«El primer problema fueron los pacientes que vinieron a pedir oxígeno»: el día del gran apagón en la Atención Primaria

Los médicos de Atención Primaria aseguran a Gaceta Médica que este apagón ha reflejado "lo debilitados que estábamos"

El gran apagón llego a España a las 12.30 horas y pillo desprevenidos a todos, incluido al sistema sanitario. En Atención Primaria el apagón se vivió con «incertidumbre«: «El primer problema al que se enfrentamos fue la llegada de pacientes que acudían al Centro de Salud a pedir oxígeno, ya que sus respiradores —que funcionan con electricidad— habían dejado de funcionar», narra Francisco García, médico del Centro de Salud Jazmín en Madrid, a Gaceta Médica.

«Los pacientes de paliativos tienen este centro de salud como referencia y empezaron a llegar solicitando oxígeno, ya que les estaba empezando agotar y les quedaban pocas reservas», explica el médico. Fue en ese momento cuando a García se le ocurrió acudir al Hospital Ramón y Cajal para pedir oxigeno.

«En ese momento llego la policía municipal y nos ayudó mucho abriendo el camino. Había un atasco enorme, pero con las sirenas fueron despejando la ruta de forma increíble. Cuando llegamos al hospital, tuve que ‘pelearme’ con los jefes de servicio para que me dieran las botellas de oxígeno. Pero la verdad es que mostraron muy buena voluntad y una gran disposición para ayudarnos», narra el médico.

Explica que los jefes de servicio encendieron la situación crítica de los paliativos y les dieron una remesa de ocho botellas portátiles de diez litros. «Nos ofrecimos a hacer centro de referencia de nuestra zona para que los centros de salud de al lado tuvieran la referencia de que teníamos ahí unas botellas de oxigeno de reserva», asegura.

La única comunicación que se les dio a los centros de salud fue a través de la Policía. Fueron ellos quienes, con sus medios, se encargaron de transmitir la información. Gracias a eso, empezaron a venir profesionales de otros centros de salud —no necesariamente de paliativos— a recoger botellas de oxígeno.

Sin embrago, en una hora se agotaron las botellas, así que García tuvo que hacer un segundo viaje al hospital. «Ahí surgieron más problemas: ya se habían entregado ocho botellas de forma excepcional e iba a ser complicado que me dieran más. Aun así, logré negociar y conseguí otras ocho más. En total, reunimos 16 botellas», narra el médico de AP.

Con ello ganaron un margen de dos horas, pero García optó por contactar directamente con el responsable de Oximesa. «Me abrió un circuito paralelo para que, si la situación se prolongaba, pudieran facilitarnos el oxígeno fuera del circuito oficial, de forma excepcional», explica el médico de AP.

Sin protocolos que seguir

Uno de los problemas clave de este gran apagón fue que no había protocolos para esta situación: «Tenemos que implementar un verdadero plan de contingencia, y es algo que la gerencia debería empezar a estudiar desde ya, con la participación de los equipos internos. Hace falta establecer un sistema de comunicación alternativo para situaciones de emergencia, no puede depender solo de WhatsApp o de las líneas telefónicas convencionales. Necesitamos un canal seguro, rápido y eficaz, como el que usa la Policía o incluso algunas comunidades, para estar conectados cuando todo lo demás falla. Y si la gerencia no se puede comunicar, al menos que entre nosotros sí podamos hacerlo», explica García.

Además, asegura que es «imprescindible» contar con generadores eléctricos en todos los centros. «No podemos permitirnos perder vacunas por un corte de luz; hablamos de un valor económico muy alto y, más importante aún, de un riesgo para la salud pública. Esto no se puede improvisar».

«Todo el sistema esta informatizado»

Lorenzo Armenteros, portavoz de Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), concuerda con García. En su caso, estuvo trabajando en su centro de salud en Lugo cuando la luz se fue: «La ciudadanía fue plenamente consciente de las deficiencias con las que tuvimos que trabajar y de las dificultades reales que enfrentamos durante la situación. En la actualidad, todo el sistema está completamente informatizado: desde la historia clínica —ya sin soporte en papel— hasta la gestión de bajas laborales, la prescripción de recetas o la comunicación con las farmacias. Nada de eso funcionaba, lo que nos dejó prácticamente sin herramientas básicas para atender adecuadamente».

Según el portavoz de SEMG, lo más complicado fue gestionar la prescripción de recetas, ya que el sistema informático no funcionaba. «Tuvimos que improvisar, recurriendo a recetas en papel —las llamadas «recetas en blanco»— para que los pacientes pudieran acceder a su medicación. Lo hicimos como pudimos, sin formación previa para ese tipo de situaciones».

Afortunadamente, Armentos narra que contaron con la colaboración desde Salud Pública mediante comunicación telefónica directa, lo que ayudó a coordinar «mínimamente» los esfuerzos. «También notamos que la ciudadanía fue bastante comprensiva: entendieron que no debían saturar los centros de salud y que la situación nos sobrepasaba», asegura el médico.

En su centro los pacientes fueron «conscientes» de las limitaciones. Aun así, es cierto que no recibieron ninguna comunicación oficial ni antes ni después por parte de la autoridad sanitaria. «Desde las áreas integradas se centraron en garantizar el funcionamiento de los hospitales, dejando en segundo plano la atención primaria. Básicamente, tuvimos que autogestionarnos con los medios disponibles», explica Armenteros.

Al igual que García, el portavoz de SEMG afirma que «esta situación puso en evidencia lo debilitados que estábamos». «Ante una emergencia como esta, poco más podemos hacer que aplicar técnicas básicas y administrar los fármacos que tengamos disponibles en el centro. Por suerte, ciertos dispositivos vitales, como el desfibrilador o los electrocardiógrafos, cuentan con batería propia, lo que nos dio algo de tranquilidad», expresa el médico.

Para Armenteros lo más preocupante fue la «falta de comunicación«: «No podíamos llamar ambulancias ni contactar con otros servicios porque no hay un protocolo de urgencia establecido para una situación de este tipo. Es cierto que nadie esperaba algo así, pero justo por eso deberíamos tener planes de contingencia». Lo único que funcionaba en su centro era una línea telefónica fija antigua, conectada por cable, que enlazaba directamente con el 061. Fue su único canal de comunicación con la red sanitaria durante horas.

«La lección es clara: no hay ningún protocolo de actuación establecido para crisis de este tipo. Si esta situación se hubiera alargado, no podríamos haber seguido trabajando. Nuestro centro ni siquiera tiene generador. Los que sí lo tenían, al menos contaban con electricidad, aunque sin conexión a internet ni acceso al sistema», concluye.

«Improvisamos como pudimos»

Desde otro punto de España, Ana Cabrerizo, vicepresidenta de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) en Andalucía que trabaja en un Centro de Salud de Alhama de Granada, estuvo atendiendo a sus pacientes por la mañana, ya sin ordenador, centrados en los casos más urgentes. «Al principio pensábamos que sería algo breve, así que al resto de pacientes les pedimos que volvieran al día siguiente. Trabajo en una zona rural con mucha dispersión, y los equipos de guardia se encontraron con varios problemas importantes».

Cabrerizo incide en que el principal problema no fue solo la falta de luz, sino también la «incomunicación total«: «Los teléfonos no funcionaban, así que no podían avisarnos de urgencias, ni nosotros contactar con el equipo coordinador. Ese fue el aspecto que más preocupaba: ¿cómo iba a avisar la población si surgía una emergencia?«

Por suerte, su guardia fue tranquila y no tuvo incidentes graves. Sin embargo, la medico afirma que no existe un plan de contingencia para este tipo de situaciones. Al igual que el resto de profesionales, una de las preocupaciones fueron los pacientes con oxígeno domiciliario. «Algunos acudieron a los puntos de urgencia, donde valoramos la carga de los equipos y derivamos a los hospitales a quienes necesitaban soporte más prolongado», explica.

La forma de actuar de este Centro de Salud fue que cuando llegaba un paciente con necesidades respiratorias, lo derivaban directamente al hospital, ya que es el único lugar donde se puede garantizar el suministro eléctrico y, por tanto, el funcionamiento de los equipos. «En algunos puntos de urgencia y cabeceras extrahospitalarias, hay generadores que permiten funcionar con cierta autonomía y administrar oxígeno, pero esto no ocurre en todos los centros; la dotación de recursos es muy desigual».

Sin embrago, aunque ha vuelto la luz, su sistema informático sigue sin funcionar. «Estamos atendiendo los casos urgentes, pero no podemos acceder ni al módulo de prescripción ni a los resultados ni a las historias clínicas. Vamos resolviendo como podemos, sin herramientas digitales»

«Improvisamos como pudimos«, asegura la medico. Aunque este apagón fue nacional, no es la primera vez que ocurre algo parecido: «Otras veces ha habido cortes prolongados por incendios o averías eléctricas. No nos ha pillado por sorpresa al 100%, pero sí ha evidenciado que no hay un protocolo definido, especialmente para los pacientes más vulnerables como los que necesitan oxígeno», afirma Cabrerizo.

«Pedimos a los pacientes no urgentes que regresasen otro día»

Por su parte, Paula Martín, médico del Centro de Salud de Leganés y miembro del GT de Innovación Digital en Salud de SEMERGEN, explica a este medio cómo fue su experiencia durante el gran apagón: «Estuve trabajando por la mañana, y fue entonces cuando nos quedamos sin cobertura, sin luz y sin conexión alguna. Al principio había mucha incertidumbre, porque no sabíamos realmente qué estaba ocurriendo. No podíamos contactar con las familias, ni utilizar los sistemas informáticos. El centro estaba lleno y en esas condiciones no podíamos hacer bajas, ni recetas, ni consultar las historias clínicas de los pacientes».

Según Martín, a los pacientes cuya situación no era urgente les pidieron que regresaran otro día. «Algunos mostraron cierta insistencia, pero intentamos gestionar la situación lo mejor posible. Las bajas médicas las dejamos para el día siguiente. En cuanto a la medicación, las recetas que pudimos hacer en papel, las hicimos», explica la médico.

Al igual que el resto de testimonios, Martín incide que el problema real vino cuando empezaron a llegar pacientes con problemas respiratorios que dependían de oxígeno domiciliario. «Les facilitamos el oxígeno que teníamos disponible con las botellas del centro, y reservamos algunas por si se presentaba una parada o alguna urgencia grave. No podíamos permitirnos quedarnos sin suministro», afirma Martín.

Uno de los mayores retos fue, sin duda, el oxígeno. No tanto para los profesionales, sino «por la preocupación real de los pacientes«. Martín explica que en casa, la mayoría no tiene botellas, sino concentradores de oxígeno que funcionan con electricidad. En cuanto se va la luz, se quedan sin suministro. Algunos cuentan con una pequeña botella portátil, que apenas da para una o dos horas —lo justo para dar un paseo o hacer un trayecto en coche—, pero que no sirve para una interrupción prolongada.

Por la noche, la medico explica que tuvo que hacer guardia en el centro de salud de San Martín de la Vega, y explica que la organización fue «excelente». «Protección Civil había llevado generadores a varios centros de salud, y también diferentes tipos de oxígeno, para que los pacientes pudieran acudir allí y conectarse. Muchos de ellos pasaron la noche en el centro, mientras que otros fueron derivados al Hospital de Valdemoro, que funcionaba con normalidad», expresa.

Aunque su recorrido no termino ahí, por la tarde, estuvo en el Hospital Severo Ochoa, donde suele hacer sus guardias. «Me acerqué por si hacía falta ayudar en algo, pero allí todo estaba bajo control: habían reforzado la plantilla y el funcionamiento era normal», concluye.


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