Esther Martín del Campo
Madrid
viernes, 23 de febrero de 2018 hLa última convocatoria de formación MIR contempla 63 plazas para futuros especialistas en medicina del trabajo. Una cifra completamente insuficiente para cubrir las necesidades actuales, tal y como remarca a GM Guillermo Soriano Tarín, representante de Servicios de Prevención Ajenos (que integra la Federación de Servicios de Prevención Ajenos y la Asociación Nacional de Entidades Preventivas acreditadas). Soriano recuerda que Sanidad admitió en su informe demográfico de 2011 que esta especialidad estaba entre las que acumulaban un mayor déficit. No obstante, insiste en que en las últimas ocho convocatorias hay una pérdida acumulada de 458 plazas, solo por detrás de medicina de familia.
El especialista destaca los factores que han conducido a esta situación, entre los que subraya la falta de voluntad política y la ausencia de una planificación estratégica y de liderazgo del Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas. Además, añade que la entrada en vigor de un nuevo reglamento de los servicios de prevención en empresas generó un desequilibrio entre la oferta y la demanda que no se logró resolver con el “parche” del proceso Mesto. En la misma línea, alerta de que el número de jubilaciones de médicos laborales ronda las 400 al año. Si a ello se añade, explica, la excelente formación de los médicos del trabajo españoles, no es de extrañar que muchos de ellos se marchen a trabajar a países del entorno, donde “la especialidad de medicina del trabajo goza de un gran prestigio y reconocimiento”.
A la hora de que un licenciado en medicina opte por esta especialidad, Soriano asegura que existe un fuerte componente vocacional. “Los aspirantes con vocación muy asistencial o de áreas quirúrgicas no se plantean optar por la medicina del trabajo. Los profesionales con un perfil más preventivista sí tienen esta opción como una salida profesional atractiva. De hecho, son cada vez más los médicos que optan a una plaza MIR de medicina del trabajo que ya disponen de otra especialidad previa”, añade.
No obstante, asegura que es preciso incluir algunos cambios para conseguir que resulte más atractiva a los futuros especialistas. El experto aboga por incluir en el programa curricular del pregrado de medicina y cirugía, una asignatura de medicina del trabajo. También considera que es urgente resolver el actual modelo de financiación MIR de la especialidad, equiparándola al del resto de especialidades.
La integración de la especialidad dentro del Sistema Nacional de Salud, con al menos un centro de referencia de atención especializada en cada provincia sería un gran punto de apoyo, así como potenciar la colaboración entre el Servicio Nacional de Salud y los Servicios de Prevención de las empresas previsto en el artículo 38 del RD 39/97, ya que en la actualidad es prácticamente inexistente, tal y como subraya Soriano.
Por último, considera que es preciso replantearse la práctica actual de la especialidad, en donde mayoritariamente se dedican “todos los recursos y el tiempo a realizar reconocimientos médicos (la mal llamada vigilancia de la salud), obviando otras áreas de desempeño de nuestra especialidad, altamente motivadoras, como son la promoción de la salud, la investigación, la docencia, la asistencia sanitaria o la valoración del daño corporal y pericial”, concluye.