Bajo el título ‘Modelos de prevención vacunal en pacientes de riesgo: un enfoque hospitalario’, líderes clínicos y gestores de distintos hospitales de la Comunidad de Madrid se han reunido para abordar un reto: transformar el ingreso hospitalario en una oportunidad estratégica de protección. Ese ha sido el hilo conductor de una jornada organizada en el marco de los Premios Best in Class (BiC), que ha contado con el apoyo de GSK y Fundamed, y en la que los máximos responsables de estos centros asistenciales han puesto sobre la mesa las mejores prácticas que ya se llevan a cabo y que pueden servir como modelo para otros hospitales.
En un entorno donde se concentran los perfiles de mayor riesgo —pacientes onco-hematológicos, trasplantados y personas mayores frágiles—, la vacunación se consolida como una herramienta vital a la hora reducir complicaciones y reingresos. En este sentido, la primera sesión de este foro estuvo centrada en las prácticas de éxito que ya impulsan los hospitales para garantizar la correcta inmunización de los pacientes ingresados y sirvió para poner de manifiesto que la eficacia vacunal depende directamente de la calidad de los circuitos asistenciales.
Un modelo unificado
Durante la jornada, los impulsores de algunas de estas ‘best pratices’ compartieron el trabajo y las estrategias que están implementando para optimizar la protección en este grupo de pacientes en sus centros hospitalarios. Jesús Canora, director médico de Hospital General Universitario Gregorio Marañón, explicó que su visión sobre la prevención cambió tras trabajar en salud pública durante la pandemia. En este sentido, como director médico, detectó dos realidades muy diferentes que ocurrían dentro del mismo hospital: por un lado había un centro especializado en pacientes inmunodeprimidos, con altas coberturas vacunales y circuitos bien organizados; mientras que en el hospital general mantenían peores resultados y demoras de hasta 90 días frente a los 24-25 del primero. A su juicio, la diferencia está en cómo se percibe la vacunación: «Cuando el profesional considera que esto es una labor muy importante dentro de la práctica habitual de sus pacientes, esto funciona mucho mejor».
«Cuando el profesional considera que la vacunación es una labor muy importante dentro de la práctica habitual de sus pacientes, esto funciona mucho mejor»
Jesús Canora, director médico de Hospital General Universitario Gregorio Marañón
Por ello, desde la dirección de su centro se ha impulsado un plan liderado por Medicina Preventiva para unificar el modelo y mejorar la vacunación, especialmente en pacientes de riesgo. El plan busca precisamente replicar ese modelo más eficiente mediante varios pilares. Uno de los más importantes es reforzar la identificación de los pacientes susceptibles de estos programas de vacunación y, a la vez, automatizar procesos: «Tener sistemas de alerta que sean automáticos y no dependan solo de los médicos». También se pretende mejorar la medición de resultados: «Tener una estructura de recogida de datos que nos diga cuál ha sido la efectividad de las medidas que estamos tomando».
Sin embargo, el desarrollo de este modelo se enfrenta a un condicionante clave: la limitación de recursos. El experto señaló que actualmente solo disponen de «seis consultas a la semana en Medicina Preventiva». Por ello, la estrategia no pasa tanto por aumentar recursos como por reorganizarlos. En este sentido, el hospital está empezando a aprovechar dispositivos ya existentes, como hospitales de día, para integrar la vacunación en otros circuitos asistenciales. «Hay una serie de estructuras que se podrían utilizar para fomentar esta vacunación». Esto implica también cambios organizativos y formativos, especialmente en enfermería: «Hay que organizar los circuitos, dar formación a la enfermería, que registre en el sistema, y todo eso coordinado desde el servicio de preventiva».
De la derivación pasiva a la captación activa
Por su parte, Helena Moza, del servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, destacó que en su centro el modelo de vacunación en pacientes inmunocomprometidos se basa en una consulta monográfica específica que actúa como eje central del proceso: «Tenemos una consulta monográfica de inmunización de pacientes inmunocomprometidos y complejos que lleva en funcionamiento desde 2022».
Inicialmente, el sistema se apoyaba en un modelo de derivación pasiva, en el que los especialistas remitían a los pacientes. En este sentido, subrayó que el éxito dependía en gran medida de la implicación de los clínicos: «De una manera absolutamente pasiva por nuestra parte, son los médicos tratantes los que nos enviaban los pacientes a consulta». Sin embargo, con el tiempo identificaron limitaciones importantes en este enfoque: «En determinadas épocas apreciamos ese cuello de botella que puede suponer el acceso a la consulta de pacientes que están inmunocomprometidos o que son de riesgo». Para resolverlo, decidieron evolucionar el modelo incorporando un sistema de captación activa.
Este enfoque permite identificar automáticamente a los pacientes de riesgo dentro del hospital: «Añadimos a ese sistema de derivación pasiva un sistema de captación activa, por el cual cualquier paciente con un diagnóstico, tratamiento o analítica que muestre un déficit es identificado automáticamente». Cada semana, estos casos se revisan y priorizan: «Todos los lunes son enviados en un listado a nuestras consultas y se revisan».
La herramienta incorpora capacidades avanzadas de análisis: «Tiene la capacidad, mediante machine learning, de identificar según parámetros analíticos, genéticos, diagnóstico y tratamiento». A partir de esta información, clasifica a los pacientes mediante un índice propio: «Los clasifica según el IVAX, el índice de vulnerabilidad inmunológica frente a infecciones».
«Sabemos que hay unos ocho inmunotipos; algunos responden muy bien a la vacunación, otros de forma intermedia y el inmunotipo ocho responde mal. a este último siempre lo vemos en consulta, porque vamos a conseguir una mejor respuesta si hacemos una inmunización muy dirigida».
Helena Moza, servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz
Este sistema no solo identifica, sino que también prioriza y define circuitos asistenciales diferenciados: «Según si están en el estado 1, 2 o 3, los envía a consulta con mayor o menor prioridad y por un circuito distinto». Así, los pacientes de mayor riesgo reciben atención preferente: «Si es un riesgo muy alto, pasa siempre a consulta médica con un tiempo de menos de dos semanas». En cambio, los de menor riesgo siguen un circuito más ágil: «Los pacientes con riesgo menor pasan directamente a completar su calendario vacunal con enfermería, siguiendo protocolos, sin atención médica directa».
Actualmente quieren que el sistema pueda incorporar un enfoque más preciso basado en inmunotipo. Según señaló, esta clasificación es clave para ajustar la estrategia vacunal: «Sabemos que hay unos ocho inmunotipos; algunos responden muy bien a la vacunación, otros de forma intermedia y el inmunotipo ocho responde mal». En estos casos más complejos, la atención se personaliza: «Al inmunotipo ocho siempre lo vemos en consulta, porque vamos a conseguir una mejor respuesta si hacemos una inmunización muy dirigida».
La organización como motor del cambio
Para Abelardo Fernández, del servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario Ramón y Cajal, la situación del hospital ha cambiado de forma significativa en los últimos años: «Hace cinco años no era un servicio ideal en cuanto a vacunas». Entre las principales mejoras, destaca la reducción de la lista de espera: «Tenía una lista de espera de 60 pacientes, ahora tenemos de 10», así como el aumento de la actividad: «No vacunábamos todos los días, ahora vacunamos todos los días. Además, antes no teníamos una identificación de los pacientes ni un denominador, ahora sí lo tenemos».
El factor clave de esta transformación ha sido la organización. Este cambio se ha basado en tres pilares fundamentales: «Tener un médico responsable de la unidad, una enfermera con consulta autónoma y, en tercer lugar, que todos colaboren, incluidos los residentes». De hecho, estos últimos también han asumido un papel activo: «Los residentes realizan su propia consulta, no presencial, y ayudan a mejorar nuestros índices».
«Este cambio se ha basado en tres pilares fundamentales: tener un médico responsable de la unidad, una enfermera con consulta autónoma y, en tercer lugar, que todos colaboren, incluidos los residentes»
Abelardo Fernández, servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario Ramón y Cajal
Asimismo han apostado por desarrollar herramientas propias de análisis y segmentación: «Hemos creado un sistema que nos permite seleccionar cualquier especialidad, servicio o vacuna y analizar las coberturas». Este sistema facilita una gestión más precisa: «Podemos segmentar pacientes, por ejemplo en reumatología, ver qué tratamientos reciben y conocer las coberturas vacunales». El objetivo es mejorar los resultados en vacunación mediante una gestión basada en datos. «Nuestro objetivo es llegar al 80% de cobertura; si estamos en 60 o 70, ya es positivo, pero queremos más». Además, considera que este modelo es exportable: «Este sistema puede ser replicable porque permite romper barreras y mejorar la efectividad y la eficiencia».
El profesional también subraya la importancia del impacto económico de la prevención, comparando costes: «El herpes zóster cuesta 38 millones de euros al año en España, mientras que una hospitalización semanal por neumonía puede costar 6.000 euros». Esto refuerza la necesidad de actuar de forma proactiva: «Tenemos que identificar, estratificar y actuar». En esta línea, destaca el papel de la captación activa. Además, están incorporando nuevas tecnologías para optimizar recursos, como la automatización de llamadas: «La inteligencia artificial puede llamar a 50 pacientes en 2,5 minutos, mientras que una persona tarda horas en contactar con muchos menos».
Farmacia, pieza clave
Por otro lado, Montserrat Pérez Encinas, del servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, afirmó que «hasta hace cinco o seis años la participación del servicio de Farmacia era muy puntual, muy reactiva». Se restringía a situaciones concretas, como la gestión de vacunas en pacientes de riesgo: «Participábamos en pacientes esplenectomizados, en ciertos tratamientos o en la vacunación de profesionales».
A partir de la pandemia, su implicación creció: «Farmacia participó bastante en convencer a la dirección para crear una consulta de vacunación», apoyándose en su conocimiento del volumen de pacientes en riesgo: «Éramos conocedores de la gran cantidad de pacientes con inmunosupresores o biológicos que necesitaban vacunación sí o sí». Una vez creada la consulta, el reto fue dotarla de pacientes. Para ello, comenzaron a trabajar con listados. Sin embargo, este sistema inicial presentaba limitaciones ya que, «era muy complejo para Medicina Preventiva calcular la ventana terapéutica y contactar con los pacientes», además de poco eficiente: «Los administrativos empleaban mucho tiempo en llamar y el porcentaje de captación no era alto».
La estrategia evolucionó hacia un modelo más proactivo y colaborativo, basado en la implicación directa de los servicios clínicos: «A base de formación, los propios médicos empezaron a convencerse y derivaban directamente a la consulta de vacunación». Paralelamente, farmacia integró la revisión del estado vacunal en su propia actividad asistencial: «Cada vez que validamos un tratamiento, revisamos el estado de vacunación y, si no está derivado, hacemos nosotros la interconsulta».
«Farmacia integró la revisión del estado vacunal en su propia actividad asistencial: Cada vez que validamos un tratamiento, revisamos el estado de vacunación y, si no está derivado, hacemos nosotros la interconsulta»
Montserrat Pérez Encinas, servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital Universitario Fundación Alcorcón
La experta relató que el grado de implementación ha variado según servicios. En neurología, por ejemplo, se ha logrado una integración fluida tras superar reticencias iniciales: «Era un servicio muy reacio, pero ahora es un ejemplo a seguir; el neurólogo ya deriva directamente». En cambio, en oncología el proceso ha sido más complejo: «Es difícil encontrar el momento adecuado para vacunar a estos pacientes», lo que ha obligado a diseñar estrategias específicas: «Establecimos protocolos para vacunar al inicio o buscar la ventana terapéutica, por ejemplo en pacientes con inhibidores de ciclina o inmunoterapia».
En este contexto, farmacia aporta un valor añadido clave en la identificación de pacientes: «El denominador de pacientes con fármacos inmunosupresores lo tenemos los servicios de farmacia, lo que permite medir coberturas en grupos de riesgo». Además de su papel clínico, farmacia mantiene su función tradicional en la gestión logística. A esto se suma la incorporación de nuevos dispositivos asistenciales, como el Centro Sandoval Sur, que amplía la capacidad de vacunación.
Integrar la vacunación en oncología
Carolina Moreno, del servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario de Getafe, explicó que la consulta de inmunización de su centro «lleva más de 20 años y en aquel entonces se vacunaba a pacientes de diálisis, esplenectomías o trasplante de progenitores hematopoyéticos». Con el tiempo, el perfil de pacientes fue ampliándose: «Con la aparición de los biológicos y los inmunosupresores, cada vez eran más numerosos los servicios que nos derivaban pacientes».
Sin embargo, reconoce que existían lagunas importantes en la identificación de candidatos a vacunación: «Había algunos pacientes que ni siquiera los servicios habían detectado la necesidad vacunal y, además, nosotros también lo teníamos un poco olvidado porque pensábamos que estaban bien vacunados en Primaria». Este cambio de enfoque se produjo especialmente a raíz de la incorporación de nuevas vacunas: «Cuando se financiaron nuevas vacunas, empezamos a ir por los servicios, a hacer sesiones para que nos derivaran pacientes».
El punto de inflexión llegó con oncología, donde detectaron un problema relevante: «Nos dimos cuenta de que prácticamente no estábamos viendo a los pacientes oncológicos y que estaban muy mal vacunados». Ante esta situación, decidieron estructurar un cambio organizativo junto al servicio de oncología: «Nos pusimos en contacto con el jefe de servicio con el objetivo claro: ‘Que no dependiese solo del oncólogo, sino que formase parte del proceso asistencial integral del paciente'». Hasta entonces, señaló, los oncólogos estaban centrados en el tratamiento: «Estaban muy enfocados en la enfermedad y, aunque nos invitaban a sesiones, luego no nos derivaban pacientes».
El proyecto conjunto permitió desarrollar herramientas clave para integrar la vacunación en la atención oncológica. Por un lado, «se creó un protocolo específico de vacunación del paciente oncológico y, además, se integró en los sistemas de información para que el oncólogo pueda ver si el paciente se está vacunando o no».
«Se creó un protocolo específico de vacunación del paciente oncológico y, además, se integró en los sistemas de información para que el oncólogo pueda ver si el paciente se está vacunando o no»
Carolina Moreno, servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario de Getafe
La herramienta más relevante ha sido la implementación de un circuito automatizado de derivación. «Hemos creado un ‘multipedido’ que el oncólogo genera en la primera consulta que permite agilizar la atención, ya que solicita una consulta preferente y una serología, y vemos al paciente en muy pocos días». Paralelamente, se ha reforzado la evaluación mediante indicadores: «Esto permite analizar todo el proceso, evaluamos lo que derivan los oncólogos, nuestra demora, a cuántos vacunamos e intentar calcular coberturas».
Aunque lo define como un modelo relativamente sencillo, los resultados son evidentes: «Hemos visto el doble de pacientes oncológicos que en periodos anteriores». Además, considera que es una estrategia fácilmente replicable: «Es un proyecto muy reproducible». El objetivo final es reforzar la seguridad del paciente y evitar oportunidades perdidas.
La complejidad de la oncología
Desde otro perspectiva profesional, Pedro Pérez Segura, del servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Clínico San Carlos, relató que «desde la carrera sabemos que una de las mayores complicaciones que va a llevar a la muerte en los pacientes oncológicos son las infecciones». De hecho, insistió en que esta idea forma parte del núcleo de la especialidad: «El oncólogo tiene en su ADN que la infección es grave y que hay que evitarla, no solo mediante vacunación, sino también con medidas de higiene y prevención».
Sin embargo, reconoce que en la práctica diaria la vacunación sigue teniendo un peso muy reducido: «El tiempo que gastamos en revisar la situación vacunal es ínfimo al lado del impacto que tiene para el paciente y para el sistema». Esto se explica, en parte, por la complejidad del abordaje oncológico: «Cada vez tenemos más factores que integrar antes de decidir el tratamiento y, además, la sobrecarga asistencial también repercute, ya que tenemos 25 o 45 pacientes por oncólogo cada día y es complicado dedicar tiempo a todo».
Ante esta realidad, el servicio estructuró un cambio organizativo con un objetivo: «Que ningún paciente nuevo salga de la primera consulta sin saber qué pasa con su situación vacunal». Para lograrlo, han implementado un modelo sistemático basado en varios niveles de cribado. En primer lugar, se recoge información desde la historia clínica: «Dentro de la historia clínica electrónica se pregunta de manera rutinaria por la situación vacunal». Aunque reconoce que el conocimiento del paciente es limitado, aporta una primera aproximación. En segundo lugar, se refuerza este cribado con la participación de enfermería: «Todos los pacientes nuevos tienen una primera consulta con enfermería, que además está especializada por tipo de tumor, lo que permite una evaluación más ajustada al riesgo».
«El servicio de oncología decidió estructurar un cambio organizativo con un objetivo concreto: Que ningún paciente nuevo salga de la primera consulta sin saber qué pasa con su situación vacunal»
Pedro Pérez Segura, servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Clínico San Carlos
El paso clave del modelo es la derivación sistemática: «De manera rutinaria, a todos los pacientes se les genera una interconsulta a Medicina Preventiva». Con ello, el servicio de oncología integra la vacunación en el circuito asistencial, pero delega la gestión especializada. Una vez realizada la interconsulta, Medicina Preventiva asume la priorización: «Revisa paciente por paciente y prioriza en función del tipo de tumor, tratamiento y urgencia». Esto permite adaptar la estrategia a cada caso: «No es lo mismo un paciente en cuarta línea que uno con intención curativa que debe empezar tratamiento en 48 horas».
En cuanto a la administración de vacunas, han optado por un modelo flexible e integrado: «La mayoría de las veces aprovechamos que el paciente viene al hospital de día o a consulta para vacunarle. Enfermería es la encargada de administrar las vacunas, mientras que la información se centraliza en el servicio correspondiente». El balance de esta estrategia es positivo: «Nuestra experiencia está siendo muy positiva», aunque destaca la necesidad de mayor formación, tanto en profesionales como en pacientes. Para ello, han puesto en marcha sesiones formativas y actividades divulgativas.
Automatizar para no depender del clínico
Lucía Hernández Rivas, del servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario La Paz, explicó que la consulta de vacunación de su hospital es relativamente reciente, desde 2022. Como primer paso, siguieron una estrategia habitual: «Empezamos haciendo sesiones en todos los servicios, con el objetivo de concienciar a los clínicos».
Sin embargo, pronto identificaron una limitación clave en este enfoque: «Las sesiones ayudan, los clínicos saben que su paciente se tiene que vacunar y quieren derivarle, pero en el día a día les falta de tiempo«. «Tienen demasiadas cosas que hacer y al final ese momento de hacer la interconsulta queda perdido en un limbo, lo que provoca que haya pacientes que, aun teniendo intención de ser vacunados, nunca llegan».
Para abordar este problema, decidieron analizar el proceso de forma estructurada: «Nos sentamos con servicios clínicos, informática y admisión en grupos multidisciplinares y nos dimos cuenta de muchas cosas que trabajando solos podríamos obviar». A partir de este análisis, pusieron en marcha un proyecto piloto centrado en la automatización de derivaciones. «Hicimos un pilotaje con hematología, en pacientes trasplantados de progenitores hematopoyéticos, y con nefrología, en pacientes en lista de trasplante renal».
La solución clave fue la implementación de herramientas digitales ya existentes en el hospital: «Descubrimos la opción de los multipedidos, que ya se utilizaban en otros servicios, nos permitía agrupar varias solicitudes en un solo acto». Así, adaptaron esta herramienta a sus necesidades: «En nefrología se creó un multipedido para pacientes en lista de espera de trasplante que incluye automáticamente la derivación a Medicina Preventiva y una serología». De forma similar, en hematología: «Se creó otro multipedido para revisión post-trasplante con la interconsulta incorporada».
El impacto de esta medida ha eliminado la dependencia del factor individual: «Nos aseguramos de que todos los pacientes llegan, sin depender de que el médico se acuerde, tenga tiempo o incluso de que falle el clic en el ordenador». Además, ha permitido resolver problemas adicionales del circuito asistencial. Uno de los más relevantes era la falta de información clínica en la primera consulta: «Antes el paciente llegaba sin serología y la consulta era un poco perdida, porque no podías ajustar bien el calendario vacunal, lo que obligaba a retrasar la intervención».
«Nos aseguramos de que todos los pacientes llegan, sin depender de que el médico se acuerde, tenga tiempo o incluso de que falle el clic en el ordenador»
Lucía Hernández Rivas, servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario La Paz
Con el nuevo sistema, este problema se ha solucionado: «El paciente llega con su serología y en la primera consulta podemos ajustar el calendario y administrar las vacunas necesarias». Esto ha mejorado tanto la calidad asistencial como la eficiencia: «Nos ha permitido ser más ágiles, algo fundamental porque los recursos son muy limitados».
Compartir experiencias
Posteriormente los expertos debatieron sobre la necesidad de replantear la prevención y la vacunación del paciente ingresado como una línea estratégica del hospital, más allá de una actividad complementaria. Subrayaron que uno de los principales retos es la falta de interoperabilidad entre sistemas de información, lo que dificulta conocer con fiabilidad el estado vacunal de los pacientes.
En este contexto, los expertos destacaron la importancia de automatizar la identificación de pacientes, aprovechar estructuras asistenciales ya disponibles como hospitales de día y consultas de enfermería, y desarrollar sistemas de indicadores que permitan monitorizar la actividad en tiempo real. También se señaló el potencial de la inteligencia artificial para mejorar la eficiencia en tareas de captación y gestión de pacientes.