La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado un nuevo informe en el que reconoce que, tras cinco años de investigaciones, no es posible confirmar ni descartar un accidente de laboratorio como origen del SARS-CoV-2. El documento, elaborado por el grupo SAGO, admite que faltan datos clave para llegar a una conclusión definitiva y lamenta que las autoridades chinas no hayan proporcionado acceso completo a la información solicitada sobre sus laboratorios y sobre los animales comercializados en el mercado de Huanan.
En este sentido, el informe subraya que, aunque el escenario más respaldado sigue siendo la transmisión zoonótica (el salto del virus de animales a humanos) el hecho de no contar con pruebas concluyentes impide zanjar el debate. La falta de acceso a información primaria, como secuencias genómicas tempranas o registros sanitarios de los trabajadores del Instituto de Virología de Wuhan, mantiene abiertas tanto la hipótesis del salto natural como la del escape accidental.
Para el virólogo Estanislao Nistal, profesor de Microbiología de la Universidad CEU San Pablo, «lo más probable es que sea un virus zoonótico que ha salido de unos animales», en base a los estudios realizados desde hace años sobre coronavirus en murciélagos. «la evidencia o el dato más cercano está en el análisis de las secuencias del SARS-CoV-2, o por lo menos del primer SARS-CoV-2, que se han obtenido de murciélagos que se han ido atrapando entre 2003 y 2019, donde hay alguna secuencia bastante cercana», afirma. En su opinión, el ciclo natural del virus (murciélago, hospedador intermedio, humano) encaja mejor con los datos que se conocen hasta la fecha.
Nistal recuerda que ya en el primer año tras el brote en el mercado de Wuhan se intentó obtener muestras de los animales implicados, pero cuando los investigadores llegaron «el mercado estaba limpio y los animales habían desaparecido». De ahí que los datos disponibles se limiten a muestras ambientales de algunos puestos, lo que reduce las posibilidades de trazar el origen con precisión. «Me da la impresión de que es más de lo mismo”, lamenta el experto, en referencia al nuevo informe de la OMS.
Respecto a la hipótesis del laboratorio, Nistal también es claro: «Es poco probable que sea un virus que se ha escapado del laboratorio», sobre todo porque los centros de bioseguridad de ese nivel tienen controles estrictos. Aun así, admite que, sin «la evidencia del delito» no se puede descartar del todo ninguna posibilidad. Pero insiste: «La historia de creación en un laboratorio, para mí, es lo menos probable».
Finalmente, el virólogo destaca que la importancia de conocer el origen del virus radica en un interés, no solo científico, sino sino más bien político. Saber qué animal fue el reservorio o cómo se produjo el salto a humanos permitiría diseñar estrategias preventivas. «Esto puede ayudar a desarrollar vacunas o antivirales frente a otros coronavirus similares que estén en circulación», concluye Nistal, apelando al enfoque One Health como clave para anticipar futuras pandemias.