En un momento clave para el futuro del sistema sanitario, el consejero de Salud de Cantabria, César Pascual Fernández, desgrana en esta entrevista exclusiva con Gaceta Médica las principales líneas estratégicas que marcarán el curso de 2025. La sostenibilidad, la salud digital, la reordenación de la atención rural y la apuesta por una sanidad centrada en resultados son algunos de los ejes que definen su hoja de ruta. Pascual reivindica una mayor implicación autonómica en las reformas estatales y defiende el modelo cántabro como ejemplo de equilibrio, eficiencia e innovación en un contexto de transformación profunda.
Pregunta. ¿Cuáles son las principales líneas de trabajo que está llevando a cabo la Consejería para este nuevo curso? ¿Cuáles son los principales retos y desafíos para acometer este 2025?
Respuesta. Las líneas de trabajo van de la mano de los desafíos, porque precisamente lo que pretendemos es eso: afrontar los retos que tenemos este año dentro del programa previsto para la legislatura. Lógicamente, mejorar los tiempos de espera de los pacientes requiere un esfuerzo organizativo muy importante, ya que se trata del principal reto desde el punto de vista estructural. Para nosotros, supone un cambio cultural radical.
El siguiente desafío, en esta misma línea de trabajo, es aprovechar el proceso de digitalización. Tenemos en marcha un ambicioso plan de salud digital y nuestro objetivo es que esta transformación no se limite a la incorporación de tecnología, sino que genere cambios significativos en el sistema. Todo ello con un enfoque especial en la atención en el medio rural. Creemos que la tecnología puede dotarnos de herramientas que faciliten el acceso a los servicios sanitarios desde casa o desde los consultorios rurales. Y en ello estamos trabajando.
Acabamos de aprobar una ley de simplificación administrativa y, por tanto, uno de los retos de este año es desburocratizar el sistema sanitario para mejorar su eficiencia. Esta ley, aunque es una iniciativa del Gobierno, nos afecta directamente.
También trabajamos para garantizar la equidad en todo el territorio, y para ello estamos desarrollando una cultura de colaboración entre los distintos servicios asistenciales. Tradicionalmente, estos servicios se han centrado en sus propias áreas de salud, funcionando casi como islas, como territorios independientes. Nuestro objetivo es promover una cultura de alianzas estratégicas entre las diferentes áreas, de modo que, en aquellos lugares con difícil cobertura o con dispersión geográfica —porque, aunque Cantabria es pequeña, en sus 5.000 km² alberga 26 puertos de montaña—, se logre un apoyo mutuo y eficaz entre todos.
P. ¿Qué desafíos considera más urgentes para el futuro del sistema sanitario cántabro y qué estrategias se están desarrollando para garantizar su sostenibilidad?
R. Estamos implantando una cultura basada en la implicación de los profesionales con los resultados, no únicamente con los procesos. No se trata solo de que realicen correctamente sus tareas, sino de que asuman que la salud debe centrarse en el valor que aporta al ciudadano. Por ello, estamos destinando recursos a esta finalidad, ya que se trata de una estrategia orientada a obtener resultados, a generar valor.
El objetivo es pasar de una cultura centrada en el gasto —"necesito un profesional más", "necesito un aparato nuevo"— a una política basada en resultados: "vamos a mejorar los indicadores de diabetes", "vamos a avanzar en el diagnóstico precoz", "vamos a reducir las bajas laborales", etc.
Creemos que inculcar esta cultura, junto con la incorporación de herramientas y procesos basados en inteligencia artificial, es lo que nos permitirá mejorar tanto nuestros indicadores de gestión como los indicadores económicos. La sanidad, como todos saben, representa un gasto muy elevado, pero tenemos la obligación de ser eficientes.
P. Aspectos tan relevantes como la atención primaria o el aumento de las listas de espera son algunos de los temas que más preocupan a los profesionales sanitarios. ¿Qué medidas se deberían implementar en estos ámbitos para mejorar la situación que se vive actualmente?
R. Tenemos una peculiaridad en cuanto a la Atención Primaria: contamos con un sistema excelente y una cobertura muy amplia. No tenemos vacantes; todas las plazas están cubiertas, y la presión asistencial, tanto en número de cupos como de consultas diarias, no supera en ningún caso las 35. Además, nuestros profesionales están bien remunerados.
Esto no significa que no tengamos dificultades, como ocurre en todas partes, a la hora de encontrar sustitutos para cubrir bajas o vacaciones. Sin embargo, es cierto que todos nuestros centros de salud y consultorios cuentan con plantilla completa. Esto nos permite una distribución razonable de la carga de trabajo y agendas equilibradas, sin llegar a situaciones de 40, 50 o 60 pacientes diarios.
En Atención Primaria, nuestro gran desafío es la sanidad rural. En municipios con alto riesgo de despoblación, comenzamos a tener problemas para mantener cupos suficientes que justifiquen la presencia de médicos. Por tanto, el gran reto es reorientar la sanidad rural con un enfoque diferente al tradicional, porque cuando la población disminuye significativamente, resulta inviable mantener la figura del médico a jornada completa o con presencia diaria. Esta reorganización es clave. Creemos que estamos en una buena posición para abordarla, ya que, al no tener dificultades de plantilla, podemos trabajar de forma colaborativa con los profesionales para rediseñar el modelo.
En cuanto a las listas de espera, si bien teníamos cifras elevadas, las demoras no eran tan significativas. Tras ocho años de crecimiento ininterrumpido, hemos conseguido estabilizarlas y comenzar a reducirlas. No tan rápido como desearíamos, pero ya existe una tendencia clara a la baja, consolidada desde hace un año. Estamos realizando un esfuerzo muy importante: por ejemplo, el año pasado incrementamos en un 14 % la actividad quirúrgica propia.
P. ¿Se están desarrollando nuevas estrategias para hacer frente a los problemas de salud mental, especialmente en jóvenes y adolescentes?
R. Sí, acabamos de poner en marcha una nueva unidad de salud mental infantojuvenil en unas instalaciones renovadas del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, que inauguré hace aproximadamente un mes. Además, estamos incrementando el número de profesionales en estas unidades, especialmente psiquiatras infantojuveniles, una figura aún escasa debido a que se trata de una especialidad relativamente reciente. Aun así, estamos logrando captar profesionales.
Contamos con un plan de salud mental que actualmente se encuentra en proceso de revisión dentro del nuevo plan de salud, y que dedica una parte muy relevante a la salud mental infantojuvenil. En breve, abriremos una nueva unidad de hospitalización en el Hospital de Sierrallana, lo que nos permitirá completar el mapa de atención y reforzar la psiquiatría comunitaria.
Además, hemos puesto en marcha un programa de incorporación de psicólogos en los centros de salud. A lo largo de esta legislatura los iremos incorporando progresivamente, dentro de un programa específico para el abordaje de trastornos mentales no graves en atención primaria. Esto nos permitirá evitar que casos que pueden ser atendidos desde otros recursos lleguen a la red de salud mental especializada. Por otro lado, contamos con un plan específico de prevención y abordaje de la conducta suicida, que ha recibido numerosos reconocimientos.
P. La vacunación es uno de los temas más importantes en sanidad. ¿Cómo ha sido la campaña de vacunación de este año frente a gripe, COVID, VRS, etc.? ¿Qué porcentaje de cobertura hay en los distintos colectivos? ¿Y entre los sanitarios?
R. La campaña de vacunación ha transcurrido de forma satisfactoria, aunque no nos ha dejado completamente satisfechos. En la población mayor de 60 años hemos alcanzado una cobertura del 54,78%. En comparación con otros países, no es un mal dato, pero nos hemos quedado por debajo del objetivo marcado. Por eso, este año vamos a modificar las estrategias para mejorar la cobertura en este grupo.
El dato que más nos ha frustrado ha sido el de la población infantil respecto a la vacunación frente a la gripe. Esperábamos una respuesta más elevada, pero nos hemos quedado en un 51,26%. Tradicionalmente, los padres no suelen tener reparos en vacunar a sus hijos frente a distintas enfermedades, pero con la gripe parece que no logramos alcanzar el mismo nivel de aceptación. También en este caso vamos a replantear la estrategia, con el objetivo de sensibilizar a las familias sobre la importancia de vacunar a los niños frente a la gripe.
En cuanto a los profesionales sanitarios, la cobertura ha sido del 43,67%, una cifra que, personalmente, considero baja. Nuestro objetivo es seguir reforzando el trabajo con este colectivo. La respuesta ha sido positiva en atención primaria, pero donde hemos encontrado una menor acogida ha sido en los hospitales. Por eso, este año centraremos el esfuerzo en ese ámbito.
En lo que respecta a la vacunación frente a la COVID-19, es donde más se ha notado el agotamiento de la población. La cobertura en mayores de 60 años ha sido del 33%, un porcentaje claramente insuficiente. Resulta curioso que estos datos no se correspondan con los de la gripe: muchas personas aceptaron la vacuna de la gripe, pero rechazaron la de la COVID, a pesar de que ambas se ofrecían de manera conjunta.
P. ¿Cuáles son los planes del Departamento de Salud para mejorar la prevención y el tratamiento de enfermedades crónicas en la población cántabra?
R. Estamos revisando en profundidad todo este enfoque. En aproximadamente un mes presentaremos el Plan de Salud de Cantabria 2025-2029. En esta ocasión, no hemos optado por una estrategia específica para el abordaje de la cronicidad, como se hacía anteriormente, sino que hemos integrado el tratamiento de las enfermedades crónicas de forma transversal e integral en todas las líneas del plan.
El plan se estructura en seis líneas estratégicas. Una de ellas es “Salud en todas las políticas”, que implica incorporar la perspectiva de salud en ámbitos como la educación, el empleo o el medio ambiente. Otra es “Salud en las personas”, que centra toda nuestra atención en el paciente y refuerza especialmente la atención primaria. También se incluye el enfoque de resultados en salud, al que ya me he referido anteriormente.
Las enfermedades crónicas, por tanto, se abordan de forma transversal en todo el plan. Queremos implicar a los pacientes como agentes activos, promoviendo una mejora en el comportamiento relacionado con el autocuidado. Por ejemplo, la figura del paciente experto puede ser clave para ayudar a otras personas con enfermedades crónicas a aprender a cuidarse mejor. Naturalmente, la tecnología también tendrá un papel fundamental en este proceso.
P. ¿Qué propuestas concretas ha planteado la Consejería de Salud de Cantabria al Ministerio de Sanidad para mejorar el Estatuto Marco y adaptarlo mejor a la realidad del sistema sanitario cántabro? ¿Qué papel quiere jugar la Consejería en la negociación del Estatuto?
R. Nos gustaría desempeñar un papel activo... pero no nos lo permiten. Mi impresión sobre la reforma del Estatuto Marco que se ha planteado es muy negativa. En primer lugar, por el propio contenido de la reforma, que, en mi opinión, no hace sino consolidar y reforzar un modelo que ya no responde a las necesidades asistenciales del siglo XXI ni a las reales demandas de las organizaciones sanitarias.
Este intento de reforma supone una renuncia a transformar el sistema. Es un síntoma de claudicación por parte de algunos y de falta de liderazgo por parte de otros. Tal y como está concebida, la reforma no permitirá adaptar el sistema a la realidad de los servicios de salud. Su único enfoque es el de las relaciones laborales, dejando de lado el verdadero propósito del Sistema Nacional de Salud: el paciente y sus necesidades asistenciales.
Ahora bien, no quiero que se malinterprete: no estoy en contra de que los profesionales mejoren sus condiciones laborales. Al contrario, deseo que así sea, porque unas mejores condiciones contribuyen a tener profesionales más satisfechos. Pero estas mejoras pueden y deben lograrse a través de modelos diferentes, más ajustados a la realidad actual.
P. ¿Cómo afectará la nueva clasificación profesional propuesta en el Estatuto Marco a los facultativos especialistas de Cantabria? ¿Se prevé algún ajuste para garantizar que esta medida no tenga un impacto negativo en los profesionales?
R. Hemos firmado un acuerdo con los facultativos, con los médicos, con los agentes sociales y con el Colegio de Médicos. Se trata de un acuerdo amplio que mejora significativamente sus condiciones laborales. Por tanto, la reforma del Estatuto Marco no tendría un impacto relevante en nuestro caso, ya que ese pacto contempla la posibilidad de asumir cualquier cambio legislativo sin perjuicio alguno y, en caso de que suponga una mejora, aplicarlo directamente.
Hemos mejorado notablemente sus retribuciones, horarios y condiciones de trabajo. Por eso entendemos que las reformas del Estatuto no nos afectarán en lo que respecta a los facultativos. Con otros grupos profesionales, sí será necesario adaptarnos a lo que finalmente se apruebe. Y ahí radica otro problema: aún no lo sabemos.
P. En los premios Best in Class (BiC) 2024, la sanidad cántabra fue una de las grandes ganadoras de la gala. El Hospital Marqués de Valdecilla fue galardonado como el mejor hospital de alta complejidad, además de otros seis reconocimientos. ¿Qué supone esto para vosotros?
R. Los premios Best in Class se han convertido en un clásico para el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla durante la última década. Estos reconocimientos tienen un gran valor para los profesionales. No se trata de una carrera por acumular premios y distinciones; lo verdaderamente relevante es la continuidad de estos galardones a lo largo del tiempo.
Esa permanencia indica que existe un sello de excelencia en los distintos servicios y unidades asistenciales. El hecho de que, año tras año, no solo se obtengan premios, sino que además el hospital figure entre los finalistas, refleja el compromiso con la calidad por parte de sus profesionales.
P. ¿Cómo prevé Cantabria que el nuevo Real Decreto sobre precio y financiación de medicamentos afecte a la sostenibilidad económica del sistema sanitario cántabro? ¿Qué mejoraría del Real Decreto?
R. Bueno, aquí nos ocurre algo similar: el Real Decreto se está elaborando a espaldas de las comunidades autónomas. A día de hoy, aún no podemos anticipar con certeza cuál será su repercusión real. A modo de ejemplo, recientemente no se aprobó la creación de la Agencia de Salud Pública ni una serie de modificaciones en los precios de referencia que estaban previstas. Es decir, se están impulsando regulaciones sin que las comunidades autónomas tengamos conocimiento de ellas.
Aun sin disponer del texto definitivo, compartimos la necesidad de una nueva regulación. Eso está claro. Existen numerosos aspectos que no fueron contemplados en su momento y que, a estas alturas, deben quedar reflejados en la nueva legislación. Algunos de ellos derivan del crecimiento exponencial del desarrollo farmacéutico: hemos incorporado terapias avanzadas, anticuerpos monoclonales, terapias biológicas…
Todo ello obliga a repensar y actualizar los criterios de inclusión, los procedimientos de fijación de precios y las modalidades de pago. Si no adaptamos el decreto a esta nueva realidad, nos enfrentaremos a crecientes dificultades y a un mayor retraso en la toma de decisiones sobre la incorporación de nuevos medicamentos. Esta es, precisamente, una de las críticas más frecuentes: que se tarda demasiado en incorporarlos.
No es el caso de Cantabria. Aquí sí apostamos por la innovación. Contamos con acuerdos con la industria que nos permiten utilizar un medicamento antes de que se fije oficialmente su precio, y retomamos el acuerdo una vez este se publica. Pero es cierto que, en el conjunto del país, los plazos son excesivamente largos. Y si no se aprueba un nuevo decreto, la situación no cambiará.
Desde el punto de vista de la sostenibilidad, si no regulamos adecuadamente, lo único que conseguiremos será aumentar la tensión financiera. Es fundamental tener claro cómo se fijan los precios, cómo se pagan y cómo se incorporan modalidades contractuales como el pago por resultados.
P. Dado que el Real Decreto busca promover la transparencia en la fijación de precios, ¿qué medidas específicas implementará la Consejería para garantizar un acceso equitativo a los tratamientos más innovadores para la población cántabra?
R. Nosotros ya contamos con ese sistema. Hemos establecido un procedimiento corporativo de acceso a la innovación farmacéutica que garantiza la equidad para toda la población. Aquí existe una única vía de acceso, independientemente del centro, del hospital o del profesional que atienda al paciente: el Comité Corporativo de Farmacia.
Se trata de un comité en el que participan activamente los profesionales clínicos y en el que, a diferencia de otros comités de farmacia, el número de clínicos supera al de farmacéuticos. Los clínicos están plenamente integrados en el proceso. Este órgano colegiado se reúne cada tres semanas y asegura una respuesta no solo equitativa, sino también ágil a las solicitudes de los profesionales.
Además, no es un comité dedicado a elaborar protocolos o algoritmos, sino un espacio de debate con los profesionales clínicos para, de forma corporativa, evaluar y aceptar la incorporación de innovaciones terapéuticas.