Mientras el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas escenificaban el pasado viernes un aparente paso hacia el entendimiento en el seno del Consejo Interterritorial de Sanidad (CISNS), la realidad en las sedes sindicales es de «un silencio administrativo absoluto«. A pesar de que la ministra Mónica García anunció el pacto para designar a un mediador que ponga fin al conflicto del Estatuto Marco, los representantes de los facultativos son tajantes: «no ha llegado ni una sola línea de comunicación formal».
La Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM) ha sido la primera en elevar la voz para denunciar esta desconexión. Fuentes de la organización confirman que el Comité de Huelga no ha recibido, hasta la fecha, ninguna citación oficial ni información directa sobre cómo, cuándo o bajo qué términos se pretende articular esa figura de mediación. Esta situación ha generado un profundo malestar en el colectivo, que interpreta el anuncio ministerial no como un avance real, sino como «una maniobra de distracción«.
Desde Amyts, el sindicato mayoritario de médicos en Madrid, se preguntan: «¿Hay petición oficial para ofrecer un mediador más allá de los medios?». Para los representantes sindicales, mientras esa propuesta no aterrice en la mesa de negociación, las reglas del juego permanecen inalteradas. Insisten en que la interlocución válida sigue siendo la del comité de huelga ampliado con el Ministerio, y que cualquier intento de introducir a un tercero sin previo aviso es, en la práctica, inexistente.
«Habría que buscar un mediador en condiciones, conocedor del tema y que fuera aceptable tanto por la administración como por nosotros”
Victor Pedrera, secretario general de CESM
«Tiene que aceptarse por ambas partes y no forzarse»: perfil técnico o pacientes
Aunque los sindicatos médicos van de la mano en estas negociaciones con el Ministerio, un punto en el que no coinciden es el perfil idóneo para la figura del mediador. Coinciden en que «mientras no llegue, las respuestas deberían ceñirse a que la negociación es del Comité del Huelga ampliado con el ministerio o si el Ministerio no tiene capacidad para alcanzar un acuerdo, quien designe el Gobierno«, afirman desde Amyts, apuntando a que «si llegara la petición con mediador se vuelve a lo de que una mediación tiene que aceptarse por ambas partes y no puede forzarse«.
Aseguran que «no tendríamos inconveniente en que los pacientes, en el caso de que sean ellos los mediadores, presencien la reunión para dotar de la máxima transparencia y que puedan entender que la asistencia, sobre todo una asistencia de calidad, no puede seguirse basando en unas condiciones discriminatorias para médicos y facultativos. Eso solo puede llevar a la progresiva depauperación de médicos y facultativos con el consiguiente riesgo de sobrecarga de los que queden y esperas inaceptables para pacientes que no se solucionan con parches».
Mientras, en declaraciones previas a Gaceta Médica, el Secretario General de CESM, Víctor Pedrera, aseguraba que ante la propuesta del País Vasco, Canarias o Castilla-La Mancha de contar con asociaciones de pacientes como mediadores, propuesta que inicialmente fue rechazada, «resulta necesario un perfil mucho más técnico y laboral«, aunque Pedrera no descartaba la figura del mediador si el Ministerio sigue sin dialogar, reiterando que «habría que buscar un mediador en condiciones, conocedor del tema y que fuera aceptable tanto por la administración como por nosotros”.
«No tendríamos inconveniente en que los pacientes, en el caso de que sean ellos los mediadores, presencien la reunión para dotar de la máxima transparencia«
Amyts
El conflicto continúa marcado por una quiebra de la confianza. Los sindicatos consideran que las insinuaciones de la ministra sobre una inminente «desescalada» tras la Semana Santa son, en realidad, «una estrategia para confundir a la opinión pública» y tratar de deslegitimar a los representantes de los trabajadores. Lejos de la calma que intenta proyectar el Ministerio, el Comité de Huelga, donde también se integran organizaciones como el Sindicato Médico Andaluz (SMA), Metges de Catalunya u O’MEGA, asegura que el calendario de paros nacionales se mantiene intacto hasta el mes de junio, con una cita clave ya marcada en el calendario para la semana del 27 al 30 de abril.
La brecha técnica entre ambas partes parece, a día de hoy, insalvable. Los médicos exigen seis puntos que consideran irrenunciables: un Estatuto de la Profesión Médica propio, una mesa de negociación directa sin la tutela de sindicatos generalistas, la creación del Grupo 9 para especialistas, la jornada de 35 horas semanales, la jubilación anticipada con coeficientes reductores y garantías reales de igualdad. Frente a esto, el Ministerio ha calificado varios de estos puntos como «técnicamente inviables» o ajenos a su competencia directa, remitiendo las soluciones a otros departamentos como Hacienda o Seguridad Social.
Un sistema al límite y un fracaso negociador
Esta parálisis ha llevado a consejeros de diversos colores políticos a forzar un pleno extraordinario el próximo 9 de abril para exigir soluciones concretas. Mientras el mediador oficial sigue sin aparecer, el coste asistencial del conflicto es ya masivo. Las cifras aportadas por las comunidades autónomas dibujan un panorama desolador: 135.000 consultas suspendidas en Madrid, más de 158.000 actos asistenciales perdidos en Andalucía y un aumento de los tiempos de espera quirúrgica en el País Vasco y Aragón.
Para muchos de estos consejeros, como la madrileña Fátima Matute o el castellanoleonés Alejandro Vázquez, la propia búsqueda de un mediador «es la prueba fehaciente de que el Ministerio de Sanidad ha fracasado en su capacidad negociadora«. La crítica es unánime: no se han puesto sobre la mesa medidas concretas ni financiación finalista para acometer las reformas necesarias. En este escenario de reproches cruzados y sillas vacías de los ministerios de Hacienda y Trabajo, la figura del mediador se presenta más como un clavo ardiendo que como una solución estructurada. La pelota vuelve a estar, por tanto, en el tejado de Mónica García.