La Asociación Médica Mundial (AMM) ha aprobado una resolución específica sobre salud mental en la profesión médica, una iniciativa liderada por la Organización Médica Colegial de España (OMC) que busca situar el bienestar psicológico de los facultativos como una prioridad sanitaria y ética a escala internacional.
La declaración fue adoptada este fin de semana durante la Asamblea General de la AMM, celebrada en Oporto, y constituye un hito en la visibilización de un problema creciente que compromete tanto la salud de los profesionales como la calidad de la atención sanitaria. “La sobrecarga asistencial, el agotamiento y el impacto emocional del ejercicio médico no solo comprometen el bienestar de los profesionales, sino también la seguridad del paciente”, advirtió el presidente de la OMC y jefe de la delegación española, Tomás Cobo, quien calificó el documento como “un punto de inflexión”.
La resolución reconoce que los médicos y otros profesionales sanitarios están expuestos a factores de riesgo psicosocial únicos: largas jornadas, presión asistencial, toma de decisiones de alto riesgo, y una exposición constante al sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Estas condiciones pueden derivar en trastornos mentales, abuso de sustancias e incluso ideación suicida. De hecho, la OMS ya advirtió en su Plan de Acción ‘Trabajando por la Salud 2022-2030’ que la precarización y la falta de inversión en los sistemas sanitarios tienen “un efecto directo en la salud física y mental de los trabajadores”, menoscabando su contribución profesional y social.
Frente a este escenario, la AMM reclama una respuesta integral que incluya prevención, detección precoz, atención confidencial y rehabilitación, siempre libre de estigmas. Uno de los modelos de referencia mencionados en la resolución es el Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME), desarrollado en España por la Fundación para la Protección Social de la OMC, con más de 25 años de trayectoria y un índice de éxito superior al 90%.
“La protección de la salud mental del médico es una cuestión de justicia profesional y de sostenibilidad del sistema sanitario. Solo con entornos laborales dignos, apoyo psicológico adecuado y políticas de prevención eficaces podremos dignificar la profesión médica y asegurar sistemas de salud más justos, humanos y de calidad para la ciudadanía”, subrayó Cobo durante la presentación de la propuesta.
Recomendaciones clave
La AMM ha trasladado una batería de recomendaciones a gobiernos, autoridades reguladoras y organizaciones médicas. Entre ellas, destaca la necesidad de:
- Desarrollar políticas eficaces y con financiación suficiente para proteger la salud mental de los médicos desde la etapa formativa.
- Garantizar el acceso confidencial a evaluación, tratamiento y seguimiento sin temor a consecuencias profesionales.
- Promover entornos laborales saludables, libres de estigma y represalias, con protocolos de reincorporación al trabajo.
- Implementar programas de apoyo para el manejo de adicciones relacionadas con riesgos laborales.
- Impulsar la investigación y la educación sobre salud mental en la medicina, incluyendo la creación de observatorios de seguimiento y sistemas de monitorización basados en evidencia.
Además, se pone el foco en formar liderazgos comprometidos con la cultura del cuidado dentro de las instituciones sanitarias, incluyendo apoyo entre pares, canales seguros de comunicación y estrategias de cohesión del equipo.
Uno de los mensajes clave del documento es que haber atravesado una enfermedad mental no impide necesariamente ejercer la medicina con competencia. La AMM aboga por políticas que favorezcan la reincorporación de los médicos recuperados, con adaptaciones razonables del puesto de trabajo y evitando penalizaciones automáticas en licencias o certificaciones.
“La salud mental del médico no puede seguir siendo un tabú ni motivo de exclusión profesional. Necesitamos entornos en los que pedir ayuda no sea visto como debilidad, sino como un acto de responsabilidad”, concluyó Cobo.
Con esta resolución, la AMM refuerza su declaración previa sobre el bienestar de los médicos y da un paso decisivo para que el cuidado psicológico de los profesionales no quede al margen del debate sobre calidad asistencial. Un paso que, desde España, ha sido liderado con una mirada integradora y desde la experiencia de programas pioneros como el PAIME.