El inesperado apagón que dejó ayer lunes 28 de abril sin suministro eléctrico a toda la Península Ibérica durante más de 6 horas supuso una prueba de estrés real para numerosos sectores, entre ellos el sanitario y científico.
En particular, diferentes centros de investigación biomédica como el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) demostraron la importancia de contar con sistemas de emergencia y protocolos diseñados para proteger activos especialmente sensibles, como muestras biológicas y los sistemas informáticos que sustentan su trabajo diario.
Además, en este sentido, el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), asegura a Gaceta Médica que, en su caso, «el centro tiene capacidad para trabajar teniendo en cuenta este tipo de situaciones y todo funciona con normalidad tras el episodio de ayer».
Aunque las causas exactas del corte aún están bajo investigación, las autoridades han considerado varias hipótesis, incluyendo fallos técnicos y ciberataques, aunque esta última se ha descartado. El apagón, que afectó a toda la Península Ibérica, provocó una pérdida súbita de 15 gigavatios de generación en solo cinco segundos, lo que representó aproximadamente el 60% de la demanda eléctrica en ese momento.
CNIC: continuidad garantizada durante el gran apagón
En el caso del CNIC, uno de los principales centros de investigación cardiovascular en Europa, los investigadores no se vieron afectados por lo ocurrido.
En declaraciones a Gaceta Médica, fuentes del CNIC aseguraron que «no ha habido ningún problema, afortunadamente». «Gracias a la presencia de generadores eléctricos, en el CNIC pudimos mantener operativos tanto los sistemas de refrigeración como los de tecnología e información», explicaron a este medio.
El CNIC, que custodia muestras biológicas de alto valor para investigaciones de largo recorrido —incluidas líneas celulares, tejidos y fluidos almacenados a distintas temperaturas —, dispone de sistemas de respaldo energético diseñados para activarse automáticamente ante cualquier corte de suministro.
«No solo se garantizó la conservación de las muestras y materiales sensibles, sino que además la infraestructura informática continuó funcionando sin interrupciones: tuvimos acceso a internet, a la red interna y a todos los servicios digitales necesarios para el trabajo diario», afirmaron desde el centro.
Estos generadores, alimentados con combustible independiente, aseguran la refrigeración continua de biobancos, incubadoras y laboratorios críticos. Además, el centro cuenta con protocolos específicos ante situaciones que pudieran comprometer la integridad de sus muestras.
ISGlobal: prevención sin incidentes
Por su parte, el Instituto de Salud Global de Barcelona, referente en investigación epidemiológica y salud pública global, confirmó también a este medio haber sorteado la emergencia sin consecuencias destacables.
«Por ahora no somos conscientes de haber tenido incidentes con las muestras en ISGlobal, ya que se estuvo funcionando con generadores», indicaron fuentes del centro a GM.
El ISGlobal dispone de material biológico y sistemas de análisis digital que requieren condiciones estables. La activación de generadores permitió mantener en funcionamiento áreas clave como los laboratorios de análisis molecular, la red informática y los sistemas de comunicación.
Muestras que no pueden esperar
A diferencia de otros sectores, donde las interrupciones eléctricas pueden traducirse en retrasos o pérdidas económicas puntuales, en el ámbito biomédico un fallo en la cadena de frío puede destruir años de trabajo o comprometer investigaciones con implicaciones clínicas.
En un solo congelador de un centro como el CNIC o el CNIO puede haber cientos de muestras únicas, algunas recogidas de pacientes o modelos animales que no pueden reproducirse. Por lo que la pérdida de una sola remesa puede implicar tener que repetir experimentos durante meses y retrasar investigaciones que llevan años desarrollándose.
Por ello, los centros de investigación más avanzados no solo cuentan con generadores eléctricos, sino también con sistemas de monitorización en tiempo real, alarmas automáticas y personal de guardia capaz de intervenir en minutos ante cualquier desviación térmica.
Además, las grandes instalaciones suelen disponer de congeladores ultrabajos redundantes, es decir, con capacidad de albergar temporalmente muestras de otros dispositivos en caso de avería.
La resiliencia científica
Aunque el apagón no dejó consecuencias materiales graves en centros de investigación como el ISCIII, el CNIC o el ISGlobal, el incidente se suma a una creciente preocupación por la resiliencia del sistema científico ante crisis externas: desde pandemias hasta desastres naturales o fallos energéticos.
En un momento de fuerte dependencia de infraestructuras digitales y tecnológicas, la continuidad de la investigación depende en gran medida de su capacidad para mantenerse operativa en condiciones adversas.
La experiencia de este 28 de abril podría servir como un recordatorio útil para revisar los protocolos de emergencia de todos los centros de I+D, públicos y privados.
En un país como España, que aspira a consolidarse como polo de investigación biosanitaria en Europa, garantizar la estabilidad energética y operativa de sus centros científicos no puede dejarse al azar. La ciencia, como se ha demostrado esta semana, también necesita estar preparada para los apagones.