Primer día de la segunda huelga médica nacional, tras los paros de febrero, por el conflicto del Estatuto Marco entre médicos y Sanidad, que cada vez parecen marcar posiciones más opuestas. Para medir el pulso del conflicto nos hemos acercado al Hospotal Universitario Ramon y Cajal en un lunes en el que la estampa inicial puede parecer engañosa porque no hemos visto pancartas tapando las cristaleras, ni carteles reivindicativos en los ascensores, escaleras o salas de espera. El ajetreo de batas blancas, camillas y celadores parece seguir su curso habitual, pero la procesión va por dentro.
La huelga se hace notar en el silencio de las consultas vacías y en los rostros de los pacientes. En la sala de espera de consultas externas, una mujer que acudió dos horas antes de su cita con la esperanza de ser atendida se marcha con un papel de reprogramación en la mano. “Me han hecho venir para nada”, lamenta con resignación, reflejando el malestar de cientos de ciudadanos cuyas pruebas y citas han sido canceladas en este primer día de paro.
«No querría que a mi madre la atendiese un médico con 24 horas de guardia»
En el interior de los servicios, los médicos que cumplen servicios mínimos explican que la protesta ha superado el ámbito de las mejoras salariales para convertirse en una cuestión de seguridad. José María, cirujano de traumatología, es tajante al respecto reconociendo que «esto es importante, yo no querría que a mi madre la atendiese un médico que lleva 24 horas de guardia. Para mí, eso es lo fundamental. El Estatuto propio me parece una buena iniciativa, pero lo fundamental es reducir las horas de guardias. Llevamos mucho tiempo con estas condiciones, estamos a punto de llegar al límite”.
Este sentimiento de agotamiento es generacional. Dos residentes de segundo año que atienden a Gaceta Médica comparten una visión escéptica sobre la deriva de la negociación. “Creo que con el Estatuto Marco se están embarrando de más y se estás saliendo por la tangente”, afirma una de ellas, para las que «el debate técnico se ha visto empañado por la lucha partidista, y lo importante es que mejoren nuestras condiciones laborales, ahora creo que están llegando demasiado al terreno político donde lo utilizan para lanzárselo los unos a los otros”.
«El debate técnico se ha visto empañado por la lucha partidista, y lo importante es que mejoren nuestras condiciones laborales»
Además, recalcan una demanda histórica que el nuevo texto sigue sin resolver de forma efectiva, afirmando que «solo sé que nosotros seguimos con las guardias de 24 horas y no las cotizamos para la jubilación”. Existe, además, una duda razonable sobre la efectividad de un acuerdo nacional en un sistema donde las competencias están transferidas, por lo que afirman que «el Estatuto médico debería cambiarse. Pero son las CCAA las que llevan Sanidad, así que realmente no estoy segura de si habrá algún cambio al final del día”.
En el Hospital Universitario La Princesa se escucha una historia similar. El ir y venir de pacientes y sanitarios en los ascensores podría hacer parecer que es un día normal, si no fuera porque en algunas zonas del hospital, como en la sala de espera de los ecocardiogramas, sí se ven carteles anunciando la huelga: «Semana del 16 al 20 de marzo. Huelga general de médicos, se les volverá a recitar. Gracias«. Varios pacientes se han encontrado con estos avisos y han tenido que dar media vuelta.
Los médicos de este centro madrileño coinciden con los facultativos del Ramón y Cajal: «Estamos agotados«, explica una médico de servicios mínimos a este medio que tiene previsto participar en la huelga estos días. «El mes pasado hice huelga uno de los días de la semana, y esta vez tengo pensado hacer lo mismo». La profesional asegura que este tipo de movilizaciones son fundamentales: «Conseguir el Estatuto propio es importante para la profesión; así lograremos unas condiciones laborales dignas».
En el propio hospital se escuchan fragmentos de las conversaciones de los profesionales sobre la huelga médica, aunque no todos están a favor. «Llevo mucho tiempo sin apoyar la huelga médica», admite un cirujano de digestivo. Según explica, al principio, como ha ocurrido con muchos otros profesionales, estaba de acuerdo con las reivindicaciones: «Cuando salió el primer borrador, recuerdo enfadarme con muchas cosas: lo poco que se reducía la hora de guardia o la jornada laboral». Ahora, añade, aunque no cree que el Estatuto Marco sea perfecto, considera que se trata de un acuerdo que beneficia a todos los sanitarios: «Tenemos un capítulo propio donde se eliminan las guardias de 24 horas».
Guerra de cartas: el «falso acuerdo» con el Foro médico
Esta nueva convocatoria de paros, que se extenderá del 16 al 20 de marzo, llega tras un fin de semana de máxima tensión institucional. La mecha se volvió a encender tras el anuncio del Ministerio de un supuesto acuerdo con el Foro de la Profesión Médica (FPME) para avanzar en la tramitación del Estatuto. Sin embargo, el Comité de Huelga, integrado por la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM), el Sindicato Médico Andaluz (SMA), Amyts, el Sindicato Médico de Euskadi (SME), Metges de Catalunya (MC) y O’MEGA, ha negado tajantemente la existencia de dicho pacto.
En un comunicado conjunto que ha servido de base para las protestas de hoy, los sindicatos denuncian que la intención del departamento de Mónica García es “deslegitimar las demandas de nuestro colectivo y a nuestros representantes, así como fomentar nuestra división”. Sostienen que un acuerdo real debería ser un documento formal y público, algo que, según ellos, «no existe, por la sencilla razón de que entre el FPME y el Ministerio de Sanidad no han alcanzado ningún acuerdo”. Además, «en caso de existir, carecería de valor jurídico alguno”.
La intención del departamento de Mónica García es “deslegitimar las demandas de nuestro colectivo y a nuestros representantes, así como fomentar nuestra división”
Por su parte, la ministra de Sanidad, Mónica García, ha remitido una carta a los representantes sindicales defendiendo que el diálogo es constante y reprochando al Comité mantener la huelga “sin margen de negociación”. Según la titular de Sanidad, esta decisión “rompe el principio de buena fe y el propósito del diálogo y de las negociaciones”. García también ha señalado “la ausencia de cualquier alusión a la creación de un estatuto propio para la profesión médica”, lo que a su juicio contradice las consignas de las manifestaciones.
Mientras los médicos se manifiestan este lunes con un recorrido previsto entre el Congreso de los Diputados y el Ministerio de Sanidad, el conflicto escala al plano autonómico. La Comunidad de Madrid, a través de su consejera de Sanidad, Fátima Matute, ha reclamado la retirada «inmediata» del Estatuto Marco, apoyando la idea de un estatuto propio para los facultativos y criticando que el texto ministerial «ha enfrentado a las distintas categorías profesionales» y carece de viabilidad técnica y económica.
Sin embargo, no hay unanimidad en el sector. Sindicatos como CSIF, que pertenecen al Ámbito de Negociación que ha llegado a un acuerdo con Sanidad por el Estatuto Marco, defienden que el anteproyecto del Ministerio sí recoge avances significativos, como la limitación de las guardias a un máximo de 17 horas (convirtiendo las de 24 en excepcionales), la jornada ordinaria de 35 horas semanales y una nueva clasificación profesional basada en la formación. Desde CSIF consideran que la petición de un Estatuto específico para médicos «carecería de recorrido real», ya que su contenido sería similar al que ya se está negociando en el marco general.
Hacia un calendario de protestas hasta junio
La jornada de este lunes en el Ramón y Cajal y La Princesa es solo el principio de lo que los sindicatos han definido como un conflicto de largo recorrido. Si no hay movimientos en los despachos del Ministerio, el calendario de paros ya está fijado: tras esta semana de marzo, los médicos volverán a la huelga del 27 al 30 de abril, del 18 al 22 de mayo y, finalmente, del 15 al 19 de junio.
“Sostenemos el sistema, pero en estas condiciones caerá”, advierten los facultativos desde las puertas de los centros hospitalarios. Con las posturas más alejadas que nunca y un diálogo que parece más una guerra de comunicados que una negociación real, el Sistema Nacional de Salud se enfrenta a una crisis de sostenibilidad que, como dicen los residentes del Ramón y Cajal, ha terminado por embarrarse en el terreno de la política partidista.