En nuestro país hay una grave escasez de enfermeras. Todos los datos e informes así lo dicen: faltan 100.000 de estas profesionales para llegar a la media de las que ejercen en el Unión Europea. Lo atestiguan los estudios del Consejo General de Enfermería desde años, los de la OCDE, los del Consejo Internacional de Enfermeras y ahora también el del Ministerio de Sanidad, que ha ratificado lo que siempre hemos venido defendiendo: la atención y los cuidados que precisa la población están en riesgo.
No en vano, este déficit agrava la presión asistencial sobre el sistema sanitario y aumenta la carga de trabajo de las enfermeras, y ello afecta directamente a la calidad de la atención que reciben los ciudadanos. Pero no sólo eso, también se está poniendo en riesgo su seguridad, pues el agotamiento y la sobrecarga asistencial que padecen puede llevar a cometer errores que pueden ser fatales.
Es cierto que año a año la cifra de profesionales en nuestro país crece, pero no es suficiente. Al ritmo actual se tardarían entre 22 y 29 años en alcanzar la media de nuestros vecinos. Una previsión a la que, además, se le debe añadir un dato escalofriante que queda patente también en la encuesta del ministerio: el 39,4% de las enfermeras españolas ha manifestado la intención de dejar la profesión en los próximos 10 años.
La radiografía está clara. Ha llegado el momento de tomar medidas y revertir la situación. La población merece recibir los cuidados enfermeros que precisa y para ello hay que contar con el número suficiente de profesionales.
A nuestro entender el primer paso ha de ser realizar un estudio de necesidades de cuidados. No se puede hablar sólo de números, hay que saber dónde necesitamos enfermeras, qué cuidados deben prestar, en qué especialidades hay que incidir teniendo en cuenta la cronicidad, el envejecimiento de la población y otros factores como puede ser la dispersión geográfica. Necesitamos un sistema sanitario bien organizado y para ello es prioritario planificar a medio y largo plazo qué queremos conseguir para poner en marcha las medidas apropiadas para ello.
Nuestro sistema sanitario está pensado para la enfermedad, y ya va siendo hora de hablar de salud. Con un buen sistema de educación sanitaria, de prevención estaríamos ahorrando costes al sistema. Muchas enfermedades crónicas, como la diabetes, hipertensión o enfermedades cardiovasculares, están relacionadas con factores modificables, como dieta, ejercicio y hábitos de vida. La prevención, liderada en gran parte por enfermeras a través de programas comunitarios, educación y seguimiento, puede evitar que estas enfermedades se desarrollen o agraven.
Pero ello exige apostar por las enfermeras. Sin una enfermería fuerte no es posible ofrecer a la población los cuidados que merece. La Sanidad no podría sobrevivir sin enfermeras porque sin ellas no hay salud y sin salud no hay futuro.