Cómo identificar el autismo en la consulta de Atención Primaria

Las niñas con TEA suelen enmascarar síntomas con habilidades sociales, dificultando su diagnóstico y aumentando el riesgo de diagnósticos erróneos.

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) sigue siendo un desafío en la práctica pediátrica. En los últimos años, los profesionales de la salud han percibido un aumento real en los casos diagnosticados, aunque las causas no están completamente claras. En este contexto, los pediatras de Atención Primaria juegan un papel esencial en la identificación temprana de los signos de alerta y en la derivación oportuna a los servicios de intervención, lo que puede mejorar significativamente el pronóstico de los niños con este trastorno.

Este fue uno de los principales temas abordados en el 21º Congreso de Actualización en Pediatría de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), celebrado en Madrid. Durante la mesa redonda «TEA, un espectro cada vez más frecuente», expertos en neuropediatría y psiquiatría coincidieron en que el infradiagnóstico, especialmente en niñas, sigue siendo una problemática recurrente.

Dificultades en el diagnóstico: un problema de género

A nivel epidemiológico, se estima que el TEA es tres veces más frecuente en niños que en niñas. Sin embargo, los especialistas destacan que en las niñas el autismo suele presentarse de manera distinta, con una sociabilidad que enmascara las dificultades reales de comunicación y adaptación social. Esto lleva a que muchas niñas con TEA no sean diagnosticadas en la infancia y lleguen a la adolescencia o edad adulta con diagnósticos erróneos, como trastornos de ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria o incluso psicosis.

El llamado «camuflaje» de los síntomas es una de las razones por las que muchas niñas con autismo llegan a consulta con una gran carga emocional, acumulada tras años de incomprensión y falta de apoyo adecuado. Por ello, los expertos subrayan la importancia de capacitar a los pediatras y a otros profesionales de la infancia para identificar signos sutiles de TEA en niñas y poder intervenir a tiempo.

Ventana terapéutica y detección temprana

Uno de los aspectos más destacados en la ponencia fue la relevancia de la ventana terapéutica, el periodo del neurodesarrollo en el que la intervención precoz tiene el mayor impacto. Identificar signos de alarma en los primeros años de vida y derivar a los niños a programas de Atención Temprana, incluso sin un diagnóstico definitivo, puede marcar una diferencia sustancial en su desarrollo.

Entre los signos de alarma más relevantes en los primeros años se encuentran dificultades en el contacto visual y la interacción social, falta de interés por el juego interactivo, problemas en la comunicación no verbal y reacciones desproporcionadas ante cambios en la rutina o estímulos sensoriales. La rápida intervención puede ayudar a mejorar habilidades sociales, cognitivas y de adaptación, reduciendo la severidad de los síntomas del TEA a largo plazo.

El rol del pediatra de Atención Primaria

Los pediatras de Atención Primaria son, en muchas ocasiones, el primer punto de contacto de las familias con el sistema sanitario. Su papel no solo implica detectar señales de alarma, sino también acompañar a las familias en el proceso de diagnóstico, tratamiento y seguimiento. Establecer un vínculo terapéutico adecuado con los niños con TEA y sus familias es clave para mejorar la calidad de vida de estos pacientes. Los pediatras deben colaborar estrechamente con otros profesionales, como enfermeros, trabajadores sociales y especialistas en neuropediatría, para garantizar un abordaje integral.

Asimismo, es fundamental que los pediatras proporcionen información basada en la evidencia sobre cómo estimular el desarrollo de los niños con riesgo de TEA. En este sentido, los especialistas recomiendan fomentar la interacción activa de los padres con sus hijos, evitando la exposición a pantallas en menores de dos años y promoviendo el juego como herramienta de aprendizaje y comunicación.

El debate sobre la prevención

A día de hoy, no es posible prevenir el autismo, ya que sus causas son multifactoriales y no se conocen completamente. Sin embargo, los expertos plantean hipótesis sobre el impacto de factores ambientales, como el estilo de vida y la interacción social, en la expresión de los genes relacionados con el autismo.

Si bien no se puede evitar el desarrollo del TEA, sí es posible mejorar su detección temprana. Estrategias como la educación de las familias y profesionales sobre los signos de alarma, la reducción de tiempo de pantalla en los primeros años de vida y la promoción de actividades que estimulen la interacción social pueden ser herramientas clave en la identificación precoz del trastorno.

El TEA es un trastorno complejo que requiere un enfoque multidisciplinario para su diagnóstico y tratamiento. Los pediatras de Atención Primaria desempeñan un papel fundamental en la detección temprana y en el acompañamiento de las familias, contribuyendo a mejorar el pronóstico de los niños con autismo. La formación y sensibilización de los profesionales de la salud es clave para abordar los desafíos del TEA y garantizar una atención de calidad a estos pacientes.


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