Las temperaturas récord de los últimos veranos no son un fenómeno aislado. Las olas de calor se han convertido en una constante estacional con consecuencias cada vez más graves. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cambio climático provocará aproximadamente 250.000 muertes adicionales anuales entre 2030 y 2050 si no se toman medidas adecuadas. En España, el calor extremo es ya la principal causa de mortalidad atribuida al cambio climático, superando incluso otros riesgos como las inundaciones o las sequías.
Solo en los últimos tres años, más de 9.800 personas han fallecido en España por causas relacionadas con el calor: 4.813 en 2022, 3.009 en 2023 y 2.012 en 2024. Muchas de estas muertes son “silenciosas”, es decir, no provocadas directamente por golpes de calor, sino por la descompensación de enfermedades crónicas como diabetes, problemas respiratorios o patologías cardiovasculares, que se agravan con las altas temperaturas.
Frente a esta amenaza, el Ministerio de Sanidad ha lanzado el Plan Nacional de Calor 2025, una estrategia integral que busca reducir los efectos del calor extremo sobre la población, especialmente en los grupos más vulnerables como personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas, trabajadores al aire libre y personas en situación de exclusión social. “El calor no solo sube la temperatura. También multiplica las desigualdades y empeora la vida de quienes ya viven en condiciones difíciles”, ha afirmado la ministra de Sanidad, Mónica García, durante la presentación del plan. En este sentido, uno de los principales pilares de la estrategia es la integración del enfoque social en las políticas sanitarias.
Desarrollo de herramientas
Entre las acciones clave del plan destaca el desarrollo de la herramienta digital Meteosalud.es, que permite enviar alertas personalizadas según el riesgo climático y sanitario de cada zona geográfica. Asimismo, se han establecido nuevos protocolos de actuación en centros de salud y hospitales, con una vigilancia especial en residencias de mayores y centros de día. También se han habilitado espacios públicos como centros comunitarios, bibliotecas, colegios y centros deportivos como refugios climáticos accesibles para la ciudadanía.
Una de las grandes novedades del Plan de Calor 2025 es la adaptación de los umbrales de alerta sanitaria a la realidad climática de cada territorio. Basado en datos de la AEMET y del sistema Meteosalud, el mapa nacional ahora tiene en cuenta que la tolerancia térmica varía según el clima habitual de cada zona. Por ejemplo, en Molina de Aragón (Guadalajara), se considera ola de calor sanitaria cuando la temperatura supera los 33 °C durante tres días seguidos, mientras que en Ciudad Real, una zona más acostumbrada a veranos cálidos, el umbral se eleva a 38 °C. El objetivo es personalizar las alertas para que sean verdaderamente eficaces y no generen falsas alarmas o desinformación.
Según Laura Ruiz, directora general de Salud Pública de Castilla-La Mancha, estas diferencias regionales reflejan que los seres humanos también tienen cierta adaptación en virtud del entorno en el que viven. “Es importante entender que hay olas de calor meteorológicas y olas de calor sanitarias. Las primeras afectan al riesgo de incendios, pero las segundas tienen impacto directo en la salud humana”, explicó.
Además del impacto físico, el informe de SESPAS y el Plan de Calor subrayan la importancia de abordar también los efectos psicológicos del calor extremo. Las altas temperaturas se han relacionado con aumentos en los niveles de ansiedad, depresión, irritabilidad e incluso en el número de suicidios. La llamada ansiedad climática, que afecta principalmente a los jóvenes, refleja la preocupación creciente por el futuro del planeta y el entorno que los rodea. Por ello, se propone integrar la atención a la salud mental en la respuesta sanitaria al calor, con recursos psicológicos de emergencia y formación específica para los profesionales de atención primaria.
Entorno urbano
El entorno urbano también juega un papel crucial en la adaptación al calor. España cuenta con miles de viviendas sin aislamiento térmico, especialmente en barrios vulnerables o zonas rurales. La falta de sombra, vegetación y materiales reflectantes agrava el efecto de las islas de calor urbanas, donde las temperaturas pueden superar en varios grados las de zonas rurales cercanas. Por esta razón, el plan apuesta por la rehabilitación térmica de viviendas, el aumento de zonas verdes y corredores ecológicos, y la mejora del urbanismo con techos verdes y pavimentos frescos que reduzcan la temperatura ambiente. También se promueve una movilidad más sostenible para reducir la emisión de calor en las ciudades.
En el ámbito laboral, el calor extremo ha tenido consecuencias evidentes. Héctor Tejero, asesor del Gabinete de la Ministra de Sanidad, señaló que las olas de calor han generado un aumento del 10% en las hospitalizaciones y un 17,4% en los accidentes laborales vinculados al calor en los últimos años. Para mitigar estos efectos, se están implementando medidas como horarios laborales adaptados, campañas de concienciación en sectores agrícolas e industriales, y zonas de descanso con sombra e hidratación para trabajadores expuestos a temperaturas extremas.
Cooperación internacional
La cooperación internacional también es clave. España participa en foros europeos e iberoamericanos sobre adaptación climática y comparte buenas prácticas con países con retos similares. Se insiste en que las soluciones al impacto del calor deben involucrar no solo al sector sanitario, sino también a vivienda, medio ambiente, transporte, educación y servicios sociales. El cambio climático exige una respuesta intersectorial y sostenida.
La educación en salud pública es otro de los pilares fundamentales del plan. Se propone formar a los profesionales sanitarios en los efectos del cambio climático sobre la salud, incluyendo la salud mental, y fomentar campañas de información accesibles para toda la ciudadanía. La conciencia social y la prevención son herramientas poderosas para reducir los riesgos y salvar vidas durante los episodios de calor extremo.