dañina. «En cáncer tenemos que mejorar saber cómo hacemos el diagnóstico, saber cómo los sistemas de adherencia a los programas de cribado y detección precoz… Realmente cuando se habla del acceso a fármacos… la única forma de saber si los nuevos fármacos aportan un valor real más allá del que se ha visto en ensayos clínicos es mediante datos de vida real«.

Javier de Castro, presidente de la SEOM

El objetivo de 2030: ¿Centros integrales reales o «maquillaje estadístico”?

Uno de los hitos clave del Plan Europeo es garantizar que el 90% de los pacientes elegibles tengan acceso a centros oncológicos integrales nacionales para 2030. Aunque España parte de una buena posición, el escepticismo sobre cómo se medirá este logro es evidente.

Desde la Fundación ECO, se advierte que el indicador podría cumplirse de forma vacía. «El riesgo real es que el indicador se cumpla formalmente —mediante acreditaciones de menor nivel o redefinición laxa del concepto de ‘elegible’— sin que el acceso real a atención de alta complejidad mejore sustancialmente», señala Foncillas. Además, insiste en que para que este acceso sea efectivo, se necesitan «protocolos de derivación estandarizados, financiación del desplazamiento y mecanismos de coordinación entre niveles asistenciales que el EBCP no regula directamente».

Sin indicadores vinculantes, el temor es que los objetivos europeos se conviertan en «ejercicios de reporting sin consecuencias para la gestión», lo que validaría la advertencia del Tribunal de Cuentas sobre la debilidad del marco de supervisión.

Las métricas «irrenunciables» para salvar el Plan

Para que el marco de supervisión que el TCE reclama para antes de 2027 sea útil, los expertos proponen una batería de indicadores que van mucho más allá de las estadísticas generales de mortalidad.

  1. Resultados clínicos y supervivencia. Foncillas destaca que la «supervivencia neta a 5 años estratificada por tumor, estadio al diagnóstico y nivel socioeconómico» es el indicador de mayor valor comparativo. También propone medir el tiempo hasta el diagnóstico definitivo como un «proxy validado de eficiencia sistémica».
  2. La voz del paciente (PROMs y PREMs): La calidad de vida es un indicador irrenunciable. «Sin ellos (los datos), es imposible distinguir si una intervención aumenta la supervivencia a costa de una morbilidad inaceptable, o si la experiencia asistencial se deteriora a pesar de buenos resultados oncológicos».
  3. Equidad y acceso. Javier de Castro pone el foco en la necesidad de medir el «acceso equitativo de los pacientes al diagnóstico y al tratamiento». Esto incluye la disponibilidad de biomarcadores y el acceso a ensayos clínicos, indicadores que para la Fundación ECO deben estar desagregados por área geográfica y nivel socioeconómico para no ampliar las desigualdades existentes.
  4. Eficiencia e innovación. También proponen medir el «gasto oncológico por año de vida ajustado por calidad (AVAC) ganado» y el tiempo desde la aprobación regulatoria de un fármaco hasta su acceso clínico efectivo.

2027: una ventana de oportunidad para no perder fondos

El Tribunal de Cuentas ha dado de plazo hasta 2027 para establecer este sistema de seguimiento integral. Aunque el impacto en la mortalidad no sea visible hasta 2040, De Castro insiste en que “para 2027 ya se pueden ofrecer indicadores de proceso con impacto a medio plazo. Indicadores de acceso a los sistemas de detección precoz o los tiempos a tratamiento… por ejemplo, desde que el paciente se diagnostica hasta que tiene un test genético que es necesario para su estudio», explica De Castro. No obstante, lanza un aviso a los gestores políticos: «Hay que tomar a veces medidas a medio plazo que a lo mejor no entran dentro de su periodo de mandato, pero que tienen impacto real a largo plazo«. Para los expertos la urgencia es máxima, no solo por la salud de los pacientes, sino por la supervivencia financiera del propio plan.

Javier de Castro, presidente de la SEOM

En definitiva, Europa marca el rumbo y ofrece los fondos, pero “solo una cultura de la cuantificación permitirá garantizar que el ambicioso Plan Europeo contra el Cáncer no se quede en una declaración de intenciones, sino en una realidad que salve vidas y reduzca las desigualdades en el acceso a la sanidad”.


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