Uno de cada seis sanitarios de Atención Primaria sufre burnout: el desgaste profesional amenaza al SNS

Un meta-análisis pionero en España revela una prevalencia global del 18% en el Sistema Nacional de Salud. Los autores alertan sobre la subestimación del problema y su impacto crítico en la calidad asistencial y la fuga de talento

La Atención Primaria (AP) constituye el primer nivel asistencial y la puerta de entrada fundamental al Sistema Nacional de Salud (SNS). Sin embargo, este pilar del sistema sanitario español se encuentra bajo una presión crónica que está provocando un grave desgaste profesional. Un estudio exhaustivo, realizado por los investigadores Estefanía Beltrán-Gómez, Antonio Pujol-de Castro, Pablo Vaquero-Cepeda, Ferrán Catalá-López del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), ha analizado por primera vez de manera sistemática y global la magnitud del síndrome de burnout en este ámbito.

Los resultados de este meta-análisis concluyen que la prevalencia global de este trastorno afecta al 18% de los profesionales de AP. Esta cifra implica que, aproximadamente, uno de cada seis profesionales que trabajan en la primera línea de la sanidad española padece desgaste profesional.

El estudio, titulado ‘Prevalencia de burnout en profesionales de atención primaria del Sistema Nacional de Salud: revisión sistemática y metaanálisis’, aborda específicamente la epidemiología del burnout en el conjunto de profesionales que integran la atención primaria en España. La investigación, que siguió las recomendaciones de la declaración PRISMA 2020, incluyó 39 estudios realizados en España, con una participación total de 9.465 profesionales. De estos, 8.696 (92%) eran profesionales que trabajaban en Atención Primaria. La mayoría de los estudios utilizaron el cuestionario Maslach Burnout Inventory (MBI) o alguna de sus modificaciones para la medición del síndrome.

El síndrome de burnout se define como un trastorno producido como respuesta al estrés laboral mantenido que afecta el bienestar profesional. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo incluye en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) como un «problema relacionado con el trabajo» derivado de la exposición a «condiciones organizativas nocivas que conduce a una situación disfuncional«. Tradicionalmente, se caracteriza por tres dimensiones principales: el cansancio emocional (CE), la despersonalización (DP) y la baja realización personal (RP).

«Subestimar esta situación tendría consecuencias importantes: afecta la seguridad del paciente y la calidad asistencial, compromete la continuidad de los cuidados y genera un coste creciente para el sistema, tanto en términos humanos como económicos», aseguró Ferrán a Gaceta Médica.

Radiografía del desgaste

Al desglosar la prevalencia global del 18% por categoría profesional, las cifras revelan variaciones importantes. Los profesionales más estudiados fueron los médicos, incluidos en el 79% de los estudios y las enfermeras, en el 31% de los estudios.

Las prevalencias específicas por categoría para los médicos presentan la prevalencia más alta, alcanzando el 24%, lo que equivale a que aproximadamente uno de cada cuatro médicos de AP sufre burnout.

En el caso de las enfermeras, la prevalencia se sitúa en el 17%, afectando a una de cada seis. Aunque estos dos grupos fueron los más estudiados, el análisis se extendió a otras categorías profesionales que también resultan esenciales para el funcionamiento del sistema.
El personal administrativo, cuya función es clave en la gestión diaria de los centros de salud, presenta una prevalencia del 11%, es decir, uno de cada diez. Finalmente, la categoría de «otros profesionales», que agrupa auxiliares, trabajadores sociales, fisioterapeutas, psicólogos, farmacéuticos y odontólogos, grupos con información más limitada, registró una prevalencia del 5%, aproximadamente uno de cada veinte.

Los autores subrayan la importancia de promover más estudios que analicen la prevalencia y los factores asociados al burnout en categorías profesionales menos representadas, como el personal administrativo y otras categorías de apoyo, ya que limitar el análisis a médicos y enfermeras puede «ocultar otras dinámicas importantes». En el personal administrativo, factores como la acumulación de tareas, los procesos administrativos que generan sobrecarga de trabajo, o las condiciones salariales, podrían influir significativamente en la aparición de síntomas de desgaste.

La doble cara del diagnóstico

Una de las conclusiones del estudio es la marcada influencia del criterio diagnóstico utilizado en las estimaciones de prevalencia. La variable principal del estudio se estimó dando prioridad a la definición que incluye las tres dimensiones afectadas, alto CE, alta DP y baja RP, un criterio que se considera más conservador.

Al examinar la prevalencia según el número de dimensiones afectadas, las cifras se disparan hasta alcanzar una prevalencia del 52 % en médicos y el 44 % en enfermeras, aplicando el criterio de una sola dimensión.

Respecto a si el problema está siendo infravalorado, los autores de la investigación se muestran contundentes afirmando que «es posible que el problema esté siendo subestimado. Nuestro estudio ofrece una primera estimación rigurosa de la prevalencia de burnout en atención primaria, situándola en un 18 %. Sin embargo, este cálculo se basa en los criterios diagnósticos más conservadores. Cuando se aplican criterios más amplios, las cifras alcanzan hasta un 52 % en médicos y un 44 % en enfermeras. Esto sugiere que el alcance real del problema podría ser mucho mayor”.

Además del síndrome completo, las dimensiones individuales de desgaste también afectan a una proporción significativa de profesionales: cansancio emocional (CE), que provoca agotamiento; despersonalización (DP), que se traduce en un distanciamiento y, a veces, rechazo hacia el entorno laboral; y baja realización personal (RP), que genera una actitud negativa hacia el trabajo y baja autoestima. El análisis de las dimensiones por separado reveló prevalencias del 35 % para el alto CE, 29 % para la alta DP y 27 % para la baja RP.

Estos resultados coinciden con otros metaanálisis previos a nivel global, que estimaban prevalencias en médicos de familia de 37 % para alto CE, 28 % para alta DP y 26 % para baja RP.

Según Ferrán, «el actual modelo que prioriza la cantidad de actos médicos puede entrar en conflicto tanto con la calidad del cuidado como con la salud mental de los profesionales. Suele traducirse en agendas saturadas y limitaciones de tiempo para cada paciente, lo que dificulta ofrecer una atención personalizada y de calidad. Además, esta dinámica incrementa el estrés y la sensación de desgaste entre los profesionales, contribuyendo al desarrollo del burnout».

Consecuencias operacionales: el debilitamiento del filtro de atención primaria

La Atención Primaria desempeña un papel «clave en evitar la sobrecarga de otros niveles, como las urgencias hospitalarias«. El impacto del burnout se extiende hasta el funcionamiento estratégico del SNS. Los factores que contribuyen a este desgaste incluyen la sobrecarga de trabajo, la falta de recursos y de personal, la presión por cumplir altos estándares de productividad, las demandas emocionales de interacción con pacientes vulnerables y complejos, la burocratización excesiva, y la escasa autonomía para tomar decisiones o gestionar recursos.

Sobre la función esencial de contención del sistema, los investigadores aclaran que «la atención primaria en España es, y debe seguir siendo, un pilar fundamental del SNS. Ha demostrado una gran capacidad de respuesta, cercanía y resolución, y desempeña un papel clave en evitar la sobrecarga de otros niveles, como las urgencias hospitalarias. Sin embargo, esta función depende directamente del bienestar y la estabilidad de los equipos que la sostienen”. Además recordaron que «uno de los elementos esenciales de la atención primaria es su función de filtro que permite concentrar la morbilidad en términos de prevalencia, complejidad y gravedad. Cuando este filtro se debilita, aumenta el riesgo de que problemas de salud que podrían resolverse en el primer nivel acaben desplazándose hacia otros ámbitos más costosos y saturados… El burnout no solo afecta a quienes lo padecen, sino que compromete seriamente esa capacidad de contención”.

Este impacto operacional se manifiesta en forma de «aumento del absentismo, reducción del tiempo disponible por paciente, una mayor rotación o fuga de profesionales, y la pérdida de cohesión en los equipos«. Por ello, abordar el burnout no es solo una cuestión de salud laboral, sino una «necesidad estratégica para garantizar la sostenibilidad y eficacia del sistema sanitario en su conjunto».

Impacto en la calidad asistencial y la fuga de talento

El burnout tiene consecuencias directas en la calidad de la atención sanitaria y la seguridad del paciente. El modelo actual, que valora la cantidad de actos médicos, entra en conflicto con la salud mental de los profesionales y la posibilidad de cuidar la calidad.

Ferrán ve necesario cambio de paradigma para mitigar este conflicto «un salto cultural y organizativo que deje atrás el paradigma de ‘pagar por hacer más’ para avanzar hacia un modelo que remunere y valore los resultados en salud, la calidad asistencial y la satisfacción tanto de pacientes como de profesionales. Este cambio permitiría fomentar prácticas más centradas en el cuidado integral y sostenible, y contribuiría a reducir el desgaste emocional y mejorar la motivación de los equipos”. Este replanteamiento de los indicadores de rendimiento, incorporando métricas que valoren la complejidad clínica y el bienestar profesional, es vital para fomentar prácticas más integrales y sostenibles.

Otro riesgo crítico es el impacto del burnout en la retención del talento cualificado. Señalan que el desgaste es un motor clave en la desmotivación y la fuga de personal. Los investigadores confirman la amenaza a la retención de personal, ya que «la alta prevalencia de burnout está afectando la retención del personal cualificado, especialmente entre profesionales jóvenes, quienes a menudo enfrentan condiciones laborales precarias y una prolongada incertidumbre laboral. No es raro que un médico joven no logre estabilizar su situación hasta los 40-45 años, lo que genera desmotivación, insatisfacción y puede conducir a la fuga de talento hacia otros ámbitos o incluso fuera del sistema sanitario”.

Aunque en España aún no existen estudios que cuantifiquen el coste económico exacto del burnout en AP, «sabemos por investigaciones en otros países que la carga puede ser muy significativa. Por ejemplo, en Canadá, un estudio estimó que el burnout sólo en médicos, con una prevalencia del 21%, generaba más de 213 millones de dólares anuales en costes asociados a jubilaciones anticipadas y reducciones de jornada, sin contar las bajas laborales ni los efectos sobre la calidad asistencial».

Soluciones estructurales: priorizar la organización

Los autores del estudio insisten en que el burnout es un «epifenómeno organizativo» y que, si bien las intervenciones individuales son necesarias, «las intervenciones organizativas son las que podrían mejorar en mayor medida el impacto para reducir el burnout«.

Por lo tanto, las soluciones deben enfocarse en la innovación organizativa y un cambio de política sanitaria. El cambio estructural único con el mayor impacto potencial, según los autores, sería mejorar la estabilidad y adecuación en la gestión de los recursos humanos, a lo que se suma una reforma organizativa y de carga de trabajo, así como la promoción de un entorno laboral saludable.

El predominio de las soluciones individuales se debe a que «son más fáciles y rápidas de implementar, requieren menos cambios estructurales y administrativos, y suelen tener menor coste inicial«. En contraste, las organizativas «implican reformas complejas, requieren voluntad política, coordinación y recursos a mayor escala«. Sin embargo, el enfoque debe cambiar: “para abordar realmente el burnout y mejorar la calidad asistencial, es imprescindible priorizar cambios estructurales que transformen las condiciones de trabajo y no solo la resiliencia individual. Además, es clave ofrecer recursos para la recuperación y el manejo del burnout, como apoyo psicológico, programas de mentoría y formación continua, así como fomentar una cultura organizativa que valore el bienestar y la conciliación laboral y personal».

“Si pudiéramos implementar una única medida estructural con un impacto significativo en la sostenibilidad del SNS y en la calidad de vida profesional, esta sería mejorar la estabilidad y adecuación en la gestión de los recursos humanos”, sentenciaron los investigadores. Esta medida implica «garantizar procesos de selección, reclutamiento, valoración e incentivación que estén alineados con las necesidades reales de los centros y profesionales, y que ofrezcan mayor estabilidad laboral, especialmente para los profesionales jóvenes. Una plantilla estable y bien gestionada reduce el desgaste y permite una atención continua y de calidad».

Finalmente, los investigadores enfatizan la necesidad de un enfoque multidisciplinario, que promueva un ambiente laboral saludable y colaborativo, y que reconozca a todos los miembros del equipo, ya que «la limitada información disponible sobre ciertos grupos profesionales, como auxiliares, trabajadores sociales, fisioterapeutas, psicólogos, farmacéuticos y odontólogos, dificulta un análisis detallado». Las soluciones deben ser «más inclusivas y efectivas».

En conclusión, el bienestar de la primera línea asistencial es una responsabilidad sistémica, no individual. “El bienestar de los profesionales y la calidad de la atención sanitaria dependen de un modelo organizativo que valore y apoye a todos los colectivos según sus funciones y necesidades específicas”.

«Nuestro estudio muestra que una proporción significativa de profesionales de atención primaria trabaja en condiciones de desgaste emocional, despersonalización o pérdida de motivación. Esto impacta directamente en su capacidad operativa y se puede manifestar en forma de aumento del absentismo, reducción del tiempo disponible por paciente, rotación o fuga de profesionales y pérdida de cohesión en los equipos«, concluyen los investigadores.

Este estudio, al ofrecer una estimación actualizada y rigurosa de la alta prevalencia de burnout en la Atención Primaria del SNS, sirve como una advertencia urgente. Los hallazgos confirman la necesidad de promover acciones tanto individuales como de estructura organizativa para disminuir la carga asociada al desgaste profesional en el sistema.


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