Inmaculada Mediavilla (SECA): «Nos vamos a jubilar el 50% de los médicos de familia en 4 años y no hay sustitutos»

En una entrevista con GM, la presidenta de la SECA apunta que tener en cuenta los determinantes sociales hace que la asistencia sea más equitativa.

La calidad asistencial es una premisa básica en la atención sanitaria. Por ello, no es de extrañar que el 80 por ciento de los asistentes al último Congreso de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA) fueran profesionales de la sanidad interesados en este ámbito, mientras que solo el 20 por ciento eran socios de la sociedad científica. Así lo expone Inmaculada Mediavilla, presidenta de la SECA, en una entrevista con GM con motivo de la celebración de este congreso “transversal”, que interesa a todos los profesionales sanitarios, desde los que están a pie de obra hasta los gestores”.

Pregunta. ¿Cuáles son las novedades más relevantes que se abordaron en el Congreso de la SECA?

Respuesta. Se abordaron proyectos, experiencias y actuaciones de las distintas comunidades autónomas que tienen que ver con la mejora de la calidad asistencial, enfocado en el lema ‘Avanzando juntos hacia un sistema de salud renovado’. Porque este año, pensamos que, más que de mejora, había que hablar de renovación del sistema sanitario, que es una joya que tenemos que cuidar. El Congreso se planteó en torno a siete áreas temáticas: gestión de la calidad, seguridad de los pacientes, abordaje de los profesionales sanitarios, perspectiva de los pacientes, tecnología y digitalización, sostenibilidad y gestión medioambiental y la ética. Además, también tuvieron cabida los ‘Espacios SECA’, donde se abordaron proyectos colaborativos en los que está ahora nuestra sociedad científica, como el que versa sobre normalización –nos acabamos de adherir a Asociación Española de Normalización (UNE)–; un proyecto colaborativo con SANITAS sobre indicadores para evaluar la calidad asistencial en los centros sociosanitarios; o la herramienta SECAcredita, para acreditar unidades de calidad, entre otros.

P. ¿Cuáles son los cambios a los que se debe enfrentar el sistema de salud nacional?

R. Uno de ellos es que la población está cambiando o ha cambiado respecto a sus necesidades y expectativas, por lo que nos tenemos que adaptar a los nuevos tiempos. La población está cada vez más envejecida, tiene más enfermedades crónicas y nos demanda un tipo de relación más ágil, con más accesibilidad, que cada vez más tengamos en cuenta al paciente –lo que llamamos las decisiones compartidas con el paciente–, la información a través de las nuevas vías como las redes sociales, las herramientas tecnológicas… Y, para eso, se necesita formación de los profesionales e inversión. También necesitamos renovar la plantilla; tenemos profesionales muy mayores. La planificación que se ha hecho desde el Ministerio en determinadas especialidades para ir formando profesionales que nos sustituyan no ha sido la adecuada. En los próximos tres o cuatro años, el 50 por ciento de los médicos de familia nos vamos a jubilar y no hay profesionales para sustituirnos. Además, hay que abordar la sostenibilidad, pues cuesta mantener este sistema sanitario que da una cobertura universal con todas las prestaciones posibles y al precio que lo da. Y cada vez nos enfocamos más a la gestión medioambiental y la equidad. La equidad tiene mucho que ver también con los determinantes sociales, que influyen en cómo un paciente enferma, en su contacto con el sistema sanitario y en cómo va a evolucionar la enfermedad. Abordar los procesos asistenciales teniendo en cuenta esos determinantes sociales hace que la asistencia sea mucho más equitativa e igual de accesible para todos. Por ahí también tiene que ir la transformación del sistema sanitario.

P. También se recalcó la necesidad de hacer las cosas bien, pero especialmente hacer lo que se debe hacer… ¿Por dónde pasa ese “no hacer”?

R. Es lo que llamamos el ‘right care’, que es hacer lo que se debe hacer y solo eso, porque hacemos muchas actuaciones sanitarias que son innecesarias, que cuestan dinero y que además pueden dañar a los pacientes. Las hacemos motivados por la presión asistencial, por la presión de los propios pacientes. Se piden pruebas diagnósticas o se hacen tratamientos que no son necesarios y tenemos que ir más por la línea de la adecuación del ‘right care’, de hacer lo que se debe hacer. Y, por otro lado, hay que abordar la asistencia sanitaria basada en el valor. Hasta ahora, a las unidades clínicas se las medía por número de actos, costes, efectividad clínica, es decir, a cuántas personas se ha curado o han mejorado en su proceso patológico, pero no medíamos cosas que verdaderamente les importan a los pacientes, como es la calidad de vida. Y, además de medir la calidad de vida, también hay que medir la experiencia de los pacientes en su viaje por el sistema sanitario.

P. ¿Qué experiencias innovadoras hay para mejorar la continuidad asistencial?

R. Es cierto que la continuidad asistencial es una dimensión de la calidad que llevamos años hablando de ella, porque no llegamos a cerrarlo y decir que está solucionado. No lo conseguimos. La continuidad de asistencia tiene mucho que ver con la relación entre ámbitos asistenciales (primaria y hospitales) fundamentalmente está ahí el gap que no conseguimos a veces saltar. Entonces, está claro que la tecnología, los sistemas de información nos están ayudando. En algunas comunidades compartimos historia clínica, en otras tenemos visores para poder ver las historias y los informes. Cada vez más es posible la e-consulta entre los médicos de primaria y los médicos de hospitales para poder consultar sobre un paciente sin él delante. Todo eso favorece la continuidad asistencial y creo que hemos dado pasos de gigante gracias a la tecnología.

P. ¿Cómo lograr un adecuado equilibrio entre tecnología y humanización?

R. Es complicado, porque la humanización de la asistencia sanitaria tiene muchas patas. Empieza por la accesibilidad y los espacios físicos, que estén en un entorno agradable, por el trato al paciente… Puede haber tecnología y buen trato; no es incompatible. Evidentemente, cuando tienes que estar mirando el ordenador todo el rato y metiendo datos, a veces descuidas el trato con el paciente. Ahora mismo, ya hay experiencias y empresas que ya están ofreciendo soluciones que se basan en la inteligencia artificial y que facilitan la recogida de los datos en el momento de la entrevista con el paciente para que el profesional pueda estar más dedicado y empatizar.

P. Por otra parte, la contaminación es responsable de un gran número de ingresos hospitalarios en España. ¿Qué tipo de planes se deben poner en marcha para minimizar esta situación?

R. Yo creo que esos planes no competen al sistema sanitario. Nosotros recogemos el impacto de la contaminación o el cambio climático, somos los receptores de las consecuencias y, por lo tanto, se debe abordar a nivel más internacional que nacional, con medidas evidentemente que disminuyan la contaminación a todos los niveles y aumenten la concienciación respecto a la gestión medioambiental, también en relación a los costes por su impacto en la salud y en el sistema sanitario. Entonces, por nuestra parte, hay que apoyar todas las iniciativas posibles.

P. ¿Qué desafíos quedan por delante para avanzar en la mejora de la calidad asistencial?

R. Es necesario abordar el modelo de atención teniendo en cuenta las nuevas necesidades y expectativas de una población cambiante y cada vez es más exigente. Tenemos que para dar a los pacientes una buena experiencia cuando se ponen en contacto con el sistema sanitario. Tenemos que orientarnos a escuchar a los pacientes a sus necesidades y expectativas que son diferentes a las que eran. Tenemos el reto de la sostenibilidad económica; hay que reflexionar si podemos mantener el gasto que se va incrementando año tras año. También está el reto de la tecnología. Necesitamos la tecnología, pero que no sea agresiva, tanto hacia los profesionales como hacia los pacientes, sino que aporte soluciones y, por tanto, necesitamos formar a pacientes y profesionales en su uso. Y cuidar a los profesionales. En el sistema sanitario cuestan mucho los medicamentos, los aparatos, los productos sanitarios… pero el elemento fundamental son los profesionales. Sin los profesionales, el sistema sanitario no va a ningún sitio.