La salud de una persona no depende únicamente de factores genéticos o del acceso a servicios médicos, sino que está profundamente influenciada por una serie de condiciones sociales y económicas, es decir, por los determinantes sociales de la salud. Aspectos como el nivel de ingresos, la educación, el entorno laboral y la vivienda juegan un papel crucial en el bienestar general, marcando diferencias significativas en la expectativa y calidad de vida. Estas desigualdades, cada vez más evidentes, plantean un desafío para los sistemas de salud, que buscan adaptarse y responder a las necesidades de poblaciones vulnerables.
En el marco de la jornada ‘Determinantes sociales de la salud: de la teoría a la práctica. Impulsando la equidad’, organizada por MSD en el Hospital Universitario La Paz de Madrid, diversos expertos, tanto sanitarios como del ámbito político, pusieron sobre la mesa la importancia de estos factores en la salud y en el desarrollo de enfermedades.
Durante la inauguración del encuentro, a cargo de Javier Cobas Gamallo, subdirector gerente del Hospital Universitario La Paz, Mario Fontán Vela, vocal asesor de la secretaría de Estado de Sanidad del Ministerio de Sanidad, subrayó que ya desde la antigüedad se conocía el impacto de estos determinantes en la salud de las personas. «Llevamos siglos observando la relación entre las desigualdades sociales y la salud, pero todavía tenemos que seguir avanzando en el ámbito de las políticas sanitarias», señaló Fontán, que añadió que «este progreso no debe limitarse solo a las políticas de salud, sino también a políticas intersectoriales que aborden determinantes sociales«. Ya desde el siglo XVII, y sobre todo en el siglo XVIII en Francia, comenzaron a surgir estudios que revelaban esta relación: «se observaba, por ejemplo, cómo la cantidad de impuestos pagados o el nivel de renta en esa época influían en las tasas de mortalidad en la sociedad francesa», explicó el experto.
A pesar de los esfuerzos, aún no se ha logrado mejorar ciertos aspectos de las desigualdades sociales en salud. «Sabemos que factores como el género, el país de origen, la racialización, la clase social, los ingresos y el nivel educativo afectan no solo el estado de salud de individuos o grupos específicos, sino también de la población en general», especificó Fontán. Las sociedades más desiguales tienden a presentar peores resultados de salud, lo que indica que estas desigualdades impactan negativamente en la calidad de vida y el bienestar de toda la sociedad. El experto afirmó que se puede considerar la salud como un mecanismo de cohesión social. «En sociedades más igualitarias, las iniciativas que mejoran los resultados de salud benefician a todos los grupos sociales, abordando los distintos determinantes y factores que generan desigualdades y estratifican a la población», puntualizó.
«La enfermedad no se origina únicamente en los cuerpos, sino que también está profundamente influenciada por los contextos sociales en los que vivimos», subrayó Fontán. Los factores sociales, económicos y ambientales desempeñan un papel crucial en el desarrollo y la propagación de muchas enfermedades, mostrando que la salud es tanto una cuestión individual como colectiva.
Abordar estas cuestiones
«Desde el Ministerio de Sanidad, tratamos de abordar todas estas cuestiones e implementar marcos teóricos que llevan décadas desarrollándose para traducirlos en acción política«, aseguró Fontán, que recalcó que «cualquiera que esté familiarizado con las estrategias de salud del Ministerio, como las dedicadas a enfermedades cardiovasculares, puede observar que el enfoque en los determinantes sociales impregna todas estas políticas». Esta perspectiva debe estar presente a la hora de diseñar e implementar acciones concretas, aunque existen ejemplos que van aún más allá.
Un buen ejemplo es el trabajo de la división de VIH, ITS, hepatitis virales y tuberculosis, que demuestra que implementar los determinantes sociales no siempre debe hacerse «desde arriba», sino de forma horizontal. Según el asesor «la división trabaja estrechamente con sociedades científicas y asociaciones de la sociedad civil, mostrando cómo desde el Ministerio se escucha y se colabora con colectivos y personas que no solo aparecen en estudios y artículos, sino que viven diariamente los efectos de estas políticas». Este enfoque fomenta relaciones firmes y sostenibles con las comunidades, incluyendo no solo a personas expertas sino también a aquellos que pueden explicar cómo sus condiciones de vida o fallos del sistema afectan su salud.
Por otro lado, Cristina Nadal, directora ejecutiva de Government Affairs de MSD en España, señaló que la compañía apuesta fuertemente por el fomento de la equidad y la igualdad mediante diversas iniciativas, tanto en el ámbito mundial como nacional. «A nivel global, MSD trabaja en programas de impacto significativos, siendo un ejemplo de esto el programa ‘MSD para las Madres’, que hemos desarrollado a lo largo de varios años y que ha llegado a 30 millones de mujeres en todo el planeta». El objetivo de este es reducir la mortalidad materna e infantil durante el periodo neonatal, promoviendo así la equidad en el acceso de muchas madres a los servicios asistenciales.
Además, la compañía también apoya la equidad en el acceso a medicamentos en numerosos países. «Hemos distribuido más de 4,4 billones de fármacos en más de 49 países, contribuyendo a combatir enfermedades como la oncocercosis», destacó Nadal. Más allá de estos programas de gran alcance, también fomentan la investigación, «un área que es fundamental y muy relevante, especialmente para quienes trabajamos en el ámbito de la salud», señaló.
En esta línea, uno de los puntos en los que están trabajando es en promover la diversidad e inclusión en el reclutamiento de pacientes, implementando mecanismos que nos permitan ser más inclusivos y formando a los profesionales para que mejoren sus habilidades en este ámbito. «También nos enfocamos en adaptar los consentimientos informados, haciéndolos más comprensibles y adaptados para los pacientes, lo que implica considerar diversas realidades y contextos», aseguró la experta, que también aseguró que están trabajando para reducir las barreras económicas que muchas personas enfrentan al intentar acceder a ensayos clínicos, facilitando así su participación y garantizando una representación más equitativa en la investigación.
Objetivos de desarrollo sostenible
Ángel Abad, médico adjunto a Gerencia, Salud y ODS del Hospital Universitario La Paz, destacó que en dicho hospital «incorporamos los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a nuestra estrategia en 2021». Los ODS son determinantes sociales de la salud que protegen y promueven el bienestar en las personas, «actuando como un faro que nos guía hacia la salud global», señaló. Por lo tanto, «el objetivo es tomar decisiones en todos los ámbitos basándonos en un modelo de determinantes sociales, con un enfoque en la salud global», subrayó.
Por su parte, Joan Clos, exdirector general de ONU Hábitat, médico y exalcalde de Barcelona, enfatizó durante su ponencia que en la actualidad, donde predominan las enfermedades crónicas como determinantes de salud, los factores de riesgo son variados y no necesariamente lineales. «La prevención de riesgos adquiere, por tanto, una importancia crucial», destacó. «Esto hace que el acceso a la información se convierta en un factor clave de salud, muy sensible al nivel socioeconómico de los individuos y las comunidades», indicó Clos.
Clos también señaló que, para medir el impacto social en la salud, existen múltiples vías de avance, tanto en la medicina clínica como en la epidemiología. «No es necesario profundizar en exceso en el conocimiento; un enfoque práctico es estudiar las diferencias en mortalidad por barrios urbanos y correlacionarlas con el nivel socioeconómico, lo que proporciona información valiosa para comprender el problema», subrayó.
Medidas adaptadas
Los ponentes han subrayado la necesidad de integrar los determinantes ambientales, adoptando una visión ecosistémica y la perspectiva One Health, junto a los determinantes sociales. Esto es esencial debido a la importancia de factores como la contaminación atmosférica y acústica, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la desigualdad, el envejecimiento y el acceso a la vivienda. El propósito es desarrollar políticas que fomenten un hábitat más sostenible, saludable e inclusivo, lo que impactará positivamente en los resultados de salud a medio y largo plazo.
Asimismo, se han compartido experiencias sobre enfermedades de alto impacto en el sistema de salud, cuya aparición y evolución son especialmente vulnerables a los determinantes sociales. Por ejemplo, en el caso del cáncer, se estima que más de la mitad de los casos se pueden atribuir a determinantes sociales que afectan el riesgo de desarrollar la enfermedad, la detección temprana y las tasas de supervivencia. Asimismo, el VIH se ve influenciado por factores sociales y estructurales, como el bajo nivel educativo, la vulnerabilidad económica, el estigma y los trastornos psicológicos, además de las diferencias territoriales en el acceso a tratamientos.
El encuentro también brindó la oportunidad de conocer de primera mano diversas iniciativas implementadas en Andalucía, Asturias, Galicia y el País Vasco para integrar la atención a los determinantes sociales dentro de sus respectivas Estrategias de Salud 2030. Estas medidas abarcan la capacitación y formación de los profesionales de la salud en determinantes sociales, así como la promoción de modelos de atención sanitaria que se centren más en las condiciones sociales y en las necesidades individuales de cada paciente.
Además, se busca mejorar la equidad en el acceso a los servicios de salud y utilizar nuevas tecnologías para recopilar y analizar datos sobre determinantes sociales, como factores sociodemográficos relacionados con la pobreza, la educación y el desempleo. Esta información es crucial para monitorear los resultados de los programas de salud pública y optimizar la planificación de futuras intervenciones.


