Tras una década de intensas reivindicaciones y una situación de excepcionalidad normativa durante décadas, el Ministerio de Sanidad ha confirmaba que el Real Decreto para la creación de las especialidades de Genética Médica y Genética de Laboratorio «está a punto» de ser una realidad oficial. Este paso, largamente esperado desde que en 2016 el Tribunal Supremo anulara el anterior marco normativo por defectos de forma, pretende subsanar una anomalía que convertía a España en el único país de la Unión Europea sin una especialización reglada en este campo.
La ministra de Sanidad, Mónica García, fue contundente al señalar que el proceso «está en sus últimas revisiones para iniciar el trámite de audiencia de forma inminente«. Este avance no solo responde a una cuestión administrativa, sino que se sitúa como el motor principal de la medicina personalizada y de precisión en nuestro país, un ámbito donde la genética es el pilar fundamental para el diagnóstico, la prevención y el tratamiento individualizado de enfermedades complejas.
Un modelo dual para una realidad compleja
La futura regulación no propone un título único, sino que apuesta por una estructura diferenciada que atienda tanto la vertiente asistencial como la técnica. Según explica a Gaceta Médica, Maite Roldán, presidenta de la Sociedad Española de Genética (SEG), «este modelo responde a la diversidad de funciones dentro de los servicios hospitalarios mediante la diferenciación de dos ámbitos complementarios: el clínico y el analítico».
Por un lado, la Genética Médica será exclusiva para licenciados en Medicina. Su objetivo es «garantizar que la anamnesis, la indicación de estudios genéticos y la interpretación clínica compleja de los resultados recaigan en médicos específicamente formados», asegurando una integración real de esta información en la práctica diaria a pie de cama. Por otro lado, la Genética de Laboratorio tendrá un carácter multidisciplinar, permitiendo el acceso a profesionales de Biología, Farmacia, Química y Veterinaria. Esta rama se centrará en «la validación técnica, analítica e interpretación de los resultados desde el punto de vista metodológico», una necesidad «imperante ante la creciente complejidad tecnológica» que vive el sector.
«La falta de especialistas titulados sigue lastrando la organización y planificación de los servicios hospitalarios»
SEG
El calendario del MIR
A pesar del optimismo ministerial, los plazos para que la especialidad debute en la convocatoria MIR de 2027 son extremadamente ajustados. Aunque el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, asegura que los borradores aparecerán «en un plazo muy corto», la realidad administrativa impone sus propios ritmos. Tras la publicación definitiva de los Reales Decretos en el BOE, se activará un cronograma que incluye tres meses para la creación de las comisiones nacionales y otros seis meses para la elaboración de los programas formativos de cuatro años.
Desde la Dirección General de Ordenación Profesional se ha reconocido que «es difícil que todo este engranaje esté listo para el examen de 2027«, lo que podría desplazar el estreno de las primeras plazas a la convocatoria de 2028. Este retraso potencial preocupa a las sociedades científicas, que ven cómo «la falta de especialistas titulados sigue lastrando la organización y planificación de los servicios hospitalarios».
La vía extraordinaria: los profesionales en activo
Uno de los puntos más críticos de la nueva normativa es cómo regularizar a los miles de profesionales que, ante la ausencia de una especialidad, han venido sosteniendo la genética clínica en España. Históricamente, «muchos biólogos han realizado labores de interpretación de resultados y práctica clínica siendo contratados como técnicos superiores no sanitarios».
Para corregir esta situación, la presidenta de la SEG defiende que la vía extraordinaria de acreditación «debe alejarse de conflictos corporativos y basarse en la excelencia demostrada. La propuesta de la sociedad científica es que el proceso se fundamente en criterios objetivos: años de experiencia, volumen y complejidad de casos manejados, formación continuada y competencias demostrables en técnicas avanzadas». En palabras de Roldán, esta regulación «es una oportunidad para armonizar la formación reglada con la experiencia acumulada», reconociendo formalmente a quienes han mantenido la práctica de la genética en España desde sus inicios.
«Los itinerarios formativos homogéneos deben ser la herramienta para garantizar que cualquier paciente, independientemente de su código postal, reciba una atención equitativa y de calidad»
SEG
Impacto directo en el paciente y equidad territorial
El reconocimiento de la especialidad tendrá un impacto tangible en la salud de los ciudadanos, especialmente en el ámbito de las enfermedades raras y la oncología. Contar con especialistas formados bajo un itinerario reglado y homogéneo permitirá «diagnósticos más tempranos, consistentes y precisos», reduciendo la variabilidad que hoy existe entre diferentes centros.
Además, se busca terminar con la actual desigualdad geográfica. Mientras que comunidades como Galicia disponen de servicios integrales gracias a centros como la Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica, en otras regiones el acceso es inexistente o depende del voluntarismo de centros concretos. Los «itinerarios formativos homogéneos deben ser la herramienta para garantizar que cualquier paciente, independientemente de su código postal, reciba una atención equitativa y de calidad».
Para la SEG, los futuros programas formativos no deben limitarse a lo técnico. Las líneas rojas que defenderá la sociedad incluyen una formación integral en citogenética y genética molecular, competencias sólidas en asesoramiento genético e interpretación clínica, rotaciones obligatorias en centros de referencia para homogeneizar el conocimiento en todo el país y sistemas de evaluación objetivos que certifiquen tanto el dominio técnico como el clínico.
En definitiva, la creación de estas especialidades permitirá que España deje de ser una excepción y se alinee con los estándares europeos más exigentes. Como concluyen desde la SEG, el objetivo final «es que la genómica vaya por delante de la enfermedad, integrándose de forma segura y eficaz» en un Sistema Nacional de Salud más robusto y preparado para los retos del siglo XXI.