Las olas de calor no solo se notan en las calles: también colapsan centros de salud y hospitales. En comunidades autónomas como la Comunidad Valenciana y Andalucía, profesionales de urgencias relatan a Gaceta Médica una presión asistencial creciente y una sintomatología compleja, muchas veces enmascarada, que dificulta la atención rápida y efectiva.
Paula Samper Rodríguez, médica de urgencias en el Centro de Salud Chile, vinculado al Hospital Clínico Universitario de Valencia y miembro del Grupo de Trabajo de Urgencias de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), lo resume con claridad a este medio: “Estamos sobrecargados. Los turnos de verano son duros y es difícil reforzar personal en pleno periodo vacacional”. En sus últimas guardias ha detectado un aumento notable de pacientes con síntomas compatibles con golpe de calor: mareos, agotamiento, náuseas, visión borrosa, vómitos o dolor muscular. “Muchos casos no son un golpe de calor clínico, pero están tan enmascarados que cuesta identificarlos”, advierte.
La situación no es muy distinta en el Hospital de Riotinto, en el norte de Huelva. Allí, Laura Carbajo, médica de Urgencia y miembro de la junta permanente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), observa un patrón menos evidente, pero igualmente preocupante: “No vemos tantos golpes de calor, sino agravamiento de patologías previas: deshidratación, desequilibrios hidroelectrolíticos o cambios en el comportamiento, especialmente en personas mayores”. También han aumentado los casos de cólicos renales, probablemente por la pérdida de líquidos y la falta de reposición adecuada.
«No vemos tantos golpes de calor, sino agravamiento de patologías previas: deshidratación, desequilibrios hidroelectrolíticos o cambios en el comportamiento»
Laura Carbajo, médica de Urgencias y miembro de la junta permanente de la semFYC
En ambos centros, los perfiles más frecuentes son los pacientes crónicos y personas mayores, aunque en contextos urbanos también se atiende a personas sin hogar, un colectivo especialmente vulnerable. “Estos pacientes están en un equilibrio muy frágil. Una ola de calor puede ser suficiente para descompensarlos”, señala Samper.
A nivel organizativo, ninguno de los dos centros dispone de protocolos específicos internos frente a olas de calor, más allá de las alertas emitidas por las consejerías de salud. Tampoco existen refuerzos concretos de personal vinculados a episodios extremos. “Los ajustes se hacen según la época del año, no por el calor en sí”, afirma Carbajo. Aun así, ambas médicas coinciden en que la presión asistencial aumenta, y que muchas veces los síntomas son sutiles, lo que retrasa el diagnóstico.
Sin una sintomatología clara
También los profesionales sanitarios sufren el impacto del calor, especialmente los que trabajan en el exterior o en ambulancias sin condiciones óptimas. “Si las unidades móviles no tienen sombra o ventilación adecuada, el calor también nos afecta. Por eso hay que hidratarse, comer ligero y buscar espacios frescos cuando sea posible”, recomienda Carbajo. Samper añade que, en urgencias, se enfrentan a la atención de pacientes sin una sintomatología clara: “Nadie entra diciendo que tiene un golpe de calor. Dicen que están raros, agotados o débiles, y ahí comienza nuestra labor de investigación”.
“Nadie entra diciendo que tiene un golpe de calor. Dicen que están raros, agotados o débiles, y ahí comienza nuestra labor de investigación»
Paula Samper Rodríguez, médica del Grupo de Trabajo de Urgencias SEMERGEN
Ambas facultativas insisten en la necesidad de concienciación ciudadana. “Hay una gran confianza en que el calor no va a afectar. Se entrenan a pleno sol, se pasa el día en la playa sin sombrilla ni agua… No podemos seguir actuando como si esto fuera normal”, advierte Samper. Además, lanza una alerta sobre el uso de paracetamol ante fiebre alta provocada por calor: “Puede derivar en fallo hepático fulminante. No se debe automedicar, hay que acudir a urgencias”.
Carbajo, por su parte, resume sus recomendaciones en cinco claves: evitar salir en las horas centrales del día, mantenerse bien hidratado, cuidar especialmente a niños y ancianos, mantener los hogares aclimatados y procurar un buen descanso nocturno. Aunque no ha notado un repunte en la gravedad de los casos respecto a años anteriores, insiste: “El calor es un riesgo sanitario silencioso, pero muy real”.