La DANA que ha asolado Valencia y que ha dejado 219 fallecidos, hasta la fecha y casi un centenar de desaparecidos, además de cuantiosos e incontables daños materiales, ha asolado también la salud mental de los afectados. Los expertos aseguran que lo básico es crear un espacio seguro donde puedan sacar fuera sus emociones y recuperar algunas rutinas básicas, tanto entre los supervivientes como entre los profesionales.
“Las personas afectadas por las consecuencias de la DANA, se encuentran ahora mismo en un proceso de estrés derivado del afrontamiento de un suceso potencialmente traumático”, explica la psicóloga Elena Herráez, del grupo de Urgencias, Emergencias y Catástrofes del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.
Por la propia intensidad del suceso y por su alargamiento en el tiempo puede suponer, trastornos como alteraciones del sueño, bloqueo, inestabilidad emocional, ansiedad. También van a aparecer miedos, pensamientos negativos, preocupaciones sobre el futuro e incluso una disociación con la realidad. “Todo esto unido al propio duelo que esté pasando cada una de las personas”, añade Herráez.
Al dolor de la pérdida de un ser querido o a la incertidumbre de estar esperando encontrar a algún familiar desaparecido hace ya más de una semana, se une el shock de los que han sobrevivido y lo han perdido todo a causa de la DANA. “Todo esto genera una sensación de alerta e hiperactivación que incrementa el malestar emocional”, señala Herráez.
“Todas estas sensaciones pueden considerarse normales al principio pero de mantenerse en el tiempo puede derivar en molestias físicas por somatización, posibles trastornos como el trastorno pro estrés postraumático, depresión e incluso puede incrementarse en algunos casos la ideación suicida”, indica la experta.
Cuidar a los profesionales
Por eso, en este punto, es importante destacar que tras el paso de la DANA por Valencia, los equipos de psicología de emergencias han enfrentado un doble desafío: brindar apoyo emocional a las víctimas y proteger la salud mental de los propios intervinientes. Juan Rodríguez Abellán, psicólogo clínico, especialista en emergencias y catástrofes y portavoz del Colegio Oficial de Psicología de la Comunidad Valenciana, explica para GM, desde la zona 0, las medidas implementadas para responder a esta emergencia y la importancia de cuidar tanto a los afectados como a los profesionales. “Hay que tomar unas medidas preventivas para que en la situación de cansancio de los profesionales no derive en un desajuste y en un impacto que no solo incapacite, sino que le genere efectos nocivos”.
El propio Colegi Oficial de la Psicología de la Comunitat Valenciana (COPCV), ha creado la Plataforma DANA en Acción Directa, integrada además por los Grupos de Intervención Psicología de Emergencias y Catástrofes (GIPEC), y Psicoemergencias y Psicólogos y Psicólogas Sin Fronteras (PsF), que están operando diariamente en la zona 0. “Realizamos diariamente descargas emocionales grupales con los profesionales, una herramienta preventiva clave para evitar el estrés postraumático”, señala Rodríguez. “Este método permite a los intervinientes ventilar emociones y recibir supervisión de expertos externos al escenario de la catástrofe, fomentando una recuperación más sostenible”, añade el experto.
Sin embargo, las jornadas intensas y la cercanía emocional de muchos voluntarios con las zonas afectadas complican el proceso. “Van a descansar en el mismo escenario, sin espacios de desconexión”, afirma el experto. “Es esencial establecer turnos rotatorios y momentos de respiro para evitar el agotamiento extremo”, señala Rodríguez.
También se ha observado que hay profesionales que están “demasiado vinculados a la zona donde están trabajando”, explica Rodríguez, lo que supone una sobreimplicación de estos profesionales, “que están en auténtico riesgo de sufrir los mismos síntomas de salud mental que están tratando: tristeza, rabia, alteración del sueño… la respuesta habitual a una situación de catástrofe”, añade Rodríguez.
Los diversos duelos de los supervivientes
En cuanto a los supervivientes de la DANA, y tal como explica Rodríguez, las víctimas de una catástrofe de esta magnitud enfrentan pérdidas múltiples y por tanto duelos diversos. “Algunos han perdido a seres queridos, y otros muchos han perdido sus casas, sus negocios, en definitiva, su forma de vida”, subraya Rodríguez.
“Lo que más les ayuda en estos momentos es tener un contexto de seguridad. Los profesionales, cuando vamos a ayudar a una persona, tenemos que proporcionar apoyo emocional y un contexto seguro que se cree un espacio de confianza donde puedan ventilar sus emociones”, señala Rodríguez. También hay que intentar que los supervivientes recuperen rutinas, aunque sean básicas. “Y es muy importante que se sientan arropados por el grupo”, añade Rodríguez. “Porque el duelo es personal pero también comunitario”, puntualiza.
En la misma línea, se ha expresado la experta Elena Herráez que hace hincapié en la importancia de la persona tenga apoyo de parte de su comunidad de referencia. “Hay personas que tienen una red más sólida, pero hay que intentar conectar a cada persona con personas de su entorno que las pueda ayudar para que tengan un apoyo sostenido en el tiempo para afrontar esta situación”, concluye Herráez.
De hecho, para el tratamiento de aquellos supervivientes que han perdido sus negocios, grandes o pequeños, se han habilitado líneas específicas de ayuda. “Muchos están tan enfocados en la recuperación económica que olvidan su salud emocional”, advierte Rodríguez.
Pero hay otros grupos aún más vulnerables, como por ejemplo los niños, que en muchos casos no han podido ser protegidos adecuadamente y han vivido la catástrofe muy de cerca. “Algunos lo han sufrido tan de cerca que no han podido tener un lugar seguro de protección donde resguardarse a nivel mental”, explica Rodríguez. Por eso es importante acompañarlos, escucharlos, contarles lo que ha pasado y si se puede intentar que recuperen algunas de las rutinas que tenían antes de la catástrofe.
Por otro lado, están los enfermos crónicos, que ven con incertidumbre y temor como en estos días no pueden seguir sus tratamientos con normalidad. “Un enfermo oncológico, tiene que enfrentarse a la destrucción interna que supone afrontar una cronicidad grave más el escenario y el entorno catastrófico que tienen alrededor y la falta de su tratamiento”, puntualiza Rodríguez.
Estos son los casos más habituales y los diferentes duelos que tienen que enfrentar cada día los profesionales desplazados a la zona de Valencia.
Los próximos días
Ocho días después de la devastación, el barro continúa en las calles, pero también sobre los corazones y las cabezas de los supervivientes, que tratan de barrer los restos de lo que fue su vida. Ahora tienen que afrontar un futuro sin muchas cosas y mucho dolor. “Ahora viene la etapa de declive, de bajada, de tristeza, donde aparecerán más cuadros de depresión, más cuadros de desajuste”, explica Rodríguez.
“Quizá ahí es donde empieza el verdadero trabajo de nosotros, los psicólogos”, señala el experto. “Porque tras la primera etapa de supervivencia básica, viene la etapa del cuidado emocional y esta es de mucho más lenta evolución”, puntualiza Rodríguez.
En este punto, el experto señala que los seres humanos somos vulnerables, “pero también tenemos una capacidad de respuesta y de recuperación sorprendente”, señala el experto. De hecho, el experto explica que afortunadamente un 70 % de los supervivientes no van a necesitar ninguna ayuda profesional. “Su propia capacidad interna y sus apoyos naturales, su familia, sus amigos, sus redes sociales, sus lugares de encuentro grupal van a ser suficientes para salir”, explica Rodríguez. “Quedará un recuerdo traumático, pero no un estrés postraumático”, añade. Eso se suele dar en un 30% de los casos de los cuales algunos tienen flashback de las peores situaciones que han visto o vivido o incluso pesadillas. “Son indicadores de que el trauma se resuelve a veces en días, a veces en semanas y a veces en meses o años, por eso nuestro trabajo duro empieza ahora”, concluye Rodríguez.
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