De las tres funciones principales que para la competencia debe de desarrollar el pediatra de Atención Primaria (asistencial, docente e investigadora), son las dos primeras las que adquieren una mayor relevancia en nuestro quehacer diario. La asistencia sanitaria ha de ser el primer objetivo hacia el cual deben encaminarse los recursos y la actividad de todo el personal sanitario. Y la actividad docente se reconoce como parte fundamental de nuestro trabajo, bien en forma de sesiones, de cursos, o por la presencia en la consulta de estudiantes y de médicos residentes. Sin embargo, la actividad investigadora tiene una menor relevancia, debido en gran parte a la fuerte presión asistencial, pero también a la creencia –alejada de la realidad– de que la investigación es propia de centros universitarios y hospitalarios, y que los centros de salud carecen de los medios necesarios para poder investigar.
Los pediatras generales disponemos de suficientes recursos –que son los mismos que los del sistema sanitario en su conjunto–, incluidos sofisticados sistemas de búsqueda bibliográfica, pasando por asesoramiento metodológico y estadístico especializado, hasta becas de convocatoria regular para la financiación de proyectos. Desde la SEPEAP se han señalado aquellas razones que frenan la actividad investigadora por parte del pediatra de Atención Primaria y se ha declarado la necesidad de combatir esas limitaciones. Debemos ser conscientes de la dificultad y esfuerzo personal que supone el dedicar el escaso tiempo del que disponemos a tareas de investigación. Pero a las personas con inquietudes en este campo se les debiera facilitar el llevar a la práctica la hipótesis de investigación que pueda plantearle su trabajo diario y reconocer en la evaluación de sus méritos las aportaciones realizadas en este campo y su competencia. Tendremos que ponernos de acuerdo y situar definitivamente las actividades de investigación como componente principal del perfil del futuro pediatra, realizando periódicamente su cuantificación y con la implantación de su reconocimiento. Desgraciadamente, la mayoría seguirán optando por la imitación del conocimiento, asumiendo su papel de receptores pasivos, a pesar de disponer de casos y experiencia clínica para plantearse preguntas y responderlas, contribuyendo a mejorar el valor de nuestras intervenciones. Frente a los nuevos retos de nuestra profesión, la herramienta indispensable, la que impulsa el avance en todas las áreas, la que genera conocimiento y plantea intervenciones efectivas, la que madura y consolida nuestro espíritu crítico, es la investigación.
No puede haber medicina
ni pediatría competente
si los profesionales no tienen cultura investigadora