La reciente aprobación de la especialidad médica de Urgencias y Emergencias ha reabierto un debate largamente pospuesto: ¿es el momento de avanzar hacia una especialidad también en el ámbito enfermero? Para Carmen Casal, vicepresidenta de Enfermería de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), la respuesta es clara: no solo es el momento, sino que la especialidad de Enfermería en Urgencias y Emergencias es «una necesidad estratégica de salud pública«.

En una conversación con Gaceta Médica, Casal repasa los pasos que han llevado a SEMES a reclamar esta especialidad única, las consecuencias de no tenerla y el modelo ideal para su implantación. Aunque el impulso actual llega tras la creación de la especialidad médica, SEMES Enfermería comenzó su camino en 2019, cuando los enfermeros militares obtuvieron el reconocimiento oficial de la especialidad de Enfermería en Urgencias en Operaciones. “Aquello nos motivó. Nos hizo ver que también era nuestro momento”, recuerda Casal.
La pandemia paralizó el proceso, pero el Real Decreto 589/2022, que abría la puerta a nuevas especialidades sanitarias, reactivó la demanda. “Con los médicos de urgencias ya reconocidos, era evidente que nosotros también debíamos avanzar. Pero no para hacer lo mismo. Cada especialidad es única, y la nuestra debe centrarse en los cuidados especializados en situaciones urgentes y emergentes”, puntualiza.
Casal detalla con firmeza lo que una especialidad enfermera en Urgencias y Emergencias aportaría al sistema: homogeneización y estandarización de la formación, reducción de eventos adversos, mayor seguridad del paciente y mejora de la continuidad asistencial. “Trabajamos en entornos hostiles, donde el tiempo es un factor crítico. La especialización garantizaría cuidados seguros desde el triaje inicial hasta la atención avanzada en unidades móviles o aéreas, e incluso en centros de coordinación de emergencias”, explica.
«Con los médicos de urgencias ya reconocidos, era evidente que nosotros también debíamos avanzar»
Más allá de la asistencia directa, esta formación reglada permitiría también un crecimiento profesional en investigación, docencia, gestión y coordinación interinstitucional. “Nuestro trabajo es multidisciplinar por naturaleza. El trabajo en equipo es la base de nuestras intervenciones”, señala.
Formación actual
Casal no esconde la precariedad formativa que actualmente enfrentan los profesionales de enfermería en urgencias: “Ahora se forman como pueden y como quieren. Buscando másteres, cursos… No hay un estándar ni unas prácticas mínimas exigibles. A veces acaban en urgencias por horario o por rotación, sin ninguna preparación previa, y eso genera más riesgos”.
La falta de una especialidad tiene un impacto directo en la seguridad del paciente y en la calidad asistencial. “Según el Barómetro Sanitario de 2024, casi el 45% de los ciudadanos acudieron a urgencias en el último año. Hablamos de millones de personas atendidas por enfermeras que, muchas veces, no tienen una formación específica”, advierte la vicepresidenta de Enfermería de SEMES.
Casal recuerda que hasta un 70% de los eventos adversos en estos entornos podrían evitarse con formación reglada y especializada. “Se necesita capacidad de respuesta crítica, toma de decisiones rápidas y seguras, con información mínima y en entornos cambiantes. La especialización es clave”, subraya.
Por ello, desde SEMES aseguran que la formación debería basarse en el modelo EIR de dos años, en línea con otras especialidades de Enfermería. La ventaja, según Casal, es que podrían aprovecharse las unidades docentes que ya están siendo creadas para la especialidad médica.
«Hablamos de millones de personas atendidas por enfermeras que, muchas veces, no tienen una formación específica”
“Queremos rotaciones en urgencias hospitalarias, emergencias extrahospitalarias, cuidados intensivos, pediatría, partos extrahospitalarios, paliativos… todo lo que abarca nuestro día a día. Y formar a los futuros especialistas en todos esos ámbitos, con competencias propias y bien definidas”, explica.
Barreras institucionales y necesidad de apoyo
Aunque ya han presentado su propuesta al Ministerio de Sanidad, Casal reconoce que aún no hay una decisión firme. “El Ministerio nos ha escuchado, pero tiene una visión distinta. También hemos pedido el respaldo de comunidades autónomas, del Consejo General de Enfermería, colegios y asociaciones profesionales. Algunas nos apoyan, otras aún están valorándolo”.
Pero insiste: “Esto no es una reivindicación corporativa ni de SEMES. Es una necesidad estratégica. Atendemos a millones de personas cada año, en todos los escenarios y a todos los grupos de edad. No contar con una formación específica implica más riesgos y más desigualdades en la calidad de los cuidados”.
Para Casal, la especialidad es también una medida de equidad en el Sistema Nacional de Salud: “Garantizaría la misma calidad asistencial, vivas donde vivas. Nos alinearía con las recomendaciones de la OMS y del Defensor del Pueblo, que ya en 2015 pedía esta especialidad. Porque en cada instante vital, cada segundo cuenta. Y contar con una enfermera especializada puede marcar la diferencia”.