Las consecuencias del ‘burnout’ en Oncología: el 38% de los profesionales se plantea dejar su trabajo

Expertos exponen, en una rueda de prensa previa al Congreso ESMO, las causas y consecuencias del síndrome de desgaste profesional y aportan recomendaciones para abordarlo.

El síndrome de desgaste profesional o ‘burnout’ cada vez es más frecuente entre los profesionales sanitarios, incluidos los oncólogos. Por ello, la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) ha realizado una revisión de cerca de 4.000 encuestas realizadas, donde se observa que hasta uno de cada cuatro profesionales considera cambiar su carrera y más de un tercio (38 por ciento) contempla dejar su profesión.

Así lo ha expuesto Andrés Cervantes, presidente de ESMO, durante una rueda de prensa previa al Congreso ESMO que se celebra en Barcelona del 13 al 17 de septiembre y en la que también han participado otros expertos para ahondar en las causas y consecuencias de este fenómeno y dar a conocer un decálogo de recomendaciones.

Intervención de Andrés Cervantes durante la rueda de prensa previa al Congreso de ESMO.

«El síndrome de desgaste profesional consiste en una serie de manifestaciones en las que los profesionales creen que se sienten desgastados, no son capaces de tomar decisiones, están fuera de control…», explica Cervantes. Por ello, señala que lo más importante es «hacer consciente a la sociedad en general y a los propios profesionales de la importancia de este fenómeno».

En este contexto, el presidente de ESMO apunta que las personas que han respondido a las encuestas son, generalmente, menores de 40 años, lo que indica que se trata de una situación muy común y relevante en los médicos más jóvenes. Asimismo, indica que han participado más de 104 países de todo el mundo, por lo que no se trata de un problema único de España o Europa, sino que supone un desafío global.

Recomendaciones

El ‘burnout’ puede tener consecuencias para la salud mental de los afectados, como depresión o insomnio, tal y como asegura Cervantes. Sin embargo, se puede prevenir con una serie de medidas que recomienda ESMO. En primer lugar, expone Cervantes, es necesario «dar a conocer este problema y establecer una serie de recursos a tres niveles». Así, las medidas se deben aplicar a nivel individual, a nivel institucional –e incluso de autoridades sanitarias–, y a nivel de las sociedades científicas (SS. CC.).

«Individualmente, podemos reforzar a los profesionales, dándoles instrumentos para reforzar su capacidad de resiliencia, que haya sistema de comunicación transparente entre los profesionales y entre los profesionales y los pacientes», apunta Cervantes. A nivel institucional, el presidente de ESMO insta a generar un buen ambiente de trabajo, con una comunicación abierta y circuitos bien establecidos, así como «medir las cargas de trabajo». Y, finalmente, la labor de las SS. CC., como ESMO, es realizar actividades educativas de carácter científico, pues «deben ser parte de las estrategias de formación y protección a los profesionales». «Todo esto pretende establecer un marco de diálogo para reconocer la magnitud y la importancia del problema y ser capaces de ver las medidas a tomar», concluye Cervantes.

Por su parte, Elena Élez, miembro de los Grupos de Resiliencia de ESMO y la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), ha extrapolado las recomendaciones en el contexto español. «Desde SEOM quisimos abordar este problema que ya había identificado ESMO y que, empezando por los oncólogos más jóvenes, en una primera encuesta fue muy llamativo el índice de ‘burnout'», asevera.

En este sentido, Élez hace hincapié en la formación. De hecho, Cervantes opina que «las facultades de Medicina tienen que incorporar la metodología del desarrollo profesional para reforzar a los futuros médicos sobre la presión externa que desemboca en el desgaste profesional«.

Asimismo, ha señalado que el Grupo de Resiliencia de SEOM ya ha empezado a trabajar en recomendaciones alineadas con las de ESMO. «Estamos en un paso previo a cristalizar medidas concretas«, ha afirmado.

De izq. a dcha.: Lara Iglesias, César A. Rodríguez, Elena Élez y Ángela Lamarca.

En este sentido, César A. Rodríguez, presidente de SEOM, ha llamado a la cautela, pues las encuestas tienen «limitaciones», pero reconoce que «todas muestran la misma tendencia». Además, todos los indicadores «han empeorado desde la crisis de la COVID-19», ha señalado. Y el futuro no es alentador, pues esto provoca «que haya una despersonalización, que los oncólogos estén más irritados y tengan menos autoestima» y todo ello se traslada y afecta al paciente.

Eso sí, Élez ha puntualizado que, al realizar una segunda encuesta tras la pandemia, aunque muchos oncólogos se plantearon dejarlo o cambiarse de especialidad, «el 90 por ciento, con todo lo que había pasado, volvería a coger oncología médica, por lo que es una profesión muy vocacional«.

Ante ello, Rodríguez considera que las medidas son «imprescindibles» y hay un alineamiento «muy positivo» entre ESMO y SEOM. Así, insta a «facilitar el bienestar del profesional y tener medidas activas para prevenir el ‘burnout'» o, cuando esté empezando a aparecer, hay que «detectarlo bien». «La propia sociedad tiene que pedir que el médico esté bien«, ha concluido.

Y es que la visibilidad es un paso fundamental. Lara Iglesias, oncóloga médica del Hospital 12 de Octubre de Madrid, ha lamentado que «hasta los propios profesionales relativizamos». Por ello, es crucial «que nos demos cuenta de lo que está pasando y, a partir de aquí, tenemos que poner medidas para mejorarlo», ha recalcado.

Para Élez, es esencial «que no se viva como una debilidad». «No se trata de resistir, sino de reconocer que está pasando algo y saber intervenir«, ha concluido.