El riesgo cardiovascular está infraestimado, la diabetes crece silenciosamente y la enfermedad renal avanza en la sombra. Estas son las tres grandes conclusiones que deja la última actualización del Estudio IBERICAN, presentada durante el 47º Congreso Nacional de SEMERGEN, y que lanza una señal de alarma sobre el estado de salud de la población atendida en Atención Primaria.
Con más de 8.000 pacientes incluidos desde su inicio en 2014, sus nuevas actualizaciones no solo consolidan su valor epidemiológico, sino que revelan una imagen mucho más preocupante del estado de salud de la población atendida en el primer nivel asistencial. Riesgo cardiovascular infravalorado, diabetes subdiagnosticada y enfermedad renal crónica silenciosa emergen como los grandes desafíos que afronta la medicina de familia en la gestión del paciente crónico complejo.
Durante la sesión, Amelia González Gamarra y Cristina Murillo Jelsbak, ambas especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria en Madrid, ejercieron como moderadoras de una mesa que ha reunido a destacados expertos en patologías crónicas. Miguel Camafort Babkowski, internista del Hospital Clínic de Barcelona, intervino de forma virtual para presentar la primera parte de la sesión, centrada en el riesgo cardiovascular. A continuación, Jesús Iturralde Iriso, médico de familia en el Centro de Salud Aranbizkarra I de Vitoria-Gasteiz y miembro activo de varios Grupos de Trabajo de SEMERGEN, ha abordado la complejidad creciente de la diabetes desde una perspectiva integradora. Ha cerrado la jornada Rafael Manuel Micó Pérez, vicepresidente de SEMERGEN, quien ha presentado los datos más recientes sobre enfermedad renal crónica, en su calidad de coordinador nacional del Estudio IBERICAN y miembro de varios grupos de trabajo estratégicos dentro de la sociedad científica.
“En la práctica clínica habitual, estamos subestimando el riesgo real de nuestros pacientes”
Camafort Babkowski, internista del Hospital Clínic de Barcelona, ha sido tajante en su intervención virtual al presentar los últimos datos del estudio sobre riesgo cardiovascular: “En la práctica clínica habitual, estamos subestimando el riesgo real de nuestros pacientes”. Los datos lo avalan. Mientras los profesionales sanitarios calculan que un 16% de los pacientes presenta un riesgo cardiovascular alto, los registros reales obtenidos por IBERICAN elevan ese porcentaje hasta un 38%, 84% o 43%, según la escala utilizada.
Esta discordancia, advierte el especialista, no es anecdótica, sino estructural. La infraestimación sistemática del riesgo tiene un efecto directo sobre la toma de decisiones clínicas, especialmente en el manejo de lípidos, donde buena parte de los pacientes que requieren tratamiento intensivo no alcanzan los objetivos establecidos por las guías. Camafort explica que muchas de las herramientas utilizadas no capturan la complejidad del paciente que se presenta en la consulta diaria y reclama un enfoque más amplio, que incorpore variables emergentes, diferencias de riesgo por sexo, historia obstétrica o marcadores menos utilizados como el índice tobillo‑brazo, la rigidez arterial o la retinografía. También señala que escalas como SCORE2-OP, específicas para mayores de 70 años, siguen infrautilizadas, a pesar de que la cohorte de IBERICAN incluye una población anciana muy significativa.
Abordaje de la diabetes en AP
En línea con esa complejidad clínica, Jesús Iturralde Iriso, médico de familia en Vitoria-Gasteiz, ha centrado su presentación en el abordaje integral de la diabetes mellitus en Atención Primaria. El discurso de Iturralde rompe con una visión reduccionista de la enfermedad y propone un análisis multidimensional que integre desde factores genéticos y no modificables —como la edad, la etnia o los antecedentes familiares— hasta determinantes ambientales, sociales y de estilo de vida.
“Tenemos la obesidad, que está muy relacionada con la distribución del tejido graso, el ejercicio, los patrones del sueño, algunas medicaciones como los corticoides o las estatinas…”, ha explicado. También introdujo factores menos discutidos como la deficiencia de vitamina D o los bajos niveles de selenio, que podrían influir en el desarrollo de la enfermedad. Iturralde contextualizó estos factores con datos contundentes: en 2024, España contabiliza más de 5,1 millones de personas adultas con diabetes tipo 1 y 2, una prevalencia del 14,1% que supera con creces la media europea.
Estima que cerca del 38 % de los casos podrían estar aún sin diagnosticar, lo que hace que la dimensión real de la diabetes en España sea aún mayor
Además, estima que cerca del 38% de los casos podrían estar aún sin diagnosticar, lo que hace que la dimensión real de la diabetes en España sea aún mayor. En la muestra analizada dentro de IBERICAN, tras excluir a los pacientes ya diagnosticados, se observaron correlaciones claras entre el índice de masa corporal, el perímetro abdominal y la aparición de nuevos casos. El médico de familia también aboga por el uso de herramientas más precisas para la predicción y diagnóstico precoz, como el índice tobillo‑brazo, la rigidez arterial o incluso nuevas fórmulas como la relación entre masa corporal y grasa, que podría ofrecer mayor sensibilidad en algunos subgrupos.
Perfiles renales
Pero la diabetes no actúa sola. Tal y como demuestran los datos presentados por Rafael Manuel Micó Pérez, vicepresidente de SEMERGEN y coordinador nacional del Estudio IBERICAN, la enfermedad renal crónica se configura como una comorbilidad frecuente, silenciosa y con un alto impacto en el pronóstico. “Uno de cada siete pacientes en Atención Primaria ya presenta enfermedad renal crónica, y muchos ni lo saben”, ha advertido durante su intervención.
La prevalencia se sitúa en un 14%, en línea con lo publicado en la literatura científica internacional, pero asciende significativamente en mayores de 65 años y en varones. Gracias al seguimiento de más de 8.000 pacientes, el estudio ha podido clasificar los perfiles renales en función del filtrado glomerular estimado y de la presencia de albuminuria, dos marcadores que permiten distinguir entre cuatro fenotipos con distinto riesgo pronóstico. Cuando ambos marcadores están alterados —es decir, filtrado por debajo de 60 ml/min y presencia de albuminuria— el riesgo de eventos cardiovasculares se multiplica por cinco respecto a los pacientes sin alteraciones. Así lo evidencian los datos presentados, que muestran tasas de incidencia cercanas a los 40 eventos cardiovasculares por mil pacientes/año en aquellos con doble lesión renal, frente a apenas 8 en quienes no presentan daño.
“Los datos son concluyentes: el pronóstico se agrava exponencialmente cuando no se detecta ni trata el daño renal de forma precoz”
La enfermedad renal crónica no solo condiciona el pronóstico cardiovascular, sino que también actúa como amplificador del riesgo en pacientes con otras enfermedades prevalentes. Micó ha señalado que la ERC se presenta en el 26,8% de los pacientes con diabetes, en el 19,2% de los hipertensos, y alcanza cifras del 40,9% en quienes ya padecen insuficiencia cardíaca. Esta combinación de patologías —diabetes, hipertensión, dislipemia y daño renal— define un perfil de paciente altamente vulnerable, que además suele estar sometido a tratamientos farmacológicos intensivos.
A lo largo del seguimiento, IBERICAN documenta una tasa de progresión del 15% en la enfermedad renal, siendo el estadio 3A el más prevalente. En cuanto a mortalidad, se notificaron 253 fallecimientos entre más de 5.600 pacientes, y el riesgo de muerte se multiplica hasta por ocho en aquellos con filtrado reducido y albuminuria. Micó lo resume con contundencia: “Los datos son concluyentes: el pronóstico se agrava exponencialmente cuando no se detecta ni trata el daño renal de forma precoz”.
Tanto Camafort como Iturralde y Micó coinciden en un mensaje transversal: la Atención Primaria es el eje vertebrador del diagnóstico temprano, la estratificación adecuada del riesgo y la intervención precoz en patologías que, cuando se combinan, suponen una amenaza creciente para la salud pública. Las cifras del estudio son una llamada de atención, pero también una hoja de ruta. Urge incorporar nuevos marcadores diagnósticos, actualizar las escalas de valoración del riesgo, y asumir que el paciente que se presenta en consulta es muchas veces más complejo de lo que indican los algoritmos tradicionales. Como apunta Iturralde, “si no analizamos los factores de forma conjunta, no daremos con la solución”.