En el complejo ecosistema de la sanidad moderna, la seguridad del paciente no es solo un imperativo ético, sino el pilar fundamental sobre el que descansa la calidad de cualquier sistema de salud. Tras más de dos décadas de espera, la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria (SEMPSPGS) ha dado un paso al frente con el relanzamiento del Estudio Nacional de Eventos Adversos relacionados con la Asistencia Sanitaria (ENEAS). Esta iniciativa, que en su primera edición en 2005 situó a España en la vanguardia internacional, regresa ahora para ofrecer una «fotografía real» de un sistema sanitario profundamente transformado.
El nuevo ENEAS II no es solo una actualización estadística; es un proyecto estratégico que busca responder a los desafíos de un entorno post-pandemia, marcado por la digitalización acelerada y un perfil de paciente cada vez más complejo. Como bien señala Jesús María Aranaz Andrés, Jefe de Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Ramón y Cajal e investigador del Consorcio de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), el objetivo es claro: pasar de la teoría a la acción clínica para que nuestros hospitales sean, de verdad, entornos seguros.
Un hito histórico que marcó un antes y un después
Para entender la trascendencia de este relanzamiento, es necesario mirar hacia atrás. El estudio ENEAS original, impulsado en 2005 por el Ministerio de Sanidad, supuso un cambio de paradigma. No fue un simple informe; fue la herramienta que permitió, por primera vez, aplicar una metodología robusta, basada en el estándar del Harvard Medical Practice Study, para medir el daño no intencionado derivado de la atención sanitaria en 24 hospitales públicos españoles.
El impacto de aquel trabajo fue tal que, como recuerda Aranaz, “marcó un antes y un después en la Seguridad del Paciente en todo el mundo”. Entre sus logros destaca haber contribuido a cambiar la definición operativa de evento adverso y haber demostrado científicamente el papel de la vulnerabilidad. El estudio evidenció una máxima que hoy sigue vigente: “a más edad y más comorbilidad, más eventos adversos”. Tal es su relevancia que, veinte años después, el estudio sigue siendo una referencia consultable en la Agencia de Calidad de EE. UU. (AHRQ).
“Eliminar hospitalizaciones potencialmente evitables o intervenciones innecesarias protege al paciente (y al profesional)”
El paciente del siglo XXI: complejidad y nuevos riesgos
Sin embargo, los datos de 2005 ya no bastan para gestionar los hospitales de 2026. En las últimas dos décadas, el sistema ha experimentado cambios sustanciales en su organización asistencial y en el grado de digitalización. El entorno actual es, en muchos aspectos, más hostil y exigente. Aranaz asegura que “los pacientes son más complejos, con mayor comorbilidad y nivel de exigencia, los procesos asistenciales son más sofisticados y la presión sobre los hospitales es mayor”.
Esta presión no es solo asistencial, sino también estructural. No podemos olvidar que venimos de una crisis sanitaria global. Según el experto, “hemos pasado una pandemia sin precedentes de la que todavía no nos hemos recuperado”. En este escenario, los riesgos para el paciente son mayores que nunca, lo que hace indispensable contar con una “estrategia de mitigación científica y basada en datos” que el nuevo ENEAS pretende proporcionar.
La economía de la seguridad: el alto coste del error
Uno de los aspectos más innovadores y necesarios de esta nueva edición es la estimación del impacto económico asociado a los eventos adversos. Tradicionalmente, la seguridad se ha analizado desde una perspectiva puramente clínica, pero la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS) exige también un análisis financiero.
Los datos son reveladores como las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aranaz señala que “el 15 % del gasto hospitalario se puede atribuir al coste de los fallos en la Seguridad del Paciente” en países de altos ingresos como España. Pero la cifra más impactante es la que afecta a la gestión de recursos físicos, ya que “cada día, el 6% de las camas de nuestros hospitales están cada año ocupadas a causa de los eventos adversos asociados a la asistencia sanitaria”. Poner cifras a la inseguridad no es solo un ejercicio contable; es una herramienta para demostrar que invertir en seguridad es, en última instancia, invertir en eficiencia y sostenibilidad.
Sobreutilización: cuando más no significa mejor
Una de las grandes novedades metodológicas del ENEAS II es la incorporación del análisis de los fenómenos de sobreutilización sanitaria. En un sistema tensionado, realizar intervenciones innecesarias o mantener hospitalizaciones que podrían evitarse no solo es ineficiente, sino peligroso.
Aranaz explica la conexión directa entre la adecuación de la práctica y la seguridad: “La Seguridad del Paciente y la Adecuación de la Práctica Clínica están profundamente conectadas. La inadecuación puede darse por sobreutilización (innecesaria) del sistema, por infrautilización (necesaria pero no satisfecha), y también (en menor medida) por mala utilización”. Estas tres situaciones incrementan el riesgo de que el paciente sufra daños evitables. Por ello, el estudio se centrará en identificar hospitalizaciones potencialmente evitables, partiendo de la premisa de que “eliminar hospitalizaciones potencialmente evitables o intervenciones innecesarias protege al paciente (y al profesional)”.
Digitalización: una herramienta con doble filo
El ENEAS II nace en la era digital. A diferencia de su predecesor, contará con una digitalización completa de las herramientas de cribado y revisión clínica, lo que garantizará procesos más ágiles, homogéneos y una trazabilidad total de los datos entre comunidades autónomas.
El Grupo de Investigación de Resultados en Salud del IRYCIS ha liderado la integración de las nuevas tecnologías en la vigilancia epidemiológica. No obstante, Aranaz advierte que la tecnología no es una panacea exenta de peligros. Aunque ha mejorado la prescripción asistida y la gestión de la información, “también introduce nuevos riesgos, por ejemplo, relacionados con la usabilidad de los sistemas o la sobrecarga de información”. El reto para los hospitales será gestionar estos riesgos mediante «una cultura de apertura y transparencia”, principios que están alineados con el Plan de Acción Mundial de la OMS 2021–2030.
“Ahora los pacientes son más complejos, con mayor comorbilidad y nivel de exigencia, los procesos asistenciales son más sofisticados y la presión sobre los hospitales es mayor”
Del dato a la acción
El objetivo final del estudio no es llenar estanterías con informes teóricos, sino transformar la realidad en el «pie de cama» del paciente. La SEMPSPGS busca que estos resultados sirvan para sensibilizar y formar a los profesionales, impulsando una verdadera cultura de seguridad en los centros hospitalarios.
Al ser preguntado sobre si nuestros hospitales son seguros, Aranaz recuerda la respuesta que dieron tras el primer ENEAS: “no lo suficiente”. Esa insatisfacción constructiva es la que mueve el relanzamiento del proyecto. Para el equipo investigador, realizar un estudio de esta magnitud carecería de sentido sin un firme compromiso de respuesta por parte de las instituciones. “Los resultados deben ser el catalizador para garantizar la Seguridad del Paciente y mejorar la Calidad Asistencial en nuestros hospitales”, concluye Aranaz
Con el relanzamiento del ENEAS, España se prepara para reenfocar el debate sobre la calidad sanitaria. En un momento donde la eficiencia y la seguridad son más necesarias que nunca, este estudio promete ser la brújula que guíe al Sistema Nacional de Salud hacia un futuro donde el error sea la excepción y la seguridad, la norma absoluta.