Inquietud ante la falta de avances sobre la especialidad de Infecciosas: «El silencio es desestimatorio»

Fuentes de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) han expresado a GM que no tienen "ni siquiera noticias de la previsión de convocatoria de la Comisión de RRHH"

La tramitación de la especialidad de Enfermedades Infecciosas continúa paralizada. Pese a que el procedimiento entró hace meses en una fase considerada clave por la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), a día de hoy el Ministerio de Sanidad sigue sin mover ficha y el proceso se aproxima a una fecha límite relevante sin novedades sobre su avance.

El expediente se encuentra pendiente de un paso decisivo dentro de su recorrido administrativo. Después de que el grupo de trabajo encargado de valorar la solicitud avalara el inicio de la tramitación de la especialidad, el siguiente escalón debía situarse en la Comisión de Recursos Humanos del Sistema Nacional de Salud. Sin embargo, ese trámite sigue sin materializarse, lo que ha encendido la preocupación en el seno de la sociedad científica, que observa cómo se agotan los plazos sin señales por parte del departamento que dirige Mónica García.

Ese malestar lo trasladan fuentes de la SEIMC a Gaceta Médica, que insisten en que la situación permanece completamente bloqueada: «Sin novedad». Además, aseguran que están «sorprendidos porque el plazo legal expira el 14 de abril», a la par que apuntan que «el silencio administrativo es desestimatorio» y no tienen «ni siquiera noticias de la previsión de convocatoria de la Comisión de RRHH».

En este sentido, la actual situación contrasta con el escenario que se abrió a comienzos de año, cuando la SEIMC interpretó que el proceso había superado una fase determinante. Entonces, el grupo de trabajo dio respaldo a que la vía adecuada era la creación de una especialidad completa de Enfermedades Infecciosas, descartando la fórmula del Área de Capacitación Específica (ACE). Para la sociedad científica, esa conclusión suponía un espaldarazo técnico a una reclamación sostenida durante años.

La clave de ese posicionamiento reside en el encaje normativo y formativo de la futura especialidad. Desde la SEIMC se ha defendido reiteradamente que la atención a las enfermedades infecciosas requiere un itinerario propio y reglado, homologable al de otros países europeos. En esa línea, la entidad ha venido sosteniendo que la alternativa del ACE no resuelve las necesidades asistenciales ni cumple con las exigencias de formación que se derivan del marco comunitario, mientras que la especialidad sí permitiría articular un modelo específico y estable.

La propuesta que ha venido defendiendo la sociedad pasa por una formación de cinco años dentro del sistema MIR, con un primer periodo compartido con Medicina Interna y una fase posterior centrada ya en competencias específicas de Infecciosas. Ese esquema era, precisamente, el que la organización veía más viable tras el aval técnico recibido en enero, cuando incluso se llegó a contemplar la posibilidad de que, si la tramitación avanzaba sin obstáculos, el real decreto pudiera aprobarse en primavera y abrir la puerta a futuras plazas.

Sin embargo, ese horizonte se ha ido desdibujando. La falta de convocatoria de la Comisión de Recursos Humanos ha enfriado las expectativas y ha devuelto el proceso a un terreno de incertidumbre. Hasta llegar aquí, la reivindicación de la especialidad de Enfermedades Infecciosas ha estado marcada por una larga reclamación del colectivo. La sociedad científica ha defendido de forma constante que el SNS necesita especialistas específicamente formados para dar respuesta a un ámbito cada vez más complejo, condicionado por factores como las resistencias antimicrobianas, las infecciones emergentes o la creciente sofisticación de la atención hospitalaria. A ello suma un argumento estructural: la necesidad de garantizar relevo generacional en unas unidades que llevan años funcionando sin un reconocimiento formal de la especialidad.

De este modo, en vísperas de que expire el plazo legal, la ausencia de respuesta alimenta el temor a que la iniciativa decaiga por silencio desestimatorio, frustrando una demanda que la sociedad daba por mejor encarrilada que nunca.


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