Las guardias nocturnas y en Urgencias, lo que más inquieta a los R1: «Te puede venir cualquier cosa, da vértigo»

Ainara Cea, residente de primer año, comparte con GM sus impresiones, dudas y primeros pasos desde que comenzó su formación como especialista hace menos de un mes

Con el inicio del verano, miles de nuevos residentes han comenzado su formación en hospitales y centros de salud de toda España. Es el caso de Ainara Cea (Zaragoza, 32 años) que acaba de empezar su especialidad en Medicina Familiar y Comunitaria en el Hospital Royo Villanova, en Zaragoza. Aunque lleva poco tiempo como médica residente, ya acumula una amplia experiencia en el ámbito sanitario: antes fue enfermera, incluso en servicios tan exigentes como Cuidados Intensivos. Ese recorrido profesional fue lo que acabó empujándola a dar el salto a la carrera de Medicina.

«Siempre tenía ese runrún de si hacer o no medicina, y trabajando en UCI fue cuando me decidí. Fueron seis años duros, compaginando estudios y trabajo, pero estoy muy contenta de haberlo conseguido”, señala Ainara a Gaceta Médica. El inicio de la residencia en familia tiene sus particularidades, explica. “El primer mes es un poco especial, no estamos desde el primer día en el centro de salud ni en el hospital. Hacemos muchos cursos iniciales, así que en realidad llevamos apenas una semana en consulta. Pero de momento, muy contenta».

Ainara Cea, residente de primer año en Medicina Familiar

Ainara destaca el cambio radical que supone pasar del aprendizaje teórico al ejercicio profesional: «Durante la carrera estás muy centrado en lo teórico. Aunque hacemos prácticas y ves pacientes, no es lo mismo. Ahora eres médico, tienes responsabilidad asistencial, tus decisiones cuentan y se espera que sepas resolver. Es muy distinto a cuando solo observabas«.

Ainara Cea, R1 de Medicina Familiar

En cuanto a sus inquietudes actuales como R1, Cea reconoce que el mayor reto al que se enfrenta ahora mismo son las guardias de Urgencias: «En consulta en atención primaria sabes más o menos a qué te enfrentas. Pero en Urgencias te puede venir cualquier cosa, en cualquier momento. Da vértigo».

También menciona la complejidad emocional de algunas situaciones en consulta: «Puedes estar tratando algo muy banal, como una infección de orina, y justo después te entra un paciente con una carga emocional enorme, como la pérdida reciente de un familiar. No siempre tienes la solución. A veces solo puedes acompañar, estar ahí. Pero eso también es medicina».

Sobre su día a día en el centro de salud, Ainara se muestra muy satisfecha: «Empezamos a las 8:15. Algunos días hay demandas no presenciales, consultas telefónicas para renovar recetas, por ejemplo. Luego vienen las consultas programadas. Estoy muy bien con mi tutora y con otra médica con la que trabajo. Me siento integrada. Partimos la consulta: yo pregunto, exploro, propongo. Si me equivoco, me corrigen. Es la forma de aprender que más me gusta: hacer, equivocarte y mejorar. No solo mirar desde una silla».

Primeras semanas en el hospital

Por su parte, Rocío Ferrándiz acaba de iniciar su residencia en Medicina Nuclear en el Hospital Germans Trias i Pujol (Can Ruti). Procedente de San Andrés de Llavaneres (Barcelona) y originaria de Alicante, explica a este medio la calurosa bienvenida que recibió al llegar: «Me impresionó mucho la acogida. Fue muy cariñosa, se nota que hay personas con muy buen corazón, que son atentas y se preocupan por ti. Eso me marcó muchísimo».

Rocío Ferrándiz, R1 de Medicina Nuclear

Sus primeras semanas en el hospital han sido un torbellino de emociones: «Ha habido de todo: alegría, nervios, incluso miedo a no saber cómo actuar con un paciente. Cada día es distinto, siempre estás aprendiendo. Es un no parar». Antes de comenzar la residencia, Rocío trabajó en una residencia y centro de día para personas con Alzheimer en Alicante. “Fue una experiencia muy enriquecedora. Aprendí muchísimo sobre enfermedades neurodegenerativas y sobre cómo tratar con sensibilidad a los pacientes. Mis compañeros se convirtieron en amigos. Me ayudó mucho para afrontar esta nueva etapa”, reconoce.

Sin embargo, el salto a un hospital de tercer nivel ha supuesto todo un reto. “Nunca había trabajado en urgencias ni había manejado muchas de las situaciones que ahora enfrento. Todo es nuevo y distinto. Siento esa autoexigencia que tenemos todos al empezar: el miedo de no saber lo suficiente, de no poder ayudar como te gustaría”.

Durante este primer mes, Rocío ha estado rotando por su servicio y familiarizándose con la parte técnica: informes, pruebas de medicina nuclear convencional, análisis de imágenes y manejo de equipos. Afortunadamente, se ha sentido muy acompañada. «Mi compañera y yo formamos parte de la primera promoción de residentes junto a otra compañera de Radiofarmacia, y nos están apoyando muchísimo. Se nota que tenían muchas ganas de que llegáramos. Nos animan a hacer cursos, resuelven cualquier duda… Estamos encantadas», asegura.

Rocío Ferrándiz, residente de primer año en Medicina Nuclear

Aunque su experiencia está siendo positiva, sí echa en falta una mejor preparación práctica antes de enfrentarse a la realidad hospitalaria: “Me habría gustado tener más formación sobre cómo actuar en urgencias, algo más aplicado y menos teórico. Muchos residentes de primer año lo comentamos. Es una de las partes que más angustia genera al principio”. Con todo, Rocío señala que «es emocionante formar parte del sistema y ver lo mucho que puedes crecer, tanto profesional como personalmente”.

Adaptación progresiva

Las inquietudes de Ainara son compartidas por muchos residentes. Daniel Selva, secretario general de la Asociación de Médicos de España (AME), explica a este medio que el primer mes de residencia es, en general, un periodo de adaptación progresiva, con formaciones iniciales y una incorporación paulatina a las tareas asistenciales.

El comienzo es muy variado según el servicio y el hospital, pero en general las primeras semanas están marcadas por cursos básicos y la incorporación progresiva a las guardias y rotaciones”, explica Selva. “Poco a poco se les va asignando responsabilidad, aunque con una supervisión muy estrecha, como es lógico en esta etapa”.

Aunque los nuevos residentes aún se encuentran en una fase más observacional, ya comienzan a participar en pequeñas tareas que los integran en el trabajo diario del equipo: responder al busca, gestionar algunas peticiones de pruebas o realizar tareas administrativas con supervisión. “Son cosas que pueden parecer menores, pero les ayudan a familiarizarse con el funcionamiento del sistema”, añade.

Las guardias, principal fuente de ansiedad

Coincidiendo con las preocupaciones de Ainara, una de las mayores inquietudes manifestadas por los R1, según Selva, son las guardias, especialmente las nocturnas. «Es un punto crítico para la mayoría. A muchos les genera ansiedad enfrentarse por primera vez a una guardia de noche en un hospital, en un entorno nuevo y rodeados de especialidades que todavía no conocen del todo».

Desde AME, se insiste en la importancia de transmitir tranquilidad a los nuevos residentes. «Deben saber que siempre van a contar con supervisión, que no se espera de ellos una autonomía inmediata. La residencia es un proceso progresivo de adquisición de competencias. Se empieza desde lo más básico y se va subiendo”.

«La residencia es un proceso progresivo de adquisición de competencias. Se empieza desde lo más básico y se va subiendo”

Daniel Selva, secretario general de AME

Selva también señala que existen diferencias notables entre hospitales y comunidades autónomas, sobre todo en lo que respecta a la sobrecarga asistencial. “En algunas regiones hay menos plantilla, y eso repercute directamente en los residentes, porque si hay déficit de personal, se corre el riesgo de que se les asigne más carga asistencial de la que deberían asumir”.

Esta situación, advierte, puede comprometer la calidad de la formación. “Los residentes están aquí para formarse, y aunque es evidente que aprenden trabajando, también necesitan tiempo protegido para la docencia, el estudio e incluso la investigación. Es esencial que eso se respete”.

Desde AME, insisten en la necesidad urgente de reforzar las plantillas médicas y garantizar condiciones que permitan a los nuevos médicos adquirir sus competencias sin asumir responsabilidades que excedan su nivel. «Formar médicos no es solo ponerlos a trabajar; es acompañarlos en un proceso que debe estar bien estructurado y protegido».


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