Antonio, enfermero canario de 27 años residente en Madrid, decidió hace algo más de un año y medio dar un giro a su vida profesional y probar suerte en Noruega. Tras estudiar enfermería en Madrid y trabajar varios años en urgencias sin haberse especializado formalmente, llegó a un punto de saturación: «Estaba trabajando en tres sitios a la vez, doblando turnos. Estaba agotado«, explica a Gaceta Médica.
La decisión de emigrar no fue espontánea. Una conocida que ya trabajaba en Noruega le hablaba de las condiciones laborales, del buen ambiente y del nivel de vida. Así que, harto de la precariedad del sistema español, Antonio se lanzó: «Me dije, vamos a probar. Y la verdad, fue una maravilla«.
Durante su estancia en Noruega —un año y cuatro meses— trabajó como enfermero a domicilio, y no en hospital o centro de salud. Aunque esto no impidió que apreciara grandes diferencias con respecto a España. «Tenía una lista de pacientes y los visitaba en sus casas. Aunque el turno era de 7-7,5 horas, de trabajo efectivo no hacías más de 3,5 o 4 horas. El resto del tiempo estabas en descansos, papeleos o conduciendo entre visitas. Era todo muy tranquilo, cero agobios», comenta.
Pero lo más destaca este enfermero canario son los beneficios laborales. «La empresa con la que fui —en mi caso, Dedicura— nos pagaba el alojamiento, el bono de transporte y tres viajes al año a España. Algunas incluso te pagan el gimnasio. Y si tienes formación extra, como un máster, lo reflejan en la nómina con un plus salarial».
Más de 1.000 enfermeros
Antonio no es un caso aislado. Cada vez son más los profesionales de enfermería que deciden «fugarse» del sistema sanitario español en busca de mejores condiciones laborales. Según datos recientes del Consejo General de Enfermería (CGE), más de 1.000 enfermeros han solicitado ejercer en el extranjero entre enero y junio de 2025, y la cifra podría batir récords. «A este ritmo, a finales de año superaremos el número histórico de enfermeras que se forman en España pero terminan trabajando fuera», advierte Diego Ayuso, secretario general del CGE. En 2023 y 2024 ya emigraron 1.473 y 1.350 profesionales respectivamente.
«Ganaba unos 3.200 euros al mes. Y sin tener que pagar casa ni transporte. En España no puedo ni pensar en independizarme con lo que cobro»
A nivel salarial, Antonio explica que la diferencia es abismal: «Ganaba unos 3.200 euros al mes. Y sin tener que pagar casa ni transporte. En España no puedo ni pensar en independizarme con lo que cobro». Aunque Antonio no trabajó en un hospital, sí tuvo compañeros que lo hicieron, y percibió diferencias significativas en la valoración del personal sanitario. «Allí no hay tantos auxiliares, el enfermero hace prácticamente todo, pero lleva solo tres pacientes por turno. Si necesita ayuda, se la piden entre ellos. Y los pacientes son muy respetuosos y agradecidos, mucho más que aquí».
Recuerda también un caso que le impactó especialmente: «Había un niño discapacitado que tenía asignadas cuatro enfermeras solo para él. Allí no escatiman. Si hace falta personal, lo contratan. Y eso marca la diferencia». En Noruega, la figura del enfermero está mucho más valorada. «Incluso me ofrecieron quedarme fijo en el sistema público, sin oposiciones ni procesos interminables como en España. Aquí eso es impensable. Todo está burocratizado al extremo», lamenta.
«Los sueldos, los contrato basura.. no compensa»
Antonio regresó recientemente por razones personales. Desde su vuelta, trabaja en urgencias y en una clínica de diálisis en Madrid, pero el contraste ha sido duro. «Siento más pereza que antes. Aquí sí que trabajas, trabajas sin parar. En Noruega vivía mucho más relajado y encima ganaba más. El sueldo, los contratos basura… no compensa«.
Incluso se plantea volver, aunque de forma temporal: «Mi idea es regresar por temporadas cortas. Con estas empresas puedes coger contratos de uno o dos meses y sacarte un extra«.
«Si se me presenta la oportunidad de volver, lo haré sin dudar»
Una de las condiciones indispensables para trabajar allí es hablar noruego: «Tienes que hablarlo sí o sí. Estás con personas mayores, y muchos no entienden inglés. Yo hice un curso intensivo de tres meses antes de irme, de lunes a viernes. Al principio cuesta, cada uno tiene su dialecto, pero si te esfuerzas, tiras. Hay que echarle cara, preguntar, repetir… y al final lo sacas».
Antonio cree que España tiene mucho que aprender del sistema noruego. No solo en condiciones laborales, sino también en estructura. «Allí, por ejemplo, aunque la sanidad es pública, tú pagas una pequeña cantidad por consulta, con un tope anual de unos 200 euros. Eso filtra muchos casos innecesarios. Aquí viene mucha gente a urgencias por tonterías. Ese sistema no es perfecto, pero ayuda», explica el profesional.
Y concluye con una certeza: «Si se me presenta la oportunidad de volver, lo haré sin dudar. Porque allí no solo trabajaba… allí también vivía”.