La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), enfermedad que afecta gravemente la calidad de vida de los pacientes que la padecen, continúa aumentando su incidencia en España en los últimos años. De hecho, según el estudio epidemiológico más amplio realizado hasta el momento, la incidencia global en 2017 fue de 16,2 casos por 100.000 habitantes1 con el impacto que esto supone en el sistema sanitario haciendo necesario organizar circuitos de atención especializada para estos pacientes.
Esta enfermedad, que provoca la inflamación del tubo digestivo, afecta predominantemente a personas jóvenes lo que implica años de convivencia con una enfermedad crónica que condiciona aspectos como el laboral, social y emocional de la vida de los afectados. Cabe resaltar que, en el primer año tras el diagnóstico, más del 25% de los pacientes requiere hospitalización y más de un 5% precisa cirugía2 y, además, una proporción elevada de estos debe iniciar tratamientos complejos con esteroides sistémicos, inmunomoduladores o fármacos biológicos. Este uso intensivo de recursos terapéuticos refleja tanto la gravedad clínica de esta patología como el elevado coste económico directo e indirecto, incluyendo hospitalizaciones y tratamientos de última generación.
Estas serán algunas de las principales conclusiones que expondrá el Dr. Guillermo Bastida, ponente en el 84º Congreso de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y médico adjunto del servicio de Medicina Digestiva del Hospital Universitario y Politécnico La Fe (Valencia), en su ponencia «Epidemiología de la EII en las últimas tres décadas: pasado y futuro», de la Mesa de EII que tendrá lugar durante la celebración del 84º Congreso de la SEPD, del 5 al 7 de junio en Bilbao.
Prioridades para el futuro de la EII
La EII es una patología sin cura y «aunque sus factores de riesgo no están completamente comprendidos» todo apunta a que el tabaquismo, el estilo de vida occidentalizado, la dieta rica en ultraprocesados y los desequilibrios en la microbiota «son elementos clave en su desarrollo» declara el experto. Por ello, la investigación actual se centra en identificar factores modificables que puedan reducir la incidencia de esta enfermedad y para ello, «se deben desarrollar estrategias de prevención primaria que incluyan intervenciones dietéticas y cambios en los hábitos de vida«.
Asimismo, «es importante resaltar que el abordaje de esta patología requiere modelos asistenciales multidisciplinares centrados en el paciente» esto incluye la colaboración entre especialistas, desde atención primaria, enfermería, nutrición y salud mental. Así como «desarrollar estrategias terapéuticas avanzadas que se centren en la medicina personalizada, el uso de biomarcadores, tratamientos combinados» y, además, «nuevas herramientas para abordar posibles complicaciones que puedan darse como, por ejemplo, la fibrosis».
Por otro lado, «no podemos olvidar el abordaje social que requiere esta enfermedad» que abarque desde la educación y la concienciación «reforzando la formación de médicos y pacientes sobre el diagnóstico y el papel que juega la nutrición, ya que es clave para mejorar la calidad de vida de los pacientes». Y, además, «debemos tener en cuenta la integración de la perspectiva del paciente comprendiendo sus necesidades y ofreciendo apoyo psicosocial» incluyendo aquí el abordaje de las desigualdades existentes en cuanto al acceso a la atención sanitaria.
Con todo esto, «el abordaje de la EII no solo exige recursos terapéuticos, sino también un esfuerzo investigador y de salud pública para abordar sus causas y frenar su avance teniendo en cuenta la afectación social que supone» finaliza el experto.
Concepto y síntomas de la EII
La Enfermedad Inflamatoria Intestinal, cuyo Día Mundial se celebra el 19 de mayo, es una enfermedad que produce inflamación del intestino grueso y el colon, dando lugar a Colitis Ulcerosa (CU), o bien, cursar con inflamación en cualquier parte del tubo digestivo, lo que origina la Enfermedad de Crohn (EC). Es una enfermedad crónica que se suele diagnosticar a personas jóvenes, de entre 20 y 40 años, aunque también se diagnostica en edad pediátrica y personas de edad más avanzada.
Entre los síntomas de esta enfermedad, tanto para la Colitis Ulcerosa como para la Enfermedad de Crohn, destacan cambios en el ritmo intestinal, dolor abdominal, cansancio, pérdida de apetito y/o sangre en las heces, entre otros. Sin embargo, es importante tener en cuenta que los episodios sintomáticos de esta enfermedad se alternan con episodios de remisión tras adecuar el tratamiento.