El CGE plantea una nueva hoja de ruta para la enfermería española: ratios, investigación y prescripción

El Consejo General de Enfermería exige un reconocimiento estructural que incluya el paso inmediato al Grupo A1, una ley de ratios que cubra el déficit de 100.000 profesionales y un marco normativo que blinde su autonomía prescriptora y frene la fuga de talento

El Consejo General de Enfermería (CGE) ha alzado la voz durante el Foro Hospiten ‘Profesiones Sanitarias: Presente y futuro de la profesión enfermera en España’, organizado por Europa Press, donde representantes de la enfermería española han exigido un cambio de paradigma estructural que reconozca su realidad competencial y académica.

La jornada, inaugurada por la ministra de Sanidad, Mónica García, ha servido de escenario para que el presidente del CGE, Florentino Pérez Raya, lanzara un mensaje contundente contra lo que considera una «injusticia histórica que asfixia a un colectivo de más de 355.000 profesionales».

«Exigimos respeto profesional»

Florentino Pérez Raya no dejó lugar a la ambigüedad. El presidente de la organización colegial subrayó la excelencia de los profesionales españoles, pero denunció la brecha existente entre su formación y el trato administrativo que reciben. «Las enfermeras y enfermeros en España estamos entre los mejores del mundo, según comentan, por talento, compromiso y dedicación. Somos profesionales altamente cualificados, pero carecemos de reconocimiento que nos merecemos por parte de la administración«, arrancó Pérez Raya, recordando que la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS) «pasa irremediablemente por potenciar el rol de estas profesionales. La enfermería española contribuye a reforzar el SNS y a hacerlo más sostenible, más moderno y centrado en las personas».

Sin embargo, el optimismo por el potencial de la profesión choca con una realidad normativa que Pérez Raya calificó de «obsoleta». Especial hincapié hizo en la situación de las residencias y la falta de transparencia en la contratación de personal cualificado, advirtiendo de que «harían falta más de 100.000 enfermeras solo para alcanzar la media europea«.

Uno de los puntos más relevantes de sus reivindicaciones fue la denuncia de la clasificación profesional actual, que mantiene a las enfermeras en el grupo A2 asegurando que «es una injusticia, la infamia que supone que enfermeras y enfermeros, como graduados universitarios que somos, estemos encuadrados en la función pública en una escala que no nos corresponde«. Esta discriminación, según Pérez Raya, tiene efectos prácticos devastadores, como «el reciente caso en Extremadura donde una decisión judicial impidió que las enfermeras dirigieran zonas de salud basándose en leyes antiguas».

Pérez Raya cerró su intervención con una advertencia clara: «Queremos formar parte activa de las soluciones, ofreciendo diálogo y rigor. Pero no vamos a permitir ya nunca más que se nos insulte o acose en nuestra labor profesional. Exigimos el respeto profesional».

Ratios de enfermería: una cuestión de vida o muerte

Tras la apertura, la mesa redonda profundizó en los problemas estructurales de la enfermería. Diego Ayuso, secretario general del CGE, puso cifras al déficit de profesionales y lo vinculó directamente con la seguridad del paciente, insistiendo en que «el ratio de enfermeras tiene que estar ligado a la complejidad de los pacientes que atendemos». Los datos son reveladores: «mientras la media europea se sitúa en 8,3 enfermeras por cada 1.000 habitantes, España apenas alcanza las 6,2. Cuando los ratios de enfermera-paciente están por debajo de esa media deseable, se incrementa la mortalidad«, advirtió Ayuso con gravedad. «En una unidad de hospitalización de agudos, lo deseable es que una enfermera esté en torno a 8-10 pacientes. La realidad que nos encontramos en España es que una enfermera lleva 15 y 20 pacientes. Sin enfermeras no se pueden proporcionar cuidados de calidad«.

Esta falta de profesionales no afecta por igual a todo el territorio. Laura Almudéver, presidenta del Colegio de Enfermería de Valencia, alertó sobre las desigualdades autonómicas recordando que «el código postal de donde vivas no puede determinar la calidad de los cuidados que vas a recibir«. Almudéver señaló que regiones como la Valenciana, Alicante o Murcia están significativamente por debajo de la media estatal, lo que «crea ciudadanos de primera y de segunda en términos de salud».

En la misma línea, Mar Rocha, directora adjunta a la presidencia del Colegio de Enfermería de Madrid (CODEM), dibujó un «panorama peligroso» para la capital. «En la Comunidad de Madrid no sube lo suficiente el número de enfermeras, no retenemos ese talento enfermero mientras la población crece exponencialmente», lamentó Rocha. Con una población envejecida y en crecimiento, Rocha estima que en 15 años Madrid sufrirá un déficit de 20.000 enfermeras debido a las jubilaciones. «Tenemos un escenario creo que muy peligroso si no se empieza a trabajar ya«, subrayó.

La fuga de talento: 1.600 enfermeras al año buscan refugio en el extranjero

La precariedad y la falta de reconocimiento están empujando a las enfermeras españolas a cruzar fronteras. Raquel Rodríguez, vicepresidenta primera del CGE, analizó las causas de este éxodo aclarando que «la fuga de talento no solo se va al extranjero, sino que incluso muchas abandonan la profesión». Para ella, la clave reside en la falta de una visión moderna de la profesión. «Las enfermeras españolas son las mejores del mundo y tenemos que tener una nueva mirada hacia ellas«, defendió, recordando que el 90% del colectivo son mujeres, «lo que añade una capa de vulnerabilidad profesional por la falta de medidas reales de conciliación y corresponsabilidad».

Diego Ayuso aportó el dato preciso de esta sangría: «Se fugan 1.600 enfermeras al año, que se suman al déficit estructural que tenemos«. Esta cifra ha ido creciendo desde las 1.350 solicitudes registradas en 2024.

Diego Ayuso, secretario general del CGE

Patricia Pérez, presidenta del Colegio de Enfermería de Palencia, incidió en la necesidad de estabilidad contractual para frenar esta tendencia. «Lo que no se puede permitir es apuntarte a la bolsa de sanidad y que no se actualice nada más que una vez al año. No tiene ningún sentido que un enfermero pueda estar un día haciendo una baja de tres días en un quirófano y al siguiente en primaria«, denunció. Según Pérez, esta mala gestión impide ofrecer los mejores cuidados y genera inseguridad en la población.

El laberinto de las especialidades y la investigación

El desarrollo de las especialidades enfermeras sigue siendo una asignatura pendiente tras más de dos décadas desde el Real Decreto de 2005. Diego Ayuso fue tajante sobre la especialidad de cuidados médico-quirúrgicos apuntando a que «hemos llegado a la conclusión de que eso no va a salir adelante. La necesidad es reconvertir esa especialidad en otras que tengan nombres y apellidos claros, como cuidados críticos, urgencias o cuidados quirúrgicos complejos«.

Desde Madrid, Mar Rocha propuso mirar hacia modelos exitosos, como el de Andalucía, para fomentar la investigación clínica. «La creación de la categoría de enfermera investigadora clínica es un paso adelante para evitar esa fuga y esa sensación de que el avance solo va a costa del esfuerzo personal», explicó Rocha. Actualmente, la investigación enfermera se realiza mayoritariamente en el tiempo libre de los profesionales, algo que consideran «insostenible».

Laura Almudéver, presidenta del Colegio de Enfermería de Valencia

Por su parte, Raquel Rodríguez recordó que la formación debe ser uniforme para garantizar la equidad, para lo que «es fundamental que haya una regulación nacional de los sistemas de acreditación… que cuando una enfermera se cambie de comunidad, eso sea válido».

A1: «A igual nivel académico, igual categoría profesional»

La reivindicación del paso al Grupo A1 centró gran parte del debate, entendiéndose no solo como una mejora salarial, sino como «una cuestión de justicia y acceso a puestos de gestión». Mar Rocha definió que «a igual nivel académico, igual categoría profesional e igual puesto de trabajo«. Denunció que estar en el grupo A2 limita la capacidad de las enfermeras para ejercer el liderazgo en el sistema sanitario.

Diego Ayuso reforzó esta idea, señalando que la formación de cuatro años debería situarles al mismo nivel que psicólogos, economistas o periodistas. «Estar encuadrados en el A2 nos limita a la hora de acceder a puestos de gestión… y las enfermeras somos grandes gestoras«, afirmó Ayuso, recordando que «si somos capaces de gestionar una comunidad autónoma completa, ¿cómo no vamos a ser capaces de ser coordinadores en un centro de atención?».

Sobre el nuevo Estatuto Marco, Ayuso se mostró esperanzado apuntando que «estamos con el Ministerio porque el borrador recoge firmemente lo que la enfermería como profesión reclama«.

La mesa redonda no rehuyó la polémica sobre la huelga médica y la supuesta invasión de competencias. Patricia Pérez fue muy clara al respecto insistiendo en que «nunca hemos querido ser médicos. Tenemos una profesión con unas competencias y un cuidado directo que es lo que nos atrae. Históricamente los médicos siempre se han puesto por encima, pero todos deberíamos conocer nuestro rol». Para Pérez, la polémica es «más teórica que práctica» y «se aviva desde ciertos sectores sindicales». Mientras, Laura Almudéver zanjó el tema con sencillez: «Son nuestros compañeros».

Mar Rocha, directora adjunta a la presidencia del Colegio de Enfermería de Madrid (CODEM)

Prescripción enfermera: el fin de un tabú

El debate sobre la capacidad prescriptora sigue siendo un punto de fricción. Diego Ayuso defendió que «las enfermeras manejamos todos los fármacos de todos los tratamientos en el ámbito hospitalario y comunitario. No hay ningún criterio técnico que sostenga que no podemos tener capacidad de prescripción«, afirmó Ayuso. Criticó que en 2009 se incluyera a los podólogos y no a las enfermeras, algo que atribuyó a criterios no técnicos, recordando que además «estamos totalmente preparados para un seguimiento más continuo de pacientes crónicos».

Raquel Rodríguez fue más allá, elevando el concepto de prescripción al diagnóstico enfermero. «Las enfermeras hacemos diagnósticos y eso nos lleva a tomar decisiones clínicas. No nos quedemos solo con los medicamentos; prescribimos cuidados porque tenemos la competencia legal para ello«, explicó. Para Rodríguez, la prescripción «es un escalón más en la autonomía profesional que ya es una realidad cotidiana«.

Mar Rocha lamentó que a veces el avance se frene por cuestiones terminológicas. «Si con un verbo, indicar frente a prescribir, ya estamos atascados, es imposible avanzar», señaló.

Mar Rocha, directora adjunta a la presidencia del Colegio de Enfermería de Madrid (CODEM)

Cuidados profesionalizados

Para cerrar el encuentro, se abordó la dimensión de género de una profesión históricamente feminizada. Raquel Rodríguez rechazó que ser mujer haya impedido el desarrollo de la profesión, pero sí reconoció que «las condiciones de doble rol, cuidar en casa y en el trabajo, siguen penalizando al colectivo».

«El profesional del cuidado es la enfermera. Aunque ahora todo el mundo cuida, nosotras somos las profesionales«, reivindicó Patricia Pérez. Rodríguez concluyó con una reflexión sobre la evolución del sector: «Hay que cambiar la visión de ese cuidado maternal a un cuidado profesionalizado que ha alcanzado las mayores cuotas académicas. Nos falta la cuota profesional final: ocupar los puestos de gestión con el nivel A1 que merecemos«.

Este evento ha dejado un mensaje nítido: la enfermería española no está dispuesta a seguir esperando. Con un diagnóstico claro de sus problemas y propuestas concretas sobre la mesa, el colectivo exige que el reconocimiento verbal de las autoridades se traduzca, de una vez por todas, en un marco normativo real y respetuoso. Como dijo Pérez Raya, «la admiración verbal ya no les sirve de nada».


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